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Cómo curar el mal de ojo con Merkabah

arcángel San Miguel, Coro Angélico de los ArcángelesCurar el mal de ojo con Merkabah mediante un barrido energético permite liberar energías negativas y recuperar equilibrio.

Si trabajas tu sensibilidad, percibirás cuándo incide un rayo negativo en tu campo energético. Dicho rayo actuará como una flecha envenenada capaz de bloquear tu acceso a la Luz y arrebatará tu buena suerte. El emisor puede causar ese daño en modo consciente o inconsciente.

La mejor defensa consiste en trabajar en ti mismo de tal manera que tu materia se sutilice. Cuando esto ocurra, cada vez te será más fácil percibir una presencia invasora. Se manifestará como una sensación de que algo no está del todo bien. Tal vez sientas un escalofrío eléctrico recorrer tu columna. La forma más común del mal de ojo se presenta como un intenso dolor de cabeza, tal como si una boa constrictor apretara la cabeza. Ese dolor no pasa ni con aspirinas.

Al primer síntoma, actúa rápido y sana el mal de ojo en ti. Lo podrás hacer mediante un barrido energético que te explicaré a continuación.

Barrido energético con Merkabah del Corazón

Visualízate a ti mismo como un pequeño muñeco de unos 20 cm. de alto como máximo y coloca a esa imagen virtual entre tus manos. Ellas deben estar con las palmas enfrentadas a una distancia de 20 cm. aproximadamente entre sí.

Visualiza a continuación un reloj de arena de cristal, el alfa-omega donde la imagen virtual de ti mismo se encuentra incluida en el cono inferior.

Pide asistencia a lo Superior en ti diciendo: “En el nombre del espíritu yo….. (nombre secreto y cósmico o profano si los desconozco) invoco al Dios Padre Madre, a mis ángeles, a mis guías conocidos por mí o no y a la Maestra Kwan Yin, Sra. del Karma y del Perdón Divinos y pido su asistencia en esta invocación para que si por desconocimiento omitiese algo que debiera decir, ellos lo digan por mí. Doy gracias porque ya está hecho.

“En el nombre del espíritu Divino, Yo…. (digo mis nombres) invoco a mi Yo Dios, a mi amada Presencia Yo Soy, a mi Santo Yo Crístico y a mi Elemental del Cuerpo para que me ayuden y asistan en esta liberación.»

Activo Merkabah del corazón utilizando el track de audio. Cuando acelero rotación, visualizo salir desde mi palma izquierda un rayo de color lavanda que atraviesa en forma total a mi imagen holográfica en miniatura. Realizo un barrido desde la cabeza a los pies. Al llegar a los pies, libero la energía al alfa-omega.

Debo recordar que la energía que emitió el rayo lavanda, provocó el arrastre de la energía del karma que hubiera sobre mi imagen holográfica hacia mi mano izquierda. Al liberar, imagino que envío a la energía 4D negativa del otro lado del tiempo, atravesando el Alfa y el Omega.

Cuando realizo el barrido energético, si soy sensitivo, detectaré por cuál parte del cuerpo está pasando el barrido.

Puede que en ese momento, la energía parásita del mal de ojo se mueva tal como lo haría una serpiente sobre nuestro campo energético, buscando apartarse de lo que estamos haciendo.

Como tienes en este momento el poder de liberar, simplemente sigue en tu imagen holográfica lo que estás sintiendo, pidiendo Clemencia y Misericordia para poder liberarte y expulsarla al alfa-omega.

No sostengas a la energía demasiado tiempo. Si es muy fuerte lo que sientes que tienes encima, no te olvides de bañarte luego con un baño de inmersión en agua salada y de repetir allí la técnica que aquí te explico.

En el momento, puedes ir a la tierra, descalzarte y pedir la asistencia de la Madre Tierra en esa expulsión. Hazlo tal como cuando se realiza el anclaje en los chakras superiores y en el cristal del centro de la Tierra mediante el sendero Malkket y la Cruz Kabalística. Activa el Merkabah del corazón siempre en voz audible o al menos murmurando, y vuelve a hacer el barrido energético.

Esta técnica mejorará cuanto más trabajo interno tengas. Te sugiero trabajar la virtud teologal de la pureza.

Un abrazo de luz
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Medicinas para el Alma · Etiquetas: Cruz Kabalística, energía 4D negativa, Kwan Yin, virtud de la pureza

Ar-Rahman Allah el Compasivo,

Ar-Rahman Allah el Compasivo, reflexiona sobre la bondad. Todo lo bueno presente en el ser humano no le pertenece realmente a él, sino a Allah. Puede creer durante un tiempo que sus actos generosos nacen de su propia virtud, pero cuando observa con sinceridad el movimiento profundo de su corazón, comprende que la compasión tiene un origen más elevado. La bondad no es una posesión personal; el ser humano es apenas un canal a través del cual Allah manifiesta Su misericordia en el mundo.

Reconocer esta verdad aporta serenidad. Comprender que la compasión fluye desde la Fuente hacia la criatura y, a través de ella, alcanza a otros seres, libera del peso del ego. Cuando una persona elige actuar correctamente, no está creando el bien por sí misma, sino procurando armonizar su voluntad con una Voluntad superior.

Sin embargo, este aprendizaje no siempre resulta sencillo. Existen momentos en los que la ingratitud de otros hiere el corazón o en los que una mala experiencia amenaza con sembrar resentimiento. Es entonces cuando recuerda que soportar esas pruebas por amor a Allah transforma el cansancio en mérito espiritual. La verdadera recompensa no siempre se encuentra en el reconocimiento humano, que suele ser limitado e incierto, sino en aquello que trasciende las fronteras de este mundo.

También aprende a vigilar una de las trampas más sutiles del camino espiritual: la vanidad. ¿Se realizan las buenas obras para agradar a Allah o para ser visto por los demás? La pregunta merece una reflexión constante. Quien comprende la profundidad de la caridad llega incluso a sentirse en deuda con aquellos a quienes ayuda, pues son ellos quienes le brindan la oportunidad de ejercer la misericordia. Sin la necesidad ajena, muchas virtudes permanecerían ocultas e inactivas.

Del mismo modo, cuando es él quien recibe ayuda, procura recordar que el verdadero benefactor es Allah. Agradece sinceramente a quien le extiende la mano, porque la gratitud forma parte de la nobleza del carácter, pero no pierde de vista que toda provisión procede finalmente de Dios. Las personas son instrumentos de una voluntad más grande que ellas mismas.

Entre todos los peligros interiores, pocos resultan tan destructivos como la arrogancia. La mente puede susurrar que la bondad es una cualidad propia, un mérito exclusivamente personal. Cuando alguien comienza a verse como la fuente de aquello que en realidad recibe, la soberbia ocupa el lugar de la humildad y se interrumpe la conexión con la Fuente. El orgullo termina por conducir a la soledad espiritual y al vacío interior. Por eso el creyente procura recordar constantemente su condición de servidor. Prefiere ser un humilde instrumento de la misericordia divina antes que convertirse en prisionero de la ilusión de su propia grandeza.

Mi práctica espiritual para hoy

Este dhikr puede convertirse en un ancla a lo largo de la jornada. Cada cuenta del tasbish o el rosario cristiano es una oportunidad para recordar que toda bondad procede de Allah y que el corazón humano encuentra su equilibrio cuando permanece unido a esa verdad.

Jaculatoria:
“Allah, hazlo compasivo, caritativo y temeroso de Ti.”

Propósito: Repetir estas palabras cien veces, sin apresurarse a terminar. Cada repetición es una invitación a que la compasión, la generosidad y la humildad se conviertan en una forma natural de vivir. Si la mente se distrae, volverá a comenzar con paciencia, recordando que el trabajo interior es una de las tareas más importantes de su camino espiritual.

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Islamismo, Nombres de Dios Sagrado Corán · Etiquetas: rosario cristiano, tasbish

Allah, el Nombre que abarca todo lo que Es

Allah, el Nombre que abarca todo lo que EsSi se intenta comprender la inmensidad de la realidad, inevitablemente se llega a la palabra que sostiene el universo: Allah, el Nombre que abarca todo lo que Es, no es solo un nombre, sino el punto de convergencia de todos los atributos divinos. Hablar de Allah es reconocer la unicidad absoluta, la fuente donde todo comienza y el destino hacia el cual todo, consciente o inconscientemente, regresa. Para quien busca el conocimiento, este nombre es el ancla que impide que la mente se pierda en la multiplicidad de las formas.

La existencia humana, a menudo dispersa entre deseos, temores y distracciones, encuentra en la invocación de este nombre su centro de gravedad. Cuando el ser humano pronuncia “Allah”, está reconociendo que no hay realidad fuera de Él. Es un recordatorio constante de que la soberanía de la vida no reside en el ego ni en las circunstancias externas, sino en la Voluntad que todo lo sostiene. El individuo que internaliza esta presencia comienza a ver el mundo no como un caos de eventos azarosos, sino como un despliegue armonioso de un propósito único.

Sin embargo, el riesgo de esta reflexión es convertir el nombre en una abstracción intelectual. La verdadera comprensión del Nombre Supremo no ocurre en el pensamiento, sino en la rendición del corazón. El peligro acecha cuando el hombre cree que puede “contener” o «definir» a Allah a través de conceptos limitados. Esa pretensión es, en sí misma, una forma de velo. La humildad verdadera consiste en reconocer que, aunque Allah se manifiesta en todo lo creado, Su esencia permanece más allá de cualquier descripción humana. El creyente debe, por tanto, caminar con la reverencia de quien sabe que está ante la presencia de lo Infinito en cada instante.

Aquel que hace de Allah el centro de su vida comienza a experimentar una transformación en su mirada. Los problemas cotidianos pierden su poder corrosivo cuando son contrastados con la inmensidad del Creador. La angustia se disuelve al recordar que quien sostiene las estrellas también sostiene el aliento de cada ser. Es un ejercicio de confianza radical: soltar la ilusión de control para descansar en la certeza de que todo lo que sucede está bajo el cuidado de Aquel que es el principio y el fin de toda realidad.

La soberbia humana se desmorona ante la mención de este nombre, pues no hay espacio para el “yo” cuando se contempla al “Único”. Quien vive sumergido en este recuerdo se vuelve, inevitablemente, más paciente, más firme ante la adversidad y más compasivo con sus semejantes, pues reconoce en cada uno la huella de la misma Fuente.

Práctica espiritual: El centro de la conciencia

La repetición del Nombre Supremo es el ejercicio más elevado para el corazón. No se trata de una palabra vacía, sino de una vibración que busca sintonizar el alma con la realidad fundamental.

  • Jaculatoria:
    «Allah, Tú eres el Único; alinea mi corazón con Tu presencia.»

  • Propósito: Utiliza el tasbish para realizar cien repeticiones. La clave de esta práctica es la pausa entre cada mención. Al decir “Allah”, intenta detenerte un instante en el silencio que sigue, permitiendo que esa vibración descienda desde la mente hasta el centro del pecho. El objetivo es que, al finalizar las cien cuentas, la mente ya no esté dispersa en el mundo. La mente se enraiza en el silencio donde habita el recuerdo del Creador.

Que el Espíritu nos guíe Siempre
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Islamismo, Nombres de Dios Sagrado Corán · Etiquetas: rosario cristiano, tasbish

Psicotrónica: Técnica del vaso de agua ¡Pide ayuda a tu subconsciente!

psicotrónica técnica del vaso de agua con vaso de agua y solución
Aplicación de la técnica del vaso de agua para acceder al subconsciente

Psicotrónica: Técnica del vaso de agua, sirve para obtener la información necesaria de nuestro subconsciente cuando nuestro cuerpo mental es dominante de nuestros cuerpos inferiores. Esto nos permitirá resolver problemas de los cuales no conocemos la solución precisa.

El proceso aprovecha el estado de vigilia en el cual nuestro cuerpo mental dominante baja sus barreras de defensa y de autojuzgamiento que bloquea la percepción instintiva y subconsciente en estado lúcido.

Antes de ir a dormir, prepara un vaso de agua (mediano, lleno) con unas gotas de limón (se forma una solución electrolítica).

Realiza un ejercicio de relajación y aquietamiento para tu mente. Toma una posición cómoda, bien relajada y comienza. Como ejemplo te doy esta técnica de aquietamiento:

«Cierro los ojos y voy a imaginarme que una luz blanco-plateada se agranda y expande en mi corazón, a medida que ingresa y egresa el aire por mi nariz, lentamente. Hasta formarme un aura de luz blanco-plateada tan grande como quiera. Cuando todo es luz por dentro y por fuera, voy a pensar al inspirar:

«Yo soy luz» y al exhalar voy a afirmar (susurrando y dejando escapar el aire) «Yo soy luz». Esto lo voy a repetir siete veces. Luego voy a pensar al inspirar: «Yo soy paz» y al exhalar voy a afirmar (susurrando y dejando escapar el aire) «Yo soy paz». Esto lo voy a repetir también siete veces.

Una vez concluido este ejercicio de relajación, comienza con la técnica.

Antes de acostarte, toma un vaso de agua con ambas manos sin que los dedos se toquen entre sí. Coloca los ojos cerrados como si miraran hacia arriba. Esto provocara un estado psíquico especial (sin forzarte, si no puedes solo concéntrate en la luz del corazón). Llama a tu ángel o a tu Yo Superior como sueles hacerlo. Si lo deseas, puedes decir:

«Desde mi Presencia Yo Soy y mi Santo Cristo Interior pido a Dios Padre/Madre que me indique durante el sueño que hacer para solucionar «X» problema o que me indique que puedo hacer en tal circunstancia (no dar mucha explicación, muy breve y simple) y que si al despertar no recuerdo, que actúe como si supiera. Doy gracias porque ya está hecho».

Debes tomar la mitad del vaso de agua y dejarlo en la mesa de luz. Al despertar, tomarás nuevamente el vaso de agua con las dos manos con los dedos separados, y beberás el resto del agua y te dices interiormente: «Agradezco a mis ángeles y a mis guías su ayuda. Sé que esto es lo único hacer para hallar la solución al problema que tengo. Doy gracias porque ya está hecho».

Ten la certeza que tendrás la respuesta en este día. Puede que la respuesta la tengas durante el sueño. Si asi fue, agradece por la Gracia obtenida. Pero si no recuerdas el sueño -que era siempre mi caso-, la puerta que dejaste abierta al decir «y que si al despertar no recuerdo, que actúe como si supiera», te impulsará a actuar con la decisión del impulso interno, guiado por todo lo superior en ti.

La Psicotrónica: Técnica del vaso de agua sólo se puede hacer una pregunta a la vez por noche, si es tu deseo. Llegará un momento en que tendrás respuesta sin hacer la técnica, con solo pensar en lo que quieres saber porque abras abierto la puerta y te resultará más fácil comunicarte con tu subconsciente en estado lúcido.

Con Amor Incondicional y en Servicio.
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Medicinas para el Alma · Etiquetas: estado de vigilia, mente consciente, percepción interna, subconsciente

La levadura de Dios y el misterio del «pan nuestro de cada día»

El pan nuestro de cada díaLa levadura de Dios y el misterio del «pan nuestro de cada día» encierran un profundo significado espiritual. Ambos hablan del proceso interior del ser humano.

Cada uno de nosotros es un fruto exquisito del Árbol de la Vida, en el Edén del Padre. Sin embargo, las experiencias de la vida pueden hacer que ese fruto se pudra o se vuelva ácido.

A veces, entregamos nuestros dones con las manos llenas. Pero quien los recibe puede rechazarlos y arrojarlos contra nosotros. Esa experiencia nos duele. Nos hace sentir indignos y poco merecedores de que alguien vuelva a querernos.

El desafío de nuestra vida consiste en recuperar esos dones. Debemos trabajarlos y amasarlos como pan. Entonces podremos ofrecer al mundo el «pan nuestro de cada día», en el Oficio de Cristo.

La levadura de Dios

La levadura del mundo es el Amor de Dios.

La Ley de Correspondencia dice: «Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba».

Jesús nos habló para que repitiéramos el rito de la Última Cena en su recuerdo. El rito del pan en 3D nos dejó sin comprender su sentido en los multiniveles de conciencia planetaria.

Nos quedamos con la explicación recibida de la Iglesia: que Él compartió su Cuerpo con nosotros. Sí, pero hay mucho más. El misterio del pan.

Vivir en Oficio de Cristo significa convertirse en pan para ser comido en el mundo. Para fabricar pan se necesita un poco de azúcar y un poco de sal, en la justa medida, además de agua y harina. Azúcar y sal son necesarios para que la levadura crezca. El artesano panadero debe tener oficio para que ambos ingredientes no maten a la levadura.

El alma sabe que debe guiar al ser inferior para reunir todos sus componentes. Ese es su trabajo a lo largo de cuarenta años. Durante ese tiempo, su contenedor en el mundo físico va madurando. El cuerpo, que se expresa a través de la personalidad, se convierte en un buen artesano panadero.

Entonces puede ofrecer al mundo los dones que el Padre le confió al venir a este plano.

Veamos los ingredientes para esta sagrada tarea:

  • La harina corresponde a nuestros egos físico, emocional, mental y espiritual en equilibrio.
  • El agua ya está en todo nuestro cuerpo físico.
  • La sal es el karma necesario para que la vida tenga gusto.
  • El azúcar es el amor de la Tierra y lo tienen nuestros niños en la fruta de nuestros dones del Árbol de la Vida.

¿Y la levadura? Nuestro ser inferior se pregunta: ¿de dónde la sacaremos si Dios nunca estuvo en nosotros?

La levadura de Dios no es algo externo, sino algo que ya traemos desde el origen. Solo debemos recordar y ver el mundo con Ojos de Dios.

Todo fue antes de que el mundo fuera. La sabiduría popular lo registra: «Cada niño nace con un pan bajo el brazo». La trajimos al nacer.

Puede haber sucedido que la unión de nuestros padres estuviera marcada por mucho karma. Entonces, poco después de nacer a esta realidad, el exceso de sal pudo haber matado nuestra levadura.

Cuando la levadura de Dios no crece, el camino se convierte en un verdadero peregrinaje de sangre, sudor y lágrimas para recuperar el equilibrio. Entonces, los cuarenta años se convierten en un verdadero peregrinaje de sangre, sudor y lágrimas. Durante ese tiempo, debemos quitar el exceso de sal y equilibrarlo con el azúcar.
La persona en 3D confunde la energía de 4D. A cambio de un poco de azúcar, acepta toneladas de sal. De ese modo, nunca logra equilibrar sus cuentas con el Padre.

La búsqueda en la salida del laberinto debe darse en el encuentro del equilibrio de la pareja interna.

En este momento planetario, el exceso de la energía 4D que busca la ascensión en este lado del tiempo es atraído por cada ser humano y, por añadidura, por cada relación de pareja, por cada familia y grupo de almas, para cerrar las cuentas pendientes en este y en el otro lado del tiempo.

Si cada ser humano alcanzara el equilibrio interior, viviríamos en el Paraíso. Pero habitamos en un universo kármico.

En él, la diferencia de concentración de la energía 4D pendiente entre unos y otros pone la energía en movimiento. Ocurre como en una reacción química. Las sustancias tienden a equilibrarse y a buscar su propio nivel.

La búsqueda del amor en el mundo

¿Qué nos atrae del otro? Pues el azúcar. ¿Qué es el azúcar? El azúcar es el amor de la Tierra que toma distintas máscaras, tales como el deseo de posesión, el deseo sexual, el amor condicional o el interés.

En tal sentido, funcionamos como insectos atraídos por un dulce.

Cada uno de nosotros es un fruto exquisito del Árbol de la Vida, en el Edén del Padre. Sin embargo, nuestros aprendizajes pueden haber hecho que ese fruto se pudriera o se volviera ácido.

Tal vez lo ofrecimos con las manos llenas. Pero quien lo recibió terminó escupiéndolo en nuestra cara. Eso nos hizo sentir muy mal. Nos sentimos poco valiosos e indignos de que alguien pudiera querernos alguna vez.

O quizá nunca creímos que pudiéramos resultar apetecibles para nadie. Alguien nos lo dio a entender, y nosotros lo aceptamos.

Entonces, de manera inconsciente, seguimos actuando como niños. Intentamos que nuestra fruta sea deseada por otros. Porque, a través de ese reflejo, abrigamos la esperanza de aceptarnos algún día.

En la 3D todo parece válido. Se busca fuera aquello que no se posee dentro. La persona crea objetivos y nichos referenciales. Les asigna plazos concretos para alcanzarlos.

Con el tiempo, esos objetivos se convierten en las metas de su vida. Entonces, algunos creen que su fruto será valorado si se casan con determinada persona. Otros lo buscan en un título académico, en una cirugía, en un determinado físico, en un automóvil, en un departamento o en una posición social.

Las posibilidades parecen infinitas. La publicidad de una sociedad muestra con claridad ese abanico de aspiraciones. Esos son los nichos referenciales artificiales que crea la sociedad de consumo.

El origen de los condicionamientos energéticos

Pero existen condicionamientos mucho más fuertes y menos evidentes. Son aquellos que nuestro niño interior captó en los primeros años de vida, e incluso durante la gestación. Esas experiencias dejan una impronta profunda. Marcan nuestro nacimiento y condicionan kármicamente la atracción hacia determinadas sustancias o energías.

Con frecuencia, se trata de vibraciones que la madre transmitió a través de la placenta. Más tarde, el niño busca en el mundo físico un azúcar semejante. Lo hace a través del contacto con el otro. Así intenta recrear la misma energía del útero materno, bajo la ilusión del amor de la Tierra.

Quienes no fueron aceptados y cuyas madres intentaron abortarlos sin éxito enfrentan una dificultad mayor. Kármicamente, les resulta más difícil reconstruir esa ilusión. Carecen del contexto energético necesario para hacerlo.

Grande es la tarea del amor de la Tierra. La ilusión de la 3D intenta reproducirla. Su propósito es hacer que cada ser humano se sienta protegido, como en el útero materno.

En realidad, esa ilusión deberíamos tenerla cada uno en sí mismo y, entonces, se convertiría en realidad en el espejo del otro. Pero, en el mundo al revés, buscamos afuera lo que no tenemos dentro.

El enamoramiento, la atracción entre azúcares complementarios, realiza la ilusión. Es como la magia del amor menor: el encantamiento, el endulzamiento.

Con el tiempo ocurrirá que el contacto físico entre ambos provocará que la reacción química inicial continúe con la reacción química entre las sales de uno y de otro. Estas comienzan a fluir buscando el equilibrio.

La sal es el karma, el aprendizaje pendiente.

Hay dos formas en que la sal se cristaliza energéticamente, y dependen de la aceptación de la energía.

La ilusión del capullo-matriz

Cristalización inmediata: si hay exceso de sal y el anhelo por lo dulce, nacido de la desvalorización, no es patológico, la sal reemplazará el efecto dulce. Entonces, la relación se disolverá al poco tiempo.

Cristalización retardada con efectos en 3D: si el deseo del azúcar que el otro aporta a la relación es muy grande, la persona tolerará el exceso de sal. Aceptará esa sal en su cuerpo en 3D. Y, con el tiempo, enfermará.

La química del karma produce un efecto particular. Al final de la jornada, las sales buscan equilibrarse. Tienden a alcanzar un punto neutro para la Ascensión. Entonces, quien tenía menos sal queda “más salado”. Y quien tenía más sal alivia su tensión porque “pierde sal”. Si quien quedó “salado” no estaba preparado para recibir ese exceso, debe retirarlo rápidamente. De lo contrario, la sal precipitará en su cuerpo físico. Y terminará enfermándolo.

Los mecanismos para evacuar el exceso de sal dependen de los chakras afectados en el intercambio salino. Las lágrimas son una forma de liberación. La sudoración también. Incluso el sexo inmediato después de una discusión puede actuar como una vía de descarga. Todos estos mecanismos ayudan a quemar karma y a eliminar el exceso de sal.

Por eso hay personas a las que las peleas las excitan y hasta las generan: es un mecanismo 4D/3D de quemar lo que no toleran en su campo energético, utilizando a su pareja.

Si el exceso de esta energía 4D ingresa en el cuerpo “del que quedó salado”, lo enfermará en el órgano físico que kármicamente haya aceptado la sal.

La piel, si se afectó el cuerpo etérico; el estómago, si se afectó el cuerpo emocional; etc.

El síndrome de fatiga crónica tiene su origen en esta aceptación pasiva de la energía de forma kármica.

Si continúa avanzando, traerá como consecuencia depósitos de la energía de formas-pensamiento en los órganos internos que kármicamente se afecten, por miedo a que quien le envió el exceso de sal —y que el sujeto aceptó— le deje de dar su azúcar, su amor condicional, que necesita para hacer crecer su levadura.

Cristalización retardada con efectos en 4D: se genera un muro con forma de útero o cueva de sal en 4D.

La persona, en la búsqueda del amor de la Tierra, activa inconscientemente una energía viuda negra. Le pide energéticamente a la energía símil-madre que le dé su azúcar y lo cobije en su útero protector, hombre o mujer, como si fuera la madre.

Si la situación se acepta energéticamente, continuarán juntos hasta que uno de los dos avance al próximo estado de conciencia.

Este es el caso de los hombres que tienen a sus mujeres de hijas y de las mujeres que no están casadas con un hombre, sino que lo han convertido en su hijo. En casos extremos, aparece la relación dominador-dominado, víctima-victimario.

El deseo sexual desaparece porque viven el vínculo como madre-hijo o padre-hija.

¿Cómo actúa en este caso la energía?

Es el estereotipo de la energía viuda negra. El azúcar de la viuda negra mantiene a la energía-hijo dentro de su capullo-matriz. Allí permanece feliz, porque recibe aquello que necesita.

El exceso de sal entre ambos no ingresa en la energía-hijo ni la enferma. Por el contrario, actúa como un refuerzo.

Forma un muro con apariencia de útero energético. Ese muro se convierte en un capullo-matriz. Así, la ilusión prolonga el parto más allá de toda lógica.

Una mirada desde el mito

¿Recuerdas a Ulises? La Odisea de Homero narra su largo viaje de regreso a Ítaca. En una de sus travesías, naufragó en la isla de Circe, la Maga.
Circe creó sobre Ulises un capullo-matriz. Le indujo la ilusión del placer. Lo retuvo en su isla, más allá del tiempo lineal. Creó para él un tiempo artificial.
Así, Ulises dejó de recordar que debía seguir navegando por el mar del mundo en busca de su propia isla.

¿Fue perversa Circe? No. Deseaba amor para no permanecer sola en su isla, condenada por los dioses al ostracismo.
¿Fue inconsciente Ulises? Tampoco.
En cierto modo, no se atrevía a volver a surcar aquellos mares llenos de peligros, bajo la condena de Poseidón.
Esta energía es castradora. Mantiene al ser dentro de la ilusión de lo dulce y del amor. No le permite crecer.
Como un bebé prematuro, el feto permanece siempre pequeño.

Pero, así como cuenta la leyenda, Ulises despertó un día con ayuda de los dioses. Entonces huyó de la isla.
Lo mismo ocurre con quienes despiertan de la ilusión de su jaula de oro.
Cuando la persona toma conciencia de su encierro, siente que despierta de un estado de catalepsia dentro de un ataúd. Con frecuencia, el cuerpo expresa ese proceso. Pueden aparecer asfixia, alergias respiratorias, asma y distintos tipos de ahogo.

La desesperación impulsa a la persona a romper el capullo-matriz de sal. Quienes la rodean no comprenden lo que le sucede: “Si todo es tan perfecto, ¿qué te pasa?”.
La culpa puede llevarla a la depresión. No entiende por qué no es feliz, cuando en apariencia debería serlo. “Te da todo, ¿qué más quieres?”.
Pues, respirar.

Si encuentra la fuerza para romper el capullo-matriz, la relación llegará a su fin. Solo podrá continuar si la otra parte acepta el nuevo estado de conciencia.

El nuevo ser, nacido de esa experiencia, huye en busca de distancia. Necesita alejarse de su carcelero, de esa madre-padre energético que lo mantiene en la ilusión. Pero no sabe con claridad quién es.

Tampoco cuenta, como Ulises, con la certeza de la ayuda de los dioses. Por eso regresa una y otra vez.

Con cada regreso, el capullo-matriz comienza a formarse de nuevo. Llega un momento en que ya no tiene fuerzas para romperlo otra vez. Entonces se resigna. Acepta la ilusión de que “todo está bien”. Y permanece allí hasta su muerte.

Mientras tanto, la sal de esas paredes empieza a filtrarse en sus huesos.

La esperanza de la levadura nueva

Hay una esperanza.

Puede suceder que, por Gracia, el néctar de los dioses llegue hasta su pozo de Elías. Entonces despertará en él el gusto por el néctar divino. Comenzará a desearlo en este mundo más que al azúcar.

Cuando eso ocurra, la ilusión de su encierro se disolverá. Podrá amar incondicionalmente a su carcelero en la ilusión. Y, al hacerlo, también lo liberará.

Así somos todos los seres humanos. Aceptamos condicionamientos energéticos porque vivimos desconectados de Dios.

Buscamos el amor en planos inferiores. Ese amor no es más que un débil reflejo del Amor de Dios.

Pero hay una salida, incluso en medio de tantos errores kármicos.

El Maestro Jesús lo expresó con claridad:

“Hombres de poca fe, si tuvieran una fe del tamaño de un grano de mostaza, podrían decir a esa higuera que se arroje al mar. Y, si no dudaran en su corazón, así ocurriría.”

Siempre tenemos la oportunidad de traer más levadura al mundo. Un niño, un hijo del alma, representa la posibilidad de recibir nueva levadura del Padre.

Cuando todo en este mundo parece anunciar muerte, un nuevo nacimiento trae esperanza de vida.

El nuevo nacimiento de nuestro niño interior trae nuevamente la levadura del Padre. Llega con la posibilidad de hacer un buen pan y multiplicar los dones.

Cuando no logramos hacerlo por nosotros mismos, traemos hijos al mundo. Ellos llegan con la levadura bajo el brazo. Por amor de la Tierra, entregan esa levadura de manera incondicional. Al hacerlo, comparten con nosotros nuestro karma.

Y conservan una esperanza secreta, regalo de los dioses.
Esa esperanza es que, algún día, cumplamos el desafío de nuestra vida en este plano.
Recupera tus dones y trabájalos amasándolos como pan. Da de comer tu «pan nuestro de cada día» al mundo, en Oficio de Cristo.

Que el Espíritu nos guíe Siempre.
Con Amor Incondicional,
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Sexualidad Sagrada · Etiquetas: amor de la Tierra, Árbol de la Vida, karma, niño interior, Oficio de Cristo

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