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Brinda Mair

Allah, el Nombre que abarca todo lo que Es

Allah, el Nombre que abarca todo lo que EsSi se intenta comprender la inmensidad de la realidad, inevitablemente se llega a la palabra que sostiene el universo: Allah, el Nombre que abarca todo lo que Es, no es solo un nombre, sino el punto de convergencia de todos los atributos divinos. Hablar de Allah es reconocer la unicidad absoluta, la fuente donde todo comienza y el destino hacia el cual todo, consciente o inconscientemente, regresa. Para quien busca el conocimiento, este nombre es el ancla que impide que la mente se pierda en la multiplicidad de las formas.

La existencia humana, a menudo dispersa entre deseos, temores y distracciones, encuentra en la invocación de este nombre su centro de gravedad. Cuando el ser humano pronuncia “Allah”, está reconociendo que no hay realidad fuera de Él. Es un recordatorio constante de que la soberanía de la vida no reside en el ego ni en las circunstancias externas, sino en la Voluntad que todo lo sostiene. El individuo que internaliza esta presencia comienza a ver el mundo no como un caos de eventos azarosos, sino como un despliegue armonioso de un propósito único.

Sin embargo, el riesgo de esta reflexión es convertir el nombre en una abstracción intelectual. La verdadera comprensión del Nombre Supremo no ocurre en el pensamiento, sino en la rendición del corazón. El peligro acecha cuando el hombre cree que puede “contener” o «definir» a Allah a través de conceptos limitados. Esa pretensión es, en sí misma, una forma de velo. La humildad verdadera consiste en reconocer que, aunque Allah se manifiesta en todo lo creado, Su esencia permanece más allá de cualquier descripción humana. El creyente debe, por tanto, caminar con la reverencia de quien sabe que está ante la presencia de lo Infinito en cada instante.

Aquel que hace de Allah el centro de su vida comienza a experimentar una transformación en su mirada. Los problemas cotidianos pierden su poder corrosivo cuando son contrastados con la inmensidad del Creador. La angustia se disuelve al recordar que quien sostiene las estrellas también sostiene el aliento de cada ser. Es un ejercicio de confianza radical: soltar la ilusión de control para descansar en la certeza de que todo lo que sucede está bajo el cuidado de Aquel que es el principio y el fin de toda realidad.

La soberbia humana se desmorona ante la mención de este nombre, pues no hay espacio para el “yo” cuando se contempla al “Único”. Quien vive sumergido en este recuerdo se vuelve, inevitablemente, más paciente, más firme ante la adversidad y más compasivo con sus semejantes, pues reconoce en cada uno la huella de la misma Fuente.

Práctica espiritual: El centro de la conciencia

La repetición del Nombre Supremo es el ejercicio más elevado para el corazón. No se trata de una palabra vacía, sino de una vibración que busca sintonizar el alma con la realidad fundamental.

  • Jaculatoria:
    «Allah, Tú eres el Único; alinea mi corazón con Tu presencia.»

  • Propósito: Utiliza el tasbish para realizar cien repeticiones. La clave de esta práctica es la pausa entre cada mención. Al decir “Allah”, intenta detenerte un instante en el silencio que sigue, permitiendo que esa vibración descienda desde la mente hasta el centro del pecho. El objetivo es que, al finalizar las cien cuentas, la mente ya no esté dispersa en el mundo. La mente se enraiza en el silencio donde habita el recuerdo del Creador.

Que el Espíritu nos guíe Siempre
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Islamismo, Nombres de Dios Sagrado Corán · Etiquetas: rosario cristiano, tasbish

Psicotrónica: Técnica del vaso de agua ¡Pide ayuda a tu subconsciente!

Psicotrónica: Técnica del vaso de agua ¡Pide ayuda a tu subconsciente!Psicotrónica: Técnica del vaso de agua, sirve para obtener la información necesaria de nuestro subconsciente cuando nuestro cuerpo mental es dominante de nuestros cuerpos inferiores. Esto nos permitirá resolver problemas de los cuales no conocemos la solución precisa.

El proceso aprovecha el estado de vigilia en el cual nuestro cuerpo mental dominante baja sus barreras de defensa y de autojuzgamiento que bloquea la percepción instintiva y subconsciente en estado lúcido.

Antes de ir a dormir, prepara un vaso de agua (mediano, lleno) con unas gotas de limón (se forma una solución electrolítica).

Realiza un ejercicio de relajación y aquietamiento para tu mente. Toma una posición cómoda, bien relajada y comienza. Como ejemplo te doy esta técnica de aquietamiento:

«Cierro los ojos y voy a imaginarme que una luz blanco-plateada se agranda y expande en mi corazón, a medida que ingresa y egresa el aire por mi nariz, lentamente. Hasta formarme un aura de luz blanco-plateada tan grande como quiera. Cuando todo es luz por dentro y por fuera, voy a pensar al inspirar:

«Yo soy luz» y al exhalar voy a afirmar (susurrando y dejando escapar el aire) «Yo soy luz». Esto lo voy a repetir siete veces. Luego voy a pensar al inspirar: «Yo soy paz» y al exhalar voy a afirmar (susurrando y dejando escapar el aire) «Yo soy paz». Esto lo voy a repetir también siete veces.

Una vez concluido este ejercicio de relajación, comienza con la técnica.

Antes de acostarte, toma un vaso de agua con ambas manos sin que los dedos se toquen entre sí. Coloca los ojos cerrados como si miraran hacia arriba. Esto provocara un estado psíquico especial (sin forzarte, si no puedes solo concéntrate en la luz del corazón). Llama a tu ángel o a tu Yo Superior como sueles hacerlo. Si lo deseas, puedes decir:

«Desde mi Presencia Yo Soy y mi Santo Cristo Interior pido a Dios Padre/Madre que me indique durante el sueño que hacer para solucionar «X» problema o que me indique que puedo hacer en tal circunstancia (no dar mucha explicación, muy breve y simple) y que si al despertar no recuerdo, que actúe como si supiera. Doy gracias porque ya está hecho».

Debes tomar la mitad del vaso de agua y dejarlo en la mesa de luz. Al despertar, tomarás nuevamente el vaso de agua con las dos manos con los dedos separados, y beberás el resto del agua y te dices interiormente: «Agradezco a mis ángeles y a mis guías su ayuda. Sé que esto es lo único hacer para hallar la solución al problema que tengo. Doy gracias porque ya está hecho».

Ten la certeza que tendrás la respuesta en este día. Puede que la respuesta la tengas durante el sueño. Si asi fue, agradece por la Gracia obtenida. Pero si no recuerdas el sueño -que era siempre mi caso-, la puerta que dejaste abierta al decir «y que si al despertar no recuerdo, que actúe como si supiera», te impulsará a actuar con la decisión del impulso interno, guiado por todo lo superior en ti.

La Psicotrónica: Técnica del vaso de agua sólo se puede hacer una pregunta a la vez por noche, si es tu deseo. Llegará un momento en que tendrás respuesta sin hacer la técnica, con solo pensar en lo que quieres saber porque abras abierto la puerta y te resultará más fácil comunicarte con tu subconsciente en estado lúcido.

Con Amor Incondicional y en Servicio.
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Medicinas para el Alma · Etiquetas: estado de vigilia, mente consciente, percepción interna, subconsciente

La levadura de Dios y el misterio del «pan nuestro de cada día»

El pan nuestro de cada díaLa levadura de Dios y el misterio del «pan nuestro de cada día» encierran un profundo significado espiritual. Ambos hablan del proceso interior del ser humano.

Cada uno de nosotros es un fruto exquisito del Árbol de la Vida, en el Edén del Padre. Sin embargo, las experiencias de la vida pueden hacer que ese fruto se pudra o se vuelva ácido.

A veces, entregamos nuestros dones con las manos llenas. Pero quien los recibe puede rechazarlos y arrojarlos contra nosotros. Esa experiencia nos duele. Nos hace sentir indignos y poco merecedores de que alguien vuelva a querernos.

El desafío de nuestra vida consiste en recuperar esos dones. Debemos trabajarlos y amasarlos como pan. Entonces podremos ofrecer al mundo el «pan nuestro de cada día», en el Oficio de Cristo.

La levadura de Dios

La levadura del mundo es el Amor de Dios.

La Ley de Correspondencia dice: «Como es arriba, es abajo, y como es abajo, es arriba».

Jesús nos habló para que repitiéramos el rito de la Última Cena en su recuerdo. El rito del pan en 3D nos dejó sin comprender su sentido en los multiniveles de conciencia planetaria.

Nos quedamos con la explicación recibida de la Iglesia: que Él compartió su Cuerpo con nosotros. Sí, pero hay mucho más. El misterio del pan.

Vivir en Oficio de Cristo significa convertirse en pan para ser comido en el mundo. Para fabricar pan se necesita un poco de azúcar y un poco de sal, en la justa medida, además de agua y harina. Azúcar y sal son necesarios para que la levadura crezca. El artesano panadero debe tener oficio para que ambos ingredientes no maten a la levadura.

El alma sabe que debe guiar al ser inferior para reunir todos sus componentes. Ese es su trabajo a lo largo de cuarenta años. Durante ese tiempo, su contenedor en el mundo físico va madurando. El cuerpo, que se expresa a través de la personalidad, se convierte en un buen artesano panadero.

Entonces puede ofrecer al mundo los dones que el Padre le confió al venir a este plano.

Veamos los ingredientes para esta sagrada tarea:

  • La harina corresponde a nuestros egos físico, emocional, mental y espiritual en equilibrio.
  • El agua ya está en todo nuestro cuerpo físico.
  • La sal es el karma necesario para que la vida tenga gusto.
  • El azúcar es el amor de la Tierra y lo tienen nuestros niños en la fruta de nuestros dones del Árbol de la Vida.

¿Y la levadura? Nuestro ser inferior se pregunta: ¿de dónde la sacaremos si Dios nunca estuvo en nosotros?

La levadura de Dios no es algo externo, sino algo que ya traemos desde el origen. Solo debemos recordar y ver el mundo con Ojos de Dios.

Todo fue antes de que el mundo fuera. La sabiduría popular lo registra: «Cada niño nace con un pan bajo el brazo». La trajimos al nacer.

Puede haber sucedido que la unión de nuestros padres estuviera marcada por mucho karma. Entonces, poco después de nacer a esta realidad, el exceso de sal pudo haber matado nuestra levadura.

Cuando la levadura de Dios no crece, el camino se convierte en un verdadero peregrinaje de sangre, sudor y lágrimas para recuperar el equilibrio. Entonces, los cuarenta años se convierten en un verdadero peregrinaje de sangre, sudor y lágrimas. Durante ese tiempo, debemos quitar el exceso de sal y equilibrarlo con el azúcar.
La persona en 3D confunde la energía de 4D. A cambio de un poco de azúcar, acepta toneladas de sal. De ese modo, nunca logra equilibrar sus cuentas con el Padre.

La búsqueda en la salida del laberinto debe darse en el encuentro del equilibrio de la pareja interna.

En este momento planetario, el exceso de la energía 4D que busca la ascensión en este lado del tiempo es atraído por cada ser humano y, por añadidura, por cada relación de pareja, por cada familia y grupo de almas, para cerrar las cuentas pendientes en este y en el otro lado del tiempo.

Si cada ser humano alcanzara el equilibrio interior, viviríamos en el paraíso. Pero habitamos en un universo kármico.

En él, la diferencia de concentración de la energía 4D pendiente entre unos y otros pone la energía en movimiento. Ocurre como en una reacción química. Las sustancias tienden a equilibrarse y a buscar su propio nivel.

La búsqueda del amor en el mundo

¿Qué nos atrae del otro? Pues el azúcar. ¿Qué es el azúcar? El azúcar es el amor de la Tierra que toma distintas máscaras, tales como el deseo de posesión, el deseo sexual, el amor condicional o el interés.

En tal sentido, funcionamos como insectos atraídos por un dulce.

Cada uno de nosotros es un fruto exquisito del Árbol de la Vida, en el Edén del Padre. Sin embargo, nuestros aprendizajes pueden haber hecho que ese fruto se pudriera o se volviera ácido.

Tal vez lo ofrecimos con las manos llenas. Pero quien lo recibió terminó escupiéndolo en nuestra cara. Eso nos hizo sentir muy mal. Nos sentimos poco valiosos e indignos de que alguien pudiera querernos alguna vez.

O quizá nunca creímos que pudiéramos resultar apetecibles para nadie. Alguien nos lo dio a entender, y nosotros lo aceptamos.

Entonces, de manera inconsciente, seguimos actuando como niños. Intentamos que nuestra fruta sea deseada por otros. Porque, a través de ese reflejo, abrigamos la esperanza de aceptarnos algún día.

En la 3D todo parece válido. Se busca fuera aquello que no se posee dentro. La persona crea objetivos y nichos referenciales. Les asigna plazos concretos para alcanzarlos.

Con el tiempo, esos objetivos se convierten en las metas de su vida. Entonces, algunos creen que su fruto será valorado si se casan con determinada persona. Otros lo buscan en un título académico, en una cirugía, en un determinado físico, en un automóvil, en un departamento o en una posición social.

Las posibilidades parecen infinitas. La publicidad de una sociedad muestra con claridad ese abanico de aspiraciones. Esos son los nichos referenciales artificiales que crea la sociedad de consumo.

El origen de los condicionamientos energéticos

Pero existen condicionamientos mucho más fuertes y menos evidentes. Son aquellos que nuestro niño interior captó en los primeros años de vida, e incluso durante la gestación. Esas experiencias dejan una impronta profunda. Marcan nuestro nacimiento y condicionan kármicamente la atracción hacia determinadas sustancias o energías.

Con frecuencia, se trata de vibraciones que la madre transmitió a través de la placenta. Más tarde, el niño busca en el mundo físico un azúcar semejante. Lo hace a través del contacto con el otro. Así intenta recrear la misma energía del útero materno, bajo la ilusión del amor de la Tierra.

Quienes no fueron aceptados y cuyas madres intentaron abortarlos sin éxito enfrentan una dificultad mayor. Kármicamente, les resulta más difícil reconstruir esa ilusión. Carecen del contexto energético necesario para hacerlo.

Grande es la tarea del amor de la Tierra. La ilusión de la 3D intenta reproducirla. Su propósito es hacer que cada ser humano se sienta protegido, como en el útero materno.

En realidad, esa ilusión deberíamos tenerla cada uno en sí mismo y, entonces, se convertiría en realidad en el espejo del otro. Pero, en el mundo al revés, buscamos afuera lo que no tenemos dentro.

El enamoramiento, la atracción entre azúcares complementarios, realiza la ilusión. Es como la magia del amor menor: el encantamiento, el endulzamiento.

Con el tiempo ocurrirá que el contacto físico entre ambos provocará que la reacción química inicial continúe con la reacción química entre las sales de uno y de otro. Estas comienzan a fluir buscando el equilibrio.

La sal es el karma, el aprendizaje pendiente.

Hay dos formas en que la sal se cristaliza energéticamente, y dependen de la aceptación de la energía.

La ilusión del capullo-matriz

Cristalización inmediata: si hay exceso de sal y el anhelo por lo dulce, nacido de la desvalorización, no es patológico, la sal reemplazará el efecto dulce. Entonces, la relación se disolverá al poco tiempo.

Cristalización retardada con efectos en 3D: si el deseo del azúcar que el otro aporta a la relación es muy grande, la persona tolerará el exceso de sal. Aceptará esa sal en su cuerpo en 3D. Y, con el tiempo, enfermará.

La química del karma produce un efecto particular. Al final de la jornada, las sales buscan equilibrarse. Tienden a alcanzar un punto neutro para la Ascensión. Entonces, quien tenía menos sal queda “más salado”. Y quien tenía más sal alivia su tensión porque “pierde sal”. Si quien quedó “salado” no estaba preparado para recibir ese exceso, debe retirarlo rápidamente. De lo contrario, la sal precipitará en su cuerpo físico. Y terminará enfermándolo.

Los mecanismos para evacuar el exceso de sal dependen de los chakras afectados en el intercambio salino. Las lágrimas son una forma de liberación. La sudoración también. Incluso el sexo inmediato después de una discusión puede actuar como una vía de descarga. Todos estos mecanismos ayudan a quemar karma y a eliminar el exceso de sal.

Por eso hay personas a las que las peleas las excitan y hasta las generan: es un mecanismo 4D/3D de quemar lo que no toleran en su campo energético, utilizando a su pareja.

Si el exceso de esta energía 4D ingresa en el cuerpo “del que quedó salado”, lo enfermará en el órgano físico que kármicamente haya aceptado la sal.

La piel, si se afectó el cuerpo etérico; el estómago, si se afectó el cuerpo emocional, etc.

El síndrome de fatiga crónica tiene su origen en esta aceptación pasiva de la energía de forma kármica.

Si continúa avanzando, traerá como consecuencia depósitos de la energía de formas-pensamiento en los órganos internos que kármicamente se afecten, por miedo a que quien le envió el exceso de sal —y que el sujeto aceptó— le deje de dar su azúcar, su amor condicional, que necesita para hacer crecer su levadura.

Cristalización retardada con efectos en 4D: se genera un muro con forma de útero o cueva de sal en 4D.

La persona, en la búsqueda del amor de la Tierra, activa inconscientemente una energía viuda negra. Le pide energéticamente a la energía símil-madre que le dé su azúcar y lo cobije en su útero protector, hombre o mujer, como si fuera la madre.

Si la situación se acepta energéticamente, continuarán juntos hasta que uno de los dos avance al próximo estado de conciencia.

Este es el caso de los hombres que tienen a sus mujeres de hijas y de las mujeres que no están casadas con un hombre, sino que lo han convertido en su hijo. En casos extremos, aparece la relación dominador-dominado, víctima-victimario.

El deseo sexual desaparece porque viven el vínculo como madre-hijo o padre-hija.

¿Cómo actúa en este caso la energía?

Es el estereotipo de la energía viuda negra. El azúcar de la viuda negra mantiene a la energía-hijo dentro de su capullo-matriz. Allí permanece feliz, porque recibe aquello que necesita.

El exceso de sal entre ambos no ingresa en la energía-hijo ni la enferma. Por el contrario, actúa como un refuerzo.

Forma un muro con apariencia de útero energético. Ese muro se convierte en un capullo-matriz. Así, la ilusión prolonga el parto más allá de toda lógica.

Una mirada desde el mito

¿Recuerdas a Ulises? La Odisea de Homero narra su largo viaje de regreso a Ítaca. En una de sus travesías, naufragó en la isla de Circe, la Maga.
Circe creó sobre Ulises un capullo-matriz. Le indujo la ilusión del placer. Lo retuvo en su isla, más allá del tiempo lineal. Creó para él un tiempo artificial.
Así, Ulises dejó de recordar que debía seguir navegando por el mar del mundo en busca de su propia isla.

¿Fue perversa Circe? No. Deseaba amor para no permanecer sola en su isla, condenada por los dioses al ostracismo.
¿Fue inconsciente Ulises? Tampoco.
En cierto modo, no se atrevía a volver a surcar aquellos mares llenos de peligros, bajo la condena de Poseidón.
Esta energía es castradora. Mantiene al ser dentro de la ilusión de lo dulce y del amor. No le permite crecer.
Como un bebé prematuro, el feto permanece siempre pequeño.

Pero, así como cuenta la leyenda, Ulises despertó un día con ayuda de los dioses. Entonces huyó de la isla.
Lo mismo ocurre con quienes despiertan de la ilusión de su jaula de oro.
Cuando la persona toma conciencia de su encierro, siente que despierta de un estado de catalepsia dentro de un ataúd. Con frecuencia, el cuerpo expresa ese proceso. Pueden aparecer asfixia, alergias respiratorias, asma y distintos tipos de ahogo.

La desesperación impulsa a la persona a romper el capullo-matriz de sal. Quienes la rodean no comprenden lo que le sucede: “Si todo es tan perfecto, ¿qué te pasa?”.
La culpa puede llevarla a la depresión. No entiende por qué no es feliz, cuando en apariencia debería serlo. “Te da todo, ¿qué más quieres?”.
Pues, respirar.

Si encuentra la fuerza para romper el capullo-matriz, la relación llegará a su fin. Solo podrá continuar si la otra parte acepta el nuevo estado de conciencia.

El nuevo ser, nacido de esa experiencia, huye en busca de distancia. Necesita alejarse de su carcelero, de esa madre-padre energético que lo mantiene en la ilusión. Pero no sabe con claridad quién es.

Tampoco cuenta, como Ulises, con la certeza de la ayuda de los dioses. Por eso regresa una y otra vez.

Con cada regreso, el capullo-matriz comienza a formarse de nuevo. Llega un momento en que ya no tiene fuerzas para romperlo otra vez. Entonces se resigna. Acepta la ilusión de que “todo está bien”. Y permanece allí hasta su muerte.

Mientras tanto, la sal de esas paredes empieza a filtrarse en sus huesos.

La esperanza de la levadura nueva

Hay una esperanza.

Puede suceder que, por Gracia, el néctar de los dioses llegue hasta su pozo de Elías. Entonces despertará en él el gusto por el néctar divino. Comenzará a desearlo en este mundo más que al azúcar.

Cuando eso ocurra, la ilusión de su encierro se disolverá. Podrá amar incondicionalmente a su carcelero en la ilusión. Y, al hacerlo, también lo liberará.

Así somos todos los seres humanos. Aceptamos condicionamientos energéticos porque vivimos desconectados de Dios.

Buscamos el amor en planos inferiores. Ese amor no es más que un débil reflejo del Amor de Dios.

Pero hay una salida, incluso en medio de tantos errores kármicos.

El Maestro Jesús lo expresó con claridad:
“Hombres de poca fe, si tuvieran una fe del tamaño de un grano de mostaza, podrían decir a esa higuera que se arroje al mar. Y, si no dudaran en su corazón, así ocurriría.”

Siempre tenemos la oportunidad de traer más levadura al mundo. Un niño, un hijo del alma, representa la posibilidad de recibir nueva levadura del Padre.

Cuando todo en este mundo parece anunciar muerte, un nuevo nacimiento trae esperanza de vida.

El nuevo nacimiento de nuestro niño interior trae nuevamente la levadura del Padre. Llega con la posibilidad de hacer un buen pan y multiplicar los dones.

Cuando no logramos hacerlo por nosotros mismos, traemos hijos al mundo. Ellos llegan con la levadura bajo el brazo. Por amor de la Tierra, entregan esa levadura de manera incondicional. Al hacerlo, comparten con nosotros nuestro karma.

Y conservan una esperanza secreta, regalo de los dioses.
Esa esperanza es que, algún día, cumplamos el desafío de nuestra vida en este plano.
Recupera tus dones y trabájalos amasándolos como pan. Da de comer tu «pan nuestro de cada día» al mundo, en Oficio de Cristo.

Que el Espíritu nos guíe Siempre.
Con Amor Incondicional,
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Sexualidad Sagrada · Etiquetas: amor de la Tierra, Árbol de la Vida, karma, niño interior, Oficio de Cristo

Qué es la Ascensión

Qué es la ascensión, cuerpo de luz, Activación del cuerpo de luzDescubre qué es la ascensión y cómo el cuerpo de luz eleva tu frecuencia: etapas, quinta dimensión y señales internas del proceso auténtica.

El planeta y todos los seres que en él viven están en proceso de ascensión. Este proceso comenzó hace miles de años y se ha acelerado mucho en los últimos tiempos.

¿Qué es la ascensión y cómo actúa el cuerpo de luz?

Si te preguntas qué es la ascensión, es básicamente un cambio de frecuencia y un cambio de foco de la conciencia (*1). La energía está presente en todas las cosas y se combina de maneras indescriptiblemente complejas para formar todo lo que conocemos y lo que no conocemos, incluso a nosotros mismos.

Nuestro cuerpo físico, las emociones, los pensamientos y el espíritu están hechos de energía. Todo se combina de una manera tal que nos convierte en un ser único en todo el universo. La energía que somos tiene una frecuencia. Podemos cambiar esa frecuencia mediante el trabajo interior y con el desarrollo del cuerpo de luz.

Eso es la Ascensión: a medida que elevamos la frecuencia más baja de nuestro cuerpo físico, este se vuelve menos denso e incorpora gradualmente energía de frecuencias más elevadas. Al hacerlo, verás y pensarás cosas que antes no te eran posibles. Literalmente, te convertirás en un ser de la quinta dimensión, operarás en la quinta dimensión y trabajarás con seres de esa misma frecuencia. Las frecuencias más bajas —las del miedo y de la limitación— se derrumbarán y vivirás en un estado que llamarías de éxtasis, en unicidad con tu espíritu y con el espíritu de los demás. Eso es la Ascensión.

Nuestro planeta y todas las especies de vida que habitan en él están en proceso de ascensión. Ascender significa que las formas de vida de primera y segunda dimensión pasarán a formas de vida de tercera dimensión. Los seres humanos, como formas de vida tridimensionales, nos graduaremos ya sea hacia el mundo de la cuarta dimensión o hacia el estado de unidad de la quinta dimensión. Esto dependerá de nuestro nivel de evolución y de nuestra intención. La Ascensión está ocurriendo ahora, paso a paso, y continuará de una u otra forma, porque esa es la voluntad de todos.

Normalmente, los planetas y las especies de vida encarnadas ascienden a través de desastres cataclísmicos que anuncian un ciclo de muerte-resurrección. En este ciclo —como lo demostró Cristo— los desastres crean muerte planetaria. En la Mente Universal esto se sabe y se entiende, pues así suele ocurrir la Ascensión. De ahí que desde tiempos remotos existan profecías de terribles catástrofes al final de los tiempos. El ciclo de resurrección es la Ascensión, donde la vida comienza de nuevo en un nivel de conciencia más alto. La Ascensión no es reencarnación —la reencarnación conlleva el concepto de karma—: para que haya Ascensión, todo el karma debe haber sido limpiado.

La Ascensión no significa existir solo como espíritu en mundos celestiales: la Ascensión también es física. El proceso cambia el cuerpo físico al unificar cuerpo y espíritu en un solo ser: un ser perfecto de luz en un cuerpo físico de luz. Esta progresión comenzó hace miles de años, con el éxodo de los israelitas desde Egipto: la historia de Moisés llevando a su pueblo fuera de la esclavitud es una metáfora de la progresión de la Ascensión. La encarnación de Jesús fue un punto de inflexión: el avatar Jesús fue capaz de tomar los «pecados» —o karma— de la humanidad y transmutar esa energía en Luz. Esta redención hizo posible un proceso de ascensión suave.

Las doce etapas del cuerpo de luz

Esta ascensión involucra una serie de pasos hasta hacer posible un Ser de Luz. La redención de Cristo fue el primer paso en la progresión del cuerpo de luz; este primer paso demoró cerca de dos mil años en completarse. El Cuerpo de Luz fue introducido como experimento en 1988, siete meses después de la Convergencia Armónica. Es un experimento, pues nunca antes una ascensión había sido intentada de esta forma. Este método —que implica un aumento gradual de la Luz en los cuerpos físicos de todas las formas de vida y del planeta, y un ascenso vibratorio— nunca había sido intentado en ningún universo en Ascensión.

La Mente Universal tiene teorías sobre cómo resultará este proceso; sin embargo, algunos resultados han diferido de lo anticipado y se han realizado revisiones. Aquí conviene incluir información sobre la evolución de nuestro Cuerpo de Luz. Primero, a nivel personal: cómo el Cuerpo de Luz nos afecta física, emocional y mentalmente. Más tarde veremos cómo afecta a las estructuras de la sociedad.

El cuerpo de luz y la unión con el Ser Superior

Según Metatrón (*2), el aspecto más importante y emocionante del Cuerpo de Luz es que este proceso de Ascensión transforma nuestra envoltura física en un vehículo apto para unirse completamente con nuestro Ser Superior. Esta unión se crea por una serie de descensos del espíritu, programados de acuerdo con la cantidad de luz que somos capaces de sostener en nuestras células: a mayor cantidad de luz en el cuerpo físico, menor densidad corporal.

Hacia el final de la conformación del Cuerpo de Luz —antes de la Ascensión— nos uniremos completamente con el Ser Superior. A medida que el espíritu desciende, las áreas del alma y del espíritu se integran al físico, y cada capa cuenta con un mecanismo para atraer las experiencias humanas que aún nos ayudan a progresar (*3). Esto trae, además, una conexión por niveles con maestros y dones espirituales que siempre el Padre/Madre quiso darnos y que no podían manifestarse porque negábamos su acceso.

Cada nivel más alto del Cuerpo de Luz ahonda más en los temas humanos que la capa anterior. Es para ayudarnos a limpiarnos mental, emocional, física y espiritualmente. A medida que los problemas aparecen, podemos elegir permitir que la redención de Cristo los transmute (*4), o limpiarlos usando tecnologías de luz disponibles desde hace décadas (trabajo corporal, renacimiento, bioenergía, etc.). Metatrón señala que existe un espacio vacío al final de cada nivel del Cuerpo de Luz —la «muerte del ego»— que puede sentirse como depresión o vacío. Ese espacio debe usarse como parada de descanso antes de continuar. Es una cámara de integración donde reconstruirnos sobre nuevas bases, como la oruga que en crisálida deviene mariposa.

Las primeras seis capas del Cuerpo de Luz fueron estructuradas para un cambio gradual en todos los niveles, con despertares espirituales regulares acompañando los cambios físicos, mentales y emocionales. Del séptimo al décimo nivel, el proceso cambia y se focaliza en un área concreta.

Los síntomas del despertar espiritual

En el séptimo nivel, la mayoría experimenta el primer descenso del espíritu y un despertar espiritual notable. Puede manifestarse clarividencia, clariaudiencia o conciencia cinestésica de la energía. Hablo de este nivel en pasado porque actualmente el planeta está transitando el noveno nivel. Estar por debajo de la frecuencia planetaria —por debajo del octavo nivel— resulta doloroso.

Si estuviésemos en niveles inferiores, quizá ni nos interesaría leer contenidos espirituales. El octavo nivel del Cuerpo de Luz produce cambios intensos en el cuerpo. Son comunes síntomas tipo viral: resfriados recurrentes; cefaleas detrás de los ojos —al conectarse los canales de luz del nervio óptico y activarse la glándula pineal—; dolor de oídos —al reconfigurarse estructuras para decodificar transmisiones de luz—; o exceso de sudoración y diarrea a medida que las células pierden densidad.

Una razón para estos cambios es que añadimos una tercera banda a nuestro ADN. Para algunos, el cuerpo ofrece resistencia a la pérdida de densidad durante el descenso del espíritu; uno de sus síntomas es el aumento de peso. El cuerpo busca «contener» la masa espiritual. El ejercicio físico es la única forma de detener ese aumento una vez iniciado, y ha de ser intenso (pesas, ciclismo, trote, natación) para formar músculo. La masa muscular protege el sistema nervioso: las energías de cada descenso son más fuertes de lo habitual. El tejido adiposo no protege como el músculo: «fríe» estas energías al llegar, daña receptores de insulina y desequilibra el metabolismo, produciendo más peso. El músculo toma la energía sobrante del sistema nervioso y «convence» al cuerpo de que es lo bastante grande para contener el espíritu.

También puede aparecer en la pantalla interior un desfile de colores, ecuaciones geométricas o un zumbido. Es el inicio de la traducción que permitirá convertir códigos de luz en comprensión cognitiva (*5).

La Red de Conciencia Crística y los códigos de luz

La Red de Conciencia Crística alrededor del planeta transmite constantemente mensajes a las formas de vida encarnadas en un lenguaje de códigos lumínicos. Esta información debe decodificarse y convertirse en pensamiento consciente para poder entenderla y usarla. Estos mensajes están diseñados para darnos instrucción y explicar lo que ocurre energéticamente en frecuencias dimensionales más altas.

Si eres sensitivo, quizá escuches un zumbido. Comunícaselo a tus guías: intentan ayudarte a recibir las transmisiones de códigos de luz, pero no pueden verificar si ya las recibiste a menos que se lo digas. Procurarán ayudarte subiendo el volumen y la frecuencia del código de luz audible hasta ver tu respuesta. El zumbido puede resultar muy molesto —incluso físicamente—: pide a tus guías que bajen el volumen y calibren la energía para que no irrite ni debilite. Los cambios del octavo nivel pueden tardar hasta dos años en un humano; al planeta le llevó tres.

El noveno nivel trata de integrar en la vida física los cambios espirituales del séptimo y los cambios corporales del octavo. En el noveno, el foco son las relaciones: a través de ellas probamos los cambios internos. Cualquier vínculo basado en control o manipulación se vuelve intolerable, y muchos terminan durante esta fase. También puede cambiar el trabajo en el mundo a medida que integramos la nueva identidad.

El vacío del noveno nivel puede ser doloroso: tras tanto énfasis en relaciones, se nos pide estar solos con el Ser Interior, la relación más importante. El noveno termina —y a veces comienza— con descensos masivos, llevándonos a otra relación, repitiendo el proceso hasta que «aprobemos el examen» y nos liberemos.

Al comienzo del décimo nivel, la vida se siente nueva: como nacer de nuevo. El décimo inaugura un despertar espiritual que nos conduce a la maestría de habilidades propias de maestros y adeptos. Estos dones del espíritu se fortalecen a medida que despejamos energía. En el décimo nivel, nos enfocamos en manifestar los dones y luego integrarlos en la vida diaria. El don mayor suele manifestarse primero; los demás llegan gradualmente. Si eres clarividente, por ejemplo, deberás decidir de acuerdo con lo que percibes, no solo con la vista física. La clarividencia «domina» literalmente la visión en el décimo nivel; hasta aprender a procesarla, tropezaremos. El despeje consiste en liberar la energía bloqueada en cuerpos emocional y mental, reubicándola en el espiritual, desde donde se crean los milagros.

La diferencia entre un avatar y un hombre ordinario radica en la ubicación de la energía dentro de los cuerpos sutiles. El hombre ordinario tiene la energía atrapada en emociones y memorias (cuerpo emocional) y en creencias y pensamientos (cuerpo mental), dejando «plano» el cuerpo espiritual. Un avatar tiene cuerpos emocional y mental despejados: su energía se guarda en el cuerpo espiritual y fluye hacia emoción o pensamiento cuando hace falta y retorna tras el estímulo. Así queda libre la energía espiritual para usarse según la voluntad, sin ser consumida por pensamientos, creencias, emociones y memorias. Esta es la estructura energética que debemos crear durante los niveles décimo y undécimo del Cuerpo de Luz. Permitirá hacer «milagros» tales como manifestar el pensamiento en realidad física.

El undécimo nivel es progresión natural del décimo, a menudo tan fluida que casi pasa inadvertida. Las habilidades espirituales siguen creciendo y el cuerpo físico empieza a cambiar de aspecto: se hace luminoso, «hermoso». Tal vez te digan que te ves más joven o «distinto». El undécimo trae capas más profundas de procesamiento emocional. Debemos enfrentar creencias y patrones sobre la muerte y la pérdida. Puede que creemos desilusiones o manifestemos miedos ocultos para poder limpiarlos. Cualquier energía aún almacenada, emocional o mental, tras el décimo debe liberarse a la espiritual en el undécimo. Si no resolvemos en el décimo, lo manifestaremos en el undécimo. No hay que temer más que al miedo.

El duodécimo nivel del Cuerpo de Luz es la Ascensión. Está marcado por el movimiento del Merkabah al centro del corazón. La forma más sencilla de definir el Merkabah es como una esfera dorada de luz: es el vehículo de ascensión. Cuando se activa, se produce una iniciación: es el comienzo de la ascensión personal al mundo de unidad de la quinta dimensión.

La Ascensión es una realidad presente

La ascensión puede presentarse a nivel individual, de grupo o como experiencia colectiva. Ascenderemos cuando estemos listos —solos, en grupo o en un cambio planetario—. No existe un solo «periodo» para la Ascensión: a nivel individual, hay ascensiones ocurriendo cada día. Por eso vuelve a ti la pregunta qué es la ascensión para ti hoy y cómo eliges fortalecer tu cuerpo de luz.

¡Prepárate para la tuya!

Un abrazo de Luz
Brinda Mair


Bibliografía consultada
(*1) Un Manual para la Ascensión — De Serapis (Thoth), canalizado por Tony Stubbs. Traducción: Enita Zirnis y Ramiro Franco.
(*2) Material canalizado traducido por Martha Palma: «Metatrón: Ascensión suave / Progresión del Cuerpo de Luz».
(*3) Por eso la realidad de quien vive en tercera dimensión puede complicarse. La Ascensión es una tarea voluntaria —fluyendo— o forzosa, repitiendo una y otra vez las mismas asignaturas en un juego «viciado».
(*4) Las Ciencias Sagradas de tradición cristiana enseñan a entregar al Cristo la «copa de dolor» para que sea utilizada para la gloria de Su Reino.
(*5) Las Claves de Enoc, de J. J. Hurtak, clave 2-0-7: Estos códigos lumínicos fueron retirados de la humanidad adámica caída por los Consejos de los Señores de Luz (mito de Babel) y serían devueltos cuando el hombre fuese capaz de ser Luz Crística una vez más.

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Ascensión planetaria, Blog · Etiquetas: chakras de ascensión, frecuencia vibratoria, red de conciencia crística

Septuagésima Semana de Daniel – Introducción

Septuagésima Semana de Daniel - Introducción, cierre de ciclo. Imagen fotográfica del profeta Daniel en la celda de los leonesComienza ahora la profecía llamada la Septuagésima Semana de Daniel, en la cual se relata cómo será el cierre de ciclo, el final de los tiempos, el Juicio Final.

Nos aproximamos al cierre de ciclo que las profecías mayas anuncian. Antes de todo cierre debe haber un balance. Este será un año de balance multidimensional. ¿Qué significa? Que las buenas y malas acciones de uno y de otro lado del tiempo buscarán un vórtice de energía para equilibrarse. Ese balance, en la práctica, marca un cierre de ciclo en varios planos de nuestra experiencia.

La forma de equilibrarlo es el Oficio de Cristo y la manifestación de los dones del Espíritu Santo, porque ello nos permitirá ascender la energía no procesada de uno y del otro lado del tiempo. ¿Por qué la energía multidimensional no procesada viene hacia el aquí y el ahora? Porque la energía de este espacio-tiempo atrae a nuestros Yo multidimensionales a fusionarse aquí.

Voy a explicarlo de la forma más sencilla posible. Somos seres multidimensionales. Vivimos conscientes de una realidad tridimensional (3D), física, porque nuestro cerebro —que es tierra y también tridimensional— así lo reconoce. Usando el paralelo de la informática, nuestro cerebro 3D es como una de las primeras computadoras que trabajaban nada más que con lenguaje D.O.S.: puede realizar funciones básicas, como una máquina de escribir, pero no serviría para conectarse a Internet.

Así es nuestro cerebro en 3D: una computadora maravillosa, pero obsoleta para aquello que se le quiere pedir. Por sí misma, no reconoce enlaces con otras dimensiones. Para obtenerlos, debe romper las estructuras que la condicionan hacia la 3D, tal como hacemos al actualizar un equipo: valoramos si podemos cambiar piezas para mejorarla o si conviene adquirir una nueva. Para muchos, esta actualización interior señala un cierre de ciclo respecto de la conciencia puramente tridimensional.

De igual forma, nuestra Alma Colectiva, la de todos nuestros Yo multidimensionales, sopesa si la diferencia entre karma y dharma de nuestro Ser Multidimensional justifica una actualización menor. En ese caso, se cambian algunas piezas y se incorporan implantes más modernos, útiles para quien ha transmutado gran parte de su nivel de conciencia. En caso contrario, puede resultar más conveniente aprovechar la transición planetaria mediante un recambio total de energía. Esto implica la desintegración de lo que ya no sirve y mantiene al ser anclado a la 3D: los cuerpos inferiores.

¿Cómo transmuta un ser? Quemando enlaces cuartodimensionales del miedo, lo cual le da flexibilidad y capacidad de movilizar sus formas geométricas. Esto le permitirá absorber progresivamente mayores caudales de Luz Verdadera porque su “carcasa”, su “gabinete informático”, se volverá más luminoso y flexible. ¿Su estructura no se lo permite? ¿No tiene la fe del tamaño de un grano de mostaza requerida para mover montañas? Entonces deberá entregar su materia. Cuando la estructura no se adapta, se precipita un cierre de ciclo de hábitos y memorias que impiden la expansión.

Ahora bien, el Alma —para sopesar— no mira solo este espacio-tiempo lineal, sino la Multidimensionalidad. Lo hace a través del Alma Colectiva. El Alma Colectiva tiene conciencia de mi vida grande multidimensional. Conoce todas mis vidas en el Experimento Terra durante esta última rueda kármica. Abarca el último ciclo de 13.000 años, que ahora llega a su fin en el tiempo lineal. Los mayas, con un conocimiento que no era de esta Tierra, dejaron constancia de ello de forma admirable.

Pero esas “vidas”, nuestro cerebro 3D —acostumbrado al antes y al después— las percibe como “vidas pasadas” o “vidas futuras”. ¡Pobre cerebro 3D! Vieja cajita de CPU pasada de moda que, si no transmuta, recibe nuevos implantes de luz y desiste de los viejos implantes de limitación que frenan su expansión de conciencia, se desespera tratando de razonar cómo “vidas pasadas y futuras” ocurrirán todas al mismo tiempo.

“¡Alto, alto! —dice— mi cerebro 3D estalla; mi cabeza arde, mi estómago se revuelve y mi vista se nubla…”. Y se justifica: “Habré comido algo que me hizo mal… me habré intoxicado”. Sin saberlo, dice una gran verdad: la “intoxicación” se debe al ingreso —inconsciente— de nueva información en su estructura electrónica, que está produciendo la mutación de su ADN. Y su cuerpo resiste el cambio… entonces surge la enfermedad y aparece el cáncer, enfermedades poco frecuentes… Es simple: su vieja carcasa no está soportando la nueva información.

Si el tema era kármico y, en los años del planeta lento anteriores a 1999, se habían activado —por aprendizaje— chips con relojes biológicos en el cuerpo etérico con instrucciones para desencadenar enfermedades kármicas (cáncer, enfisema, psoriasis, etc.), y atribuyó su desaparición a un simple “¡Gracias a Dios!”, pero no siguió trabajando en ese sentido y volvió a las viejas costumbres que lo llevaron a esa crisis… O, peor aún, “gracias al médico que me salvó y me curó”, sin tener en cuenta a Dios… ahora no se explica el regreso de la enfermedad que había remitido en su momento: “No comprendo por qué, luego de tantos años…”.

Ocurre que nuestro ser inferior no advierte que lo único que tenemos en este plano es tiempo para aprender a amar lo distinto, amar lo que nos odia, soltar lo que decimos amar y reconocer que, como nuestro Padre, somos co-creadores de nuestra realidad. Ni una hoja cae de un árbol ni un cabello de nuestra cabeza sin una correspondencia en los Universos de Luz.

Hasta 2005 el ser inferior aún pudo decir: “No… esto no es para mí”, mantenerse al margen sin cuestionarse lo energético-espiritual o conformarse con el cumplimiento de un dogma de cualquier religión ortodoxa que le proporcionó inserción socio-cultural.

Pero este 2006 —año de cosecha multidimensional— no será posible. Ya en esta última parte de 2005 empezó a no serlo para muchos: la enfermedad propia o de seres cercanos, o el equilibrio del karma a través de la aparente injusticia en este espacio-tiempo (pero Justicia Divina multidimensional, al fin) los tocará para que presten atención a lo que no atendieron. Como es lógico, la primera etapa del descubrimiento energético es la repolarización y Dios puede aparecer en su vida, tal vez para odiarlo porque sobrevino la enfermedad o porque “se llevó” —injustamente desde 3D— a quien amaba y parecía tan bueno o inocente. Para otros, 2006 operará como un cierre de ciclo que empuja decisiones postergadas.

Si avanza rápido en sus procesos internos, quizá alcance el próximo nivel que conduce al equilibrio. Deberá entonces comprender que la muerte no existe, la injusticia no existe, la enfermedad no existe: solo hay estados de conciencia limitantes por incapacidad de ascensión de la energía; energía cuartodimensional atrapada (emociones y pensamientos negativos) producto de creencias. Esas creencias son torres de ladrillos de miedo cuya forma responde a los condicionamientos socio-culturales.

El que está muriendo —sea mi propio cuerpo o el del otro amado, por enfermedad, accidente o muerte dolosa— es crisol.

Deja de serlo por libre albedrío cuando puede soltar las estructuras del miedo que consumen su materia. Entonces el espíritu irrumpe. Si no suelta a sus enemigos internos, el fuego purificador, como en la caída de Jericó, consume su materia.

Si comprende y suelta a sus enemigos internos, y si sus paredes, es decir, el cuerpo físico, han quedado en pie, tal vez continúe en este plano. Tendrá una nueva oportunidad de religarse.

Podrá volver a unirse a la esencia espiritual de quien verdaderamente es y que, en la ilusión, había olvidado.

Este 2006, año de cosecha multidimensional, el ser inferior ya no tiene el atributo de elección. No porque se haya retirado el Libre Albedrío. Todo lo contrario. Ya no puede elegir porque, sin darse cuenta, eligió. Siguió a su miedo y a las decisiones de su Ego o Niño Interior. Entregó el poder sobre su realidad al siguiente nivel del Juego del Karma: su Alma. Esta, a su vez, lo entrega al Alma Colectiva. El Alma Colectiva presenta al Juicio del Karma la balanza multidimensional. En ella se pesan las acciones buenas y malas de todas las vidas, de todos los tiempos y de todas las realidades en las que nuestra energía existe. Los egipcios representaron este proceso en los muros de sus pirámides. Lo llamaron el pesaje de las almas en el salón del Juicio. Otras religiones expresaron la misma idea con imágenes diferentes.

Nuestra Alma no mira intereses mezquinos de la 3D y la 4D, como posesiones o vínculos familiares. Contempla la Multidimensionalidad y la posibilidad de regresar al Edén perdido si permanecemos en el Camino del Medio. Sabe que, si perdemos esta oportunidad, permaneceremos en los universos kármicos. Allí quedaremos escindidos de toda posibilidad de volver al Universo Padre.

La puerta para el regreso de la simiente adámica permanecerá abierta hasta el final de este ciclo. Luego se cerrará y el Árbol del Bien y del Mal desaparecerá del Edén. Será entonces el Séptimo Día de la Creación, la Era de Acuario. Y llegará el momento en que Dios Padre “descanse” porque su Creación habrá culminado y el Hijo Pródigo estará de regreso a Casa.

Que el Espíritu nos ilumine y nos guíe para vivir en la Gracia siempre.
Con Amor Incondicional
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Profecías de Brinda Mair · Etiquetas: Era de Acuario, Juicio Final, multidimensionalidad, Oficio de Cristo

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