Cuenta la leyenda que el canto de las sirenas atraía a los marinos hacia los arrecifes, provocando naufragios. Cuando las voces del mundo gritan pidiendo guerra o reclamando la paz, son como el canto de las sirenas. ¿Cómo cesar con la guerra externa si la verdadera guerra está dentro de nosotros mismos?
Los humanos somos viajeros del tiempo cuatridimensionales. Viajamos por el océano multidimensional de la cuarta dimensión a través de nuestros pensamientos y nuestras emociones.
La emoción que más nos moviliza para este viaje es el miedo. El diccionario de la Real Academia Española dice que el antónimo de miedo es valor, audacia.
Esto quiere decir que el mismo miedo que nos impulsa a movilizarnos en la 4D es la energía que nos paraliza a la hora de actuar en 3D, y viceversa: ese mismo miedo, cuando logro que deje de paralizarme y muevo el físico para actuar, es el que me da valor y audacia para hacer lo que nunca me atreví.
Sin embargo, no deja de ser miedo, aunque se manifieste como arrojo, atrevimiento o parálisis. Todas son manifestaciones posibles, en el mundo físico, de la misma energía. Sería necesario que el peligro que activó el miedo desapareciera para que surgiera la armonía. Pero ¿cómo desaparecerá el peligro si todo lo que existe en el mundo visible es una imagen especular de una energía que tengo presente en mi interior? O bien, como en el caso de una guerra inminente, ¿es un miedo cósmico, presente en la Humanidad, que es activado por una comunidad o por la Gran Aldea Global que es hoy el mundo?
Hoy, el canto de las sirenas es un grito de la Humanidad: «Sí a la guerra. No a la guerra. Sí a la paz». Son energías polarizadas de la misma clase: «paz versus guerra». Si la energía no deja de potenciarse entre los polos, terminará atrayendo el canto funesto que conlleva muerte y destrucción, y que servirá para ver fuera lo que se tenía dentro.
¿Cuál es una respuesta crística capaz de desactivar la corriente de energía entre dos polos opuestos manifestados en el mundo visible?
Pues el Oficio de Cristo.
¿Y qué hace un Cristo cuando ejerce su Oficio? Debe aceptar, tal como el Maestro Jesús aceptó la Voluntad del Padre. Debe renunciar a cualquier intento de cambiar esa voluntad, como el de sus apóstoles, que iban a pelear por Él. Finalmente, debe morir como murió en la cruz, y eso lo devolvió al Padre.
ACEPTO que parte de la Humanidad tenga necesidad de sostener la energía de la dualidad para su aprendizaje.
RENUNCIO a mi deseo de querer cambiar NADA. Esto significaría, concretamente, no tomar posición, no opinar. En definitiva, no volcarse hacia ninguno de los polos.
Y MUERO a quien creí ser, porque no tomar postura por ninguno de los polos disuelve la lucha en mi interior y en el Espejo del mundo. El Espíritu Divino se acerca a mí porque asciendo por encima de las circunstancias en las que estaba envuelto.
Si uno hiciera esto con todo su ser, sin deseo, atraería paz a cualquier situación que estuviera afectando su vida. Los caminos se le abrirían. El mal que lo rodeara perdería fuerza progresivamente, a medida que el Espíritu irrumpiera en su vida.
Cuando esto es tema de una comunidad, de un país o de la Aldea Global planetaria, se requiere más de un Cristo. La Biblia habla de 144.000. No poder reunir ese número es karma planetario y afecta tanto a los justos como a quienes no lo son.
Queridos amigos: así como Dios sostuvo a su Hijo cuando caminó sobre las aguas del Mar de Galilea, que Dios nos sostenga y provea nuestra barcaza para transitar el mar cuatridimensional de la Tierra en ascenso.
Una barcaza donde el hombre que sueña el sueño de la ilusión de 3D está recordando la vida en Universos de luz, porque Dios mora en él.
Y abraza a su niño, a su miedo, y lo ama… porque sin él no hubiera aprendido el juego de la dualidad.
Y comprende su limitación en la materia, pero ya no lucha con ella.
Y emprende su vuelo mágico sobre ese mar cuatridimensional, cada vez más calmo, con las Alas del Alma, hacia los brazos del Espíritu…
Y sueña que el canto de las sirenas ya no se escucha…
Y que la Nueva Tierra se hace realidad ante sus ojos.
Que el Espíritu nos guíe Siempre.
Con Amor Incondicional,
Brinda Mair
Comienza ahora la profecía llamada la Septuagésima Semana de Daniel, en la cual se relata cómo será el cierre de ciclo, el final de los tiempos, el Juicio Final.
Comprende cómo la pentadimensionalidad abierta activa contratos del alma y permite transmutar el karma a través de la energía 4D.
Tenemos el sistema de 5 vasos comunicantes separados por una membrana semipermeable.
La Nueva Tierra no se revela a todos. Actúa como los sistemas de cajas de seguridad más sofisticadas, que solo responden a un sonido exacto. Cierto es que la Nueva Tierra está aquí, pero únicamente quienes vibran en su tono pueden atravesar el umbral para acceder a ella. Quienes no, siguen atrapados en la tercera dimensión: el mundo físico.