• Skip to main content
  • Aviso Legal
  • Cookies
  • Privacidad
  • Tienda
  • Mapa de sitio

CanalizandoLuz

Encuentra tu camino hacia la iluminación

  • Inicio
  • Lo Destacado
  • Mapa de sitio
  • Contacto

Ciencias Sagradas

El oficio profético y la fidelidad a Dios

El oficio profético y la fidelidad a DiosLos profetas centinelas de la Alianza custodian la fidelidad a Dios y revelan el oficio profético que también nos compromete en el presente. No fueron simples anunciadores de acontecimientos futuros. Fueron hombres llamados a mirar cada situación a la luz de Dios y a decir aquello que muchos no querían escuchar.
«¡Oh Rey de la creación! Puesto que tú las enseñaste a los profetas, ¿cuál es aquel modo con que enseñas las cosas futuras, tú para quien no hay nada futuro? ¿O más bien enseñas las cosas presentes acerca de las futuras?»
San Agustín, Confesiones, XI, 18, 24

La pregunta de san Agustín nos conduce directamente al misterio de la profecía. Para Dios nada es futuro, porque todo está presente ante Él. El profeta no recibe necesariamente una película anticipada de lo que sucederá. Muchas veces recibe la comprensión de aquello que ya está ocurriendo, de sus causas y de las consecuencias hacia las cuales conduce.

El profeta: llamado y vidente

En hebreo, el profeta recibe nombres muy significativos. El más frecuente es nabí, el llamado a hablar o quien habla por inspiración de Dios. También aparecen ro’eh y hozeh, que significan «vidente»: aquel que ve lo que Dios le muestra mediante visiones o sueños.

La palabra griega prophḗtēs designa a quien habla en nombre de otro. Con el tiempo se la relacionó especialmente con el anuncio de acontecimientos futuros, pero su sentido es mucho más amplio. El profeta es, ante todo, instrumento de Dios: hombre de Dios que recibe una palabra y la proclama porque el Espíritu lo impulsa.

Por eso, reducir la profecía a la adivinación del futuro es no comprender su verdadera dimensión. El profeta ve lo que los demás no ven, no siempre porque contemple un tiempo lejano, sino porque reconoce la presencia de Dios y descubre la gravedad espiritual de los hechos presentes.

En ellos, la fidelidad a Dios no se expresaba solamente mediante palabras. También se manifestaba en la responsabilidad de hablar cuando el silencio hubiera significado abandonar al pueblo a su extravío.

La palabra profética

En general, los profetas hablaron con un lenguaje poético de gran fuerza. Sus vaticinios contienen algunas de las expresiones más elevadas de la literatura bíblica. Sin embargo, en los libros proféticos también encontramos extensos pasajes en prosa, especialmente cuando narran hechos históricos, acciones simbólicas o experiencias de la vida del profeta. Esto se percibe con claridad en Jeremías, Ezequiel y Daniel.

Los escritos proféticos utilizan principalmente dos grandes géneros literarios: los oráculos y las narraciones.

  • Los oráculos son declaraciones solemnes proclamadas en nombre de Dios. Pueden ser de condena o de salvación y, con frecuencia, aparecen escritos en verso.
  • Las narraciones relatan la vida, las acciones y las experiencias de los profetas. Suelen estar escritas en prosa y nos ayudan a comprender mejor el sentido de la predicación profética.

Pero ni la belleza del lenguaje ni el anuncio de lo que vendrá constituyen el centro de su misión. La verdadera importancia de su labor radica en que fueron, en primer lugar, misioneros de su propio pueblo.

Profetas centinelas de la Alianza

Comprender a los profetas centinelas de la Alianza exige mirar más allá de sus anuncios y reconocer la responsabilidad que asumieron frente a su pueblo.

El profeta es el centinela de la Alianza. Ezequiel recibió esta imagen con toda su exigencia: el centinela debe permanecer atento y advertir al pueblo cuando se aproxima el peligro. No puede mirar hacia otro lado ni guardar silencio para evitarse problemas.

Si Israel conservó su religión y su fe, y se mantuvo firme en medio de un mundo idólatra, no fue solamente por mérito de la estructura religiosa oficial. Fue también gracias a los profetas que, a pesar de las persecuciones que padecieron, no desistieron de ser predicadores del Altísimo. Su fidelidad a Dios se sostuvo aun cuando proclamar su palabra significaba exponerse a la persecución.

Eran intermediarios entre Dios y el pueblo; eran, pues, la boca de Dios. Veían cada situación y cada hecho a la luz de Dios. Denunciaban la idolatría, pero también la injusticia, el abuso contra los débiles y el culto vacío de quienes cumplían exteriormente mientras su conducta negaba la Alianza.

Allí se reconoce el oficio profético: no consiste en decir aquello que agrada, sino aquello que permite al pueblo volver a Dios. El profeta puede anunciar condena, pero también salvación. Puede mostrar las consecuencias de una conducta y, al mismo tiempo, abrir una puerta al arrepentimiento y a la esperanza.

¿Cómo recibían la revelación?

La revelación de Dios era un hecho puramente sobrenatural. Con frecuencia, la Palabra llegaba sin ser buscada. A veces venía como respuesta a una súplica. Otras veces, Dios mismo adoctrinaba al profeta para que orase y prometía una revelación como respuesta a su petición.

También podía suceder que el profeta aguardara la palabra de Dios, como Habacuc, que permanecía en su puesto de guardia para ver qué le respondería el Señor. Las comunicaciones podían recibirse durante el sueño o en estado de vigilia. El éxtasis era comprendido como un estado diferente de la conciencia ordinaria, entre la vigilia y el sueño.

Cualquiera fuera el modo en que la palabra de Dios se manifestara, el profeta sentía un impulso moral para hablar. No era curiosidad, exhibición ni deseo de poder. Era una responsabilidad. Había escuchado y, por lo tanto, debía responder.

El problema de los falsos profetas

Los falsos profetas constituían una verdadera plaga en Israel. Para el pueblo sencillo y poco formado no siempre era fácil distinguirlos de los verdaderos. También ellos podían hablar en nombre de Dios, contar sueños y prometer prosperidad. Jeremías denunció a quienes proclamaban palabras que Dios no les había confiado y hacían que el pueblo se apoyara en la mentira.

La verdadera garantía de la misión del profeta era el elevado carácter moral de su enseñanza y una vida en conformidad con el criterio divino. No bastaba con acertar una predicción ni con impresionar a quienes escuchaban. El verdadero profeta conducía hacia Dios, llamaba a la conversión y asumía en su propia vida el peso de la palabra que proclamaba.

Este discernimiento sigue siendo necesario. También hoy abundan las voces que aseguran hablar en nombre de Dios, pero buscan admiración, obediencia o beneficio personal. La pregunta no debe ser solamente: «¿Se cumplió lo que dijo?». También debemos preguntarnos: «¿Su enseñanza conduce a la verdad, a la justicia y a una vida coherente con Dios?».

¿Somos hoy centinelas de la Alianza?

Hoy día, ¿somos nosotros centinelas de la Alianza? ¿Estamos al acecho de nosotros mismos? ¿Vemos cada situación y cada hecho a la luz de Dios? ¿Nos animamos a asumir el oficio de Cristo?

El cristiano participa de Cristo sacerdote, profeta y rey. Esto no significa atribuirse revelaciones ni anunciar calamidades. Significa aprender a escuchar, discernir y dar testimonio de la verdad con la propia vida. Antes de pretender vigilar al mundo, el centinela debe vigilar su corazón. Antes de señalar la infidelidad ajena, debe reconocer la suya.

La fidelidad a Dios comienza, entonces, por esa vigilancia interior. Nadie puede ser centinela de la Alianza si no está dispuesto a reconocer cuándo sus propios temores, deseos o intereses intentan ocupar el lugar de la voz divina.

El verdadero centinela no duerme mientras la Alianza se vacía de contenido. Tampoco grita por cualquier cosa ni confunde sus temores con la voz de Dios. Observa, ora, discierne y, cuando llega el momento, habla. Sabe que callar para conservar la comodidad también es una elección.

¿Nos animamos? Para reflexionar y decidirse.

Que el Espíritu nos guíe e ilumine siempre.
Brinda Mair

 

Escrito por Brinda Mair** · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas · Etiquetas: Daniel profeta, San Agustín

Qué es un égregor y cómo actuar sobre él

Qué es un égregor y cómo actuar sobre élEl égregor es una energía creada por el dolor humano. Como habitante del umbral, se alimenta de nuestros miedos y del poder que sí le damos. Este cascarón se sostiene con la energía que recibe.

Un égregor se crea a partir de energías negativas emitidas por los seres humanos, tanto de forma colectiva como individual, en el ser multidimensional o grupo de almas. Un solo yo multidimensional o, dicho de otra forma, una persona puede crear un égregor si es sometido a un gran sufrimiento, como la tortura o una enfermedad prolongada con mucho dolor.

En esos casos, el ser inferior libera fragmentos de energía de su cuerpo etérico. Estos se van uniendo hasta formar una energía de dolor unificada que semeja un ente sin serlo. Carece de consciencia y de capacidad para subsistir durante mucho tiempo. Solo lo hará si encuentra alimento en más sufrimiento y dolor. En las Ciencias Sagradas se los llama «cascarones» y tienen distintos rangos de acción según su capacidad para moverse y actuar en el plano astral planetario. La energía que el égregor necesita le es suministrada, de forma consciente o inconsciente, por un ser humano.

Los egregores también se reconocen como entidades con cierta autonomía, pero su poder SIEMPRE les es dado por los seres humanos. No existen por sí solos. Aseguran su propia existencia resguardando los umbrales que nos permitirían ascender y, justamente, impidiéndonos hacerlo. Por eso se los llama «habitantes del umbral».

Se generan a partir de energías multidimensionales negativas, emitidas en distintos espacios y tiempos, que se agrupan y toman formas. No pertenecen ni a la luz ni a la oscuridad: son energías libres, sin consciencia. No sienten temor de Dios ni del demonio, lo cual los vuelve más peligrosos, porque los alimentan multidimensionalmente los miedos humanos, los rencores, los egoísmos, las avaricias y todos los defectos de los rayos cósmicos.

Los égregors vibran en el plano astral planetario y en el nivel de nuestro cuerpo etérico. Su existencia nos ayuda a incrementar nuestro karma personal. Para que un égregor desaparezca, se le debe quitar el poder que uno mismo le da. Pero no bastará con decirle simplemente: «Tú no existes, eres una creación mental mía»… Pues no, porque, al ser multidimensional, su fuerza es mayor y tiene poder sobre nuestros sueños y nuestros miedos más profundos, que puede alimentar mientras dormimos o estamos en estado de vigilia.

En cada chakra, incluidos los chakras de Ascensión, existe un égregor que vigila el umbral o portal del chakra y sostiene nuestras energías negativas asociadas a ese chakra. Se trata del égregor llamado habitante del umbral.

Hay otros égregors creados por el fenómeno de masas. Su furia forma una entidad que alimenta el fuego y busca un crisol: alguien que muera. Para comprender este tipo de égregor, sugiero escuchar esta canalización.

En Ciencias Sagradas hay técnicas especiales para destruirlos, pero —y siempre hay un pero—, al mismo tiempo que actuemos, el égregor actuará sobre nosotros. Como su energía principal es el fuego, puede que nos invada la fiebre. Además, como tiene amplio poder de acción sobre el mundo de los sueños y la octava dimensión, nos dormiremos aun sin estar nada cansados.

Hay energías que permanecen en este plano aun cuando su creador haya muerto físicamente. Tal suele ser el caso de las energías viuda negra.

Digo físicamente porque la muerte es simplemente un cambio de estado. Una persona que odia mucho y muere odiando quedará aquí, odiando y alimentando a un égregor. Sin embargo, como no tiene materia, su energía se desvanecerá con el tiempo, siempre y cuando no haya otro —generalmente, un familiar afín— que tome la posta y siga odiando…

Una forma positiva de trabajar para desarmar esta energía que hemos creado es mediante la adquisición de virtudes teologales.

Fe, para que la presencia de Dios en mí sea lo que mueva el mundo.

Fidelidad, para no traicionar al Cristo en mí y aplicar el concepto «la caridad bien entendida comienza por casa», siendo «casa» uno mismo.

La caridad verdadera comienza por uno mismo, creyendo que es posible CAMBIAR: reflejo puro de Misericordia con el Uno para ser Uno en el Espejo de otros.

Cuando hayas pedido cada virtud durante diez días, hasta completar un total de cuarenta días que te auguran la Presencia de Dios en tu vida, haz la Técnica de Diafanía o Iluminación.

El trabajo iniciático especial para trabajar sobre los égregors es Pirámide de Akkor, del taller Akkor, la Puerta de la Esperanza.

No hay égregor que se le resista.

Un abrazo desde el Alma
Brinda Mair

 

Escrito por Brinda Mair** · Categorías: Akkor, Blog, Ciencias Sagradas · Etiquetas: cuerpo etérico, plano astral, rayos cósmicos, virtudes teologales

Nuestra Señora de los Desamparados

Nuestra Señora de los DesamparadosNuestra Señora de los Desamparados nació en Valencia a comienzos del siglo XV. Se relacionó desde su origen con la protección de los enfermos mentales y de quienes vivían abandonados.

Aquel domingo de Cuaresma, fray Juan Gilabert Jofré se dirigía a predicar en la misa mayor de la Catedral de Valencia. Durante el trayecto encontró a unos muchachos que se ensañaban con un pobre «loco», como se llamaba entonces a quienes padecían enfermedades mentales. Intervino, detuvo la agresión y reprendió a los jóvenes. Luego continuó hacia la catedral, pero ¿cómo podía pronunciar el sermón que llevaba preparado después de lo que acababa de ver?

El fraile cambió su prédica. Habló de aquellos «inocentes» que vagaban por las calles, abandonados y expuestos a todo tipo de abusos. Seres que provocaban temor o burla porque los demás no siempre comprendían sus actos. Podían ser peligrosos para sí mismos o para otros, es cierto, pero también eran víctimas. Y encerrarlos, apedrearlos o dejarlos librados a su suerte no solucionaba nada.

Fray Juan Gilabert Jofré no se limitó a pedir compasión. Señaló una necesidad concreta: debía existir un lugar donde esas personas pudieran ser recogidas, protegidas y atendidas. Sus palabras encontraron eco y, apenas dos meses y medio después, comenzaron las obras del Hospital de los Inocentes.

El proyecto recibió el apoyo de Martín I el Humano. Allí, los acogidos tendrían alimento, refugio y asistencia médica. Esto último es lo verdaderamente revolucionario para la época, porque significaba comenzar a considerar que la pérdida de la razón requería cuidado y no castigo. El hospital llegó a ser reconocido como el primero de Europa dedicado exclusivamente a la atención de enfermos mentales.

Hoy la palabra «inocentes» puede confundirnos. No se refería solamente a personas sin culpa, sino también a quienes, por carecer de pleno entendimiento, quedaban expuestos a los demás. Y los demás podían ser muy crueles. ¿Acaso han cambiado tanto las cosas? Cambiaron los nombres, los diagnósticos y las instituciones, pero todavía hay personas que se divierten humillando a quien no puede defenderse y otras que observan, graban o simplemente siguen caminando.

El pueblo valenciano puso aquella obra bajo la protección de «Nostra Dona Sancta Maria dels Innocents». Con el tiempo, la advocación recibió el nombre de Nuestra Señora de los Inocentes y de los Desamparados, hasta ser conocida como Nuestra Señora de los Desamparados.

La Virgen de los Desamparados quedó así vinculada, desde su origen, con quienes no tenían familia, protección ni un lugar en la sociedad. No surgió primero una imagen para que después se inventara una obra piadosa a su alrededor. Ocurrió a la inversa: primero hubo un hombre tirado en la calle, después alguien que se detuvo a defenderlo y, finalmente, una comunidad que decidió construir un lugar para recibir a otros como él.

Eso cambia bastante el modo de comprender esta advocación. No se trata solamente de rezar a la Madre de los desamparados para pedir su ayuda. También se trata de descubrir cuándo somos nosotros quienes dejamos a alguien sin amparo. Porque se puede abandonar a una persona sin echarla de una casa: basta con no escucharla, no creerle, ridiculizar su sufrimiento o decidir que su problema nos molesta demasiado.

Hay momentos en que la realidad interrumpe nuestros planes. Fray Juan Gilabert Jofré se dirigía a dar una misa y se encontró con algo que no podía ignorar. Cambió su sermón y ese sermón contribuyó a crear un hospital. No todos podremos hacer una obra semejante, pero siempre podemos decidir de qué lado nos colocamos cuando presenciamos una agresión: del lado de quienes golpean, del lado de quienes miran o del lado de quien se detiene.

Tal vez allí se encuentre el sentido más actual de Nuestra Señora de los Desamparados. El desamparo no termina únicamente porque exista una institución o porque pronunciemos una oración. Termina cuando alguien ve al ser humano que los demás han dejado de ver y hace algo, aunque sea incómodo, para protegerlo.

Un abrazo de luz
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair** · Categorías: Advocaciones marianas, Blog, Ciencias Sagradas · Etiquetas: Catedral de Valencia, enfermos mentales, Martín I el Humano

Libera a un alma que sufre en el purgatorio

Libera a un alma que sufre en el purgatorioLibera a un alma que sufre en el purgatorio. Semana Santa nos ofrece una oportunidad de servicio cuyo alcance suele ser mucho mayor de lo que imaginamos. Mientras recordamos la Pasión, la muerte y la resurrección de Cristo, también podemos volver nuestra mirada hacia quienes han desencarnado y todavía necesitan ayuda para continuar su camino.

Una tradición apócrifa ampliamente extendida cuenta que las almas que deben expiar culpas quedan atrapadas, al desencarnar, en un lugar llamado Purgatorio. La Iglesia católica enseña, por su parte, que este estado corresponde a una purificación final y que los vivos pueden ayudar a los difuntos mediante la oración, las obras de penitencia, la limosna y las indulgencias ofrecidas por ellos.

Algunas almas sufren porque aún permanecen ligadas a sus culpas, a sus apegos o a las consecuencias de sus actos. No han sido condenadas, pero tampoco han conseguido abrirse plenamente a la Luz. Necesitan gracia, amor y una fuerza espiritual que las ayude a soltar aquello que no pueden resolver por sí mismas.

De la tradición cristiana surgió también la costumbre popular de visitar siete iglesias el Jueves Santo. Este recorrido recuerda la vigilia de Jesús y los lugares transitados desde la Última Cena hasta su crucifixión. No se trata solamente de entrar en siete templos, repetir oraciones y regresar a casa sintiendo que hemos cumplido. Podemos convertir ese recorrido en una obra de misericordia, ofreciendo cada visita por un alma que sufre en el purgatorio.

También puedes ofrecer tu servicio por un alma desconocida, aquella que más lo necesite o que nadie recuerde. Cuando el ofrecimiento es incondicional, no exige saber quién recibirá la gracia ni de qué manera obrará. Basta con disponerse a servir y dejar el resultado en manos de Dios.

Ten presente que Semana Santa es nuestra oportunidad de realizar un servicio con un alcance mayor del que solemos creer, cuando podemos ser incondicionales. Esa fuerza colectiva puede sostener nuestra petición y llevar luz hasta lugares que la conciencia ordinaria no alcanza a percibir.

Además… ignoras si el alma que está en el purgatorio es la tuya.

Hay partes de nuestra historia espiritual que desconocemos; deudas, dolores y memorias que quizá continúan reclamando redención. Cuando pedimos misericordia para otro, también entramos en la corriente de la misericordia. Cuando ayudamos a liberar, algo en nosotros se libera. Ningún acto de amor verdadero tiene una sola dirección.

Por ello, el próximo Viernes Santo realiza esta técnica: Cocreando un período de Gracia en casos desesperados. Antes de comenzar, aquieta tus emociones y define con claridad tu intención: pedir un período de Gracia para un alma necesitada, sin imponer condiciones ni pretender decidir su destino.

No necesitas conocer su nombre. Puedes encomendar a Dios la elección de aquella que esté preparada para recibir esta ayuda. Tampoco necesitas imaginar escenas dolorosas ni buscar señales extraordinarias. La verdadera entrega no se mide por lo que ves o sientes, sino por la pureza de la intención.

Libera a un alma que sufre en el purgatorio y permite que esta acción permanezca en el silencio. No la conviertas en motivo de orgullo ni esperes una recompensa. Hazlo porque puedes hacerlo; porque la misericordia recibida también debe ponerse en circulación; porque tal vez una oración ofrecida desde la Tierra sea el impulso que alguien necesita para aceptar el perdón y avanzar hacia la Luz.

En Semana Santa, mientras tantos piden para sí mismos, atrévete a pedir por quien ya no tiene voz entre los vivos. Tal vez nunca sepas a quién alcanzó tu servicio. No es necesario saberlo. La gracia conoce el camino, en paz y libertad.

Que el Espíritu nos guíe Siempre
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair** · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas · Etiquetas: Jueves Santo, Misericordia, Semana Santa, Viernes Santo

¿Es este objeto cristificable o bendecible? ¿Puedo hacerlo bendecir?

objeto cristificable o bendecibleLos objetos cristificables son aquellos capaces de actuar como vehículos de la vibración crística. Las bendiciones y los rituales específicos que atraen la vibración de luz a dichos objetos, los convierten en criaturas alquímicas. 

La técnica de Encarnación Gradual de la Creación es capaz de activar un objeto cristificable o bendecible.

¡Hola, Brinda! ¿Puedo encarnar al Cristo en el auto para que se pasen los papeles a mi nombre?

Querida Amiga del Alma:

Como habrás leído —y por eso me preguntas—, la técnica de Encarnación Gradual de la Creación cristifica los objetos, pero, para poder recibir esta energía, debe tratarse de un objeto cristificable o bendecible.

Para ello, es necesario discernir, dado que el objeto en cuestión es una cocreación del hombre. La técnica lo transmutará en una criatura alquímica. Solo se puede atraer al Cristo a las criaturas de la Creación.

Condiciones desde la Tierra para poder hacerlo

No debes tener el deseo o interés humano de lograr un beneficio propio, porque ello mueve más cosas de las que ves. Sería como intentar manipular a Dios.

Sí debes tener la intención de servicio amplio y, en lo posible, universalista, de poner ese automóvil al servicio del Cristo. Al hacerlo, estás ayudando a construir el Pleroma —unidad de luz donde los universos confluyen— y, como criatura alquímica vivificada por la Presencia Crística, pese a ser una creación humana, quedará del lado del Cristo al final de los Tiempos.

Por más que no tengas sus papeles, tiene que ser energéticamente tuyo y no de otro, porque no puedes actuar sobre su libre albedrío ni atraer al Cristo a un lugar que no es propio ni lo será, solo para «cambiar al otro». No solo no funcionará como se espera, sino que acarreará karma. Esto significa, en este caso, que debe haber sido comprado con tu dinero y destinado a tu uso. Pero si otro «lo toma» y se siente más dueño que tú, no funcionará.

Muy importante: debes poder clarificar si, por su utilidad, esta será crística y, en consecuencia, se tratará de un objeto cristificable o bendecible. El automóvil debe ser un templo caminando en el mundo… Quien lo maneja debe tener esa consciencia —algo bien difícil para quien no conquistó su Universo personal en el Cristo y cuyas actividades no giran en Él—. A su vez, debes ver si la finalidad del uso de ese objeto cumple ese destino.

Debes ver si su finalidad es grata a Sus Ojos. Por ejemplo, si el vehículo va a ser destinado al trabajo, como llevar pan a las panaderías, podría considerarse una actividad crística. Si va a ser utilizado para alguna actividad dudosa, no.

Pero recuerda: en el momento de ver las energías que actúan sobre el objeto, incidirá más el poseedor energético circunstancial —en el caso de un auto, funcionará si lo manejas fundamentalmente tú misma y no otra persona— y, en segundo término, la finalidad. Porque, si la finalidad es buena, pero el poseedor energético es alguien a quien le prestas el auto o, como en el caso del otro día, alguien que comparte la camilla con otro profesional, se romperá el delicado equilibrio que se activó.

Sí funcionará si el objeto cristificable o bendecible sobre el cual hubieses realizado la técnica citada lo estuvieras utilizando tú misma. Por ejemplo, si otro profesional te diera terapia a ti, que fuiste quien activó la técnica sobre esa camilla. O bien, si el automóvil, pese a que tú no lo manejes, fuera utilizado para transportarte o para algo que tú necesites, porque fue a ti a quien la Energía Universal entregó ese auto como criatura a tu cuidado. Sin embargo, ten en cuenta que, si la persona que utiliza el objeto junto contigo es muy negativa, lo que hagas no surtirá efecto.

A partir del momento en que lo haces, el objeto «nace al Cristo» y recibe un nombre secreto como criatura que es. Aunque tú no lo escuches, es nombrado en el momento en que la energía ancla en él. En el caso de los objetos que no se mueven, como la mesa de un comedor, en el momento mismo en que el objeto es movido pierde el efecto. ¿Por qué? Porque lo cambiaste de Universo.

Entonces te preguntarás: ¿cómo puede ser posible que la energía se ancle en un vehículo que, por su carácter utilitario, vivirá en movimiento? Pues sí, siempre que quien lo maneje viva y vibre en el centro del universo crístico. Si no es así, «la buena magia» que recrea la técnica se romperá y al auto le comenzará a pasar de todo, como a una criatura que perdió el rumbo después de haberlo encontrado. Porque no existe mayor muerte en este mundo que haber visto la gracia y luego perderla. Es como el cuento de Pinocho: era madera, pero el amor crístico le da vida por una intención humana de servir al mundo.

Si el Ego que lee estas palabras cuestionara la regla que aquí expreso, debido a sus condicionamientos y a su visión desde la Tierra, tenga presente al profeta Isaías cuando, tomando la voz del Padre, dice: «Mis caminos no son los vuestros» (Isaías, capítulo 55, versículo 8). En esta frase, Dios Padre nos dice: «Tengo mis razones, que escapan a tus razones. Para ti, soy misterioso. Si quieres seguirme, acéptame como soy hasta que puedas comprender, más allá de la ilusión en la que vives, mis razones».

Que el Espíritu nos guíe Siempre.
Con Amor Incondicional,
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair** · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas · Etiquetas: alquimia espiritual, bendecir objetos, conciencia crística, Encarnación Gradual de la Creación, libre albedrío, Pleroma, Presencia Crística, transmutación de objetos

  • « Go to Previous Page
  • Page 1
  • Page 2
  • Page 3
  • Page 4
  • Page 5
  • Interim pages omitted …
  • Page 35
  • Go to Next Page »
  • Aviso Legal
  • Cookies
  • Privacidad
  • Tienda
  • Mapa de sitio

Todos los derechos reservados © 2001–2026 · Canalizandoluz.com · Registrado en Safe Creative · Whatsapp Administración +34 645163986 · Log in