• Skip to main content
  • Aviso Legal
  • Cookies
  • Privacidad
  • Tienda
  • Mapa de sitio

CanalizandoLuz

Encuentra tu camino hacia la iluminación

  • Inicio
  • Lo Destacado
  • Mapa de sitio
  • Contacto

Cristianismo ortodoxo

Los 13 arrepentimientos de Pistis Sophia

Los 13 arrepentimientos de Pistis SofíaEl leer cada arrepentimiento de la Sophia caída en el Universo Kármico pidiendo regresar a la luz activará la fe y te atraerá liberación divina. Esta enseñanza se encuentra en el Pistis Sophia. Este es un texto gnóstico copto que relata la historia de la caída del Conocimiento (Pistis) en el universo kármico, donde queda atrapado en un plano de ignorancia y sufrimiento. En esta experiencia, la Fe (Sophia) —que representa la Fe viva— eleva sus súplicas a la Divinidad, pidiendo ser rescatada de las fuerzas que la retienen en la oscuridad (La Sophia caída).

Estos ruegos de la Sophia caída, conocidos como los 13 arrepentimientos, son clamores que buscan la reconexión con la Luz y la liberación del alma. En el libro original, estas plegarias se encuentran en la versión comentada de J. J. Hurtak, pero sus contenidos coinciden con salmos de la Biblia. Por eso, para quienes no tienen acceso al Pistis Sophia, se recomienda leer los salmos bíblicos correspondientes para activar la misma energía de liberación.

Cómo practicar los 13 días de arrepentimiento

Durante 13 días consecutivos, lee cada día los 13 salmos correspondientes a cada arrepentimiento, preferiblemente en distintos horarios. Si cuentas con la edición comentada del Pistis Sophia, puedes leer un arrepentimiento completo por día. Para potenciar la energía de conexión con la Luz, se recomienda iniciar la práctica al día siguiente del plenilunio.

Correspondencia entre arrepentimientos y salmos

Arrepentimiento Salmo
1º (pág. 160) 69 (pág. 174)
2º (pág. 180) 71 (pág. 186)
3º (pág. 189) 70 (pág. 191)
4º (pág. 193) 102 (pág. 198)
5º (pág. 205) 88 (pág. 212)
6º (pág. 217) 130 (pág. 220)
7º (pág. 225) 25 (pág. 232)
8º (pág. 238) 31 (pág. 244)
9º (pág. 251) 35 (pág. 257)
10º (pág. 265) 120 (pág. 267)
11º (pág. 269) 52 (pág. 271)
12º (pág. 274) 109 (pág. 109)
13º (pág. 283) 51 (pág. 285)

Cantos y alabanzas complementarias

  • Cantos de Liberación – Odas de Salomón: 1º (pág. 288) → Oda 5 | 2º (pág. 292) → Oda 19
  • Cantos de alabanza – Salmo 107 (pág. 431)
  • Lecturas adicionales: pág. 72, 82, 99 (nº 49), 564, 566, 570 | Salmo 85 (pág. 296)

Actividad propuesta: Lee los salmos correspondientes a cada arrepentimiento para activar la energía de liberación, invocando la fuerza de la Sophia que pide ser rescatada por la Luz Divina.
Nota: Se trata de una práctica muy poderosa y te recomiendo no usarla vanamente. Utilízala en situaciones extremas de desesperación o dolor.

trece arrepentimientos de Pistis Sophia en Salmos de la Biblia

Salmos de Pistis Sophia en la Biblia

Los trece arrepentimientos de Pistis Sophia en Salmos de la Biblia son clamores de la Fe (Pistis) y la Sabiduría (Sophia), que, habiendo sido atrapada en la frecuencia del Universo kármico del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, clama por regresar a los Universos de Luz de donde provino.

Primer arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 69

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». De David.

2 ¡Sálvame, Dios mío,
porque el agua me llega a la garganta!
3 Estoy hundido en el fango del Abismo
y no puedo hacer pie;
he caído en las aguas profundas,
y me arrastra la corriente.
4 Estoy exhausto de tanto gritar,
y mi garganta se ha enronquecido;
se me ha nublado la vista
de tanto esperar a mi Dios.
5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver
lo que yo no he robado!
6 Dios mío, tú conoces mi necedad,
no se te ocultan mis ofensas.
7 Que no queden defraudados por mi culpa
los que esperan en ti, Señor del universo;
que no queden humillados por mi causa
los que te buscan, Dios de Israel.
8 Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
9 me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
10 porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
11 Cuando aflijo mi alma con ayunos,
aprovechan para insultarme;
12 cuando me visto de penitente,
soy para ellos un motivo de risa;
13 los que están a la puerta murmuran contra mí,
y los bebedores me hacen burla con sus cantos.
14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.
15 Sácame del lodo para que no me hunda,
líbrame de los que me odian
y de las aguas profundas;
16 que no me arrastre la corriente,
que no me trague el Abismo,
que el Pozo no se cierre sobre mí.
17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,
por tu gran compasión vuélvete a mí;
18 no me ocultes el rostro a tu servidor,
respóndeme pronto, porque estoy en peligro.
19 Acércate a mí y rescátame,
líbrame de mis enemigos:
20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra,
todos mis enemigos están ante ti.
21 La vergüenza me destroza el corazón,
y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,
en vano busco un consuelo:
22 pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre.
23 Que su mesa se convierta en una trampa,
y sus manjares, en un lazo;
24 que se nuble su vista y no vean
y sus espaldas se queden sin fuerza.
25 Descarga sobre ellos tu indignación,
que los alcance el ardor de tu enojo;
26 que sus poblados se queden desiertos
y nadie habite en sus carpas.
27 Porque persiguen al que tú has castigado
y aumentan los dolores del que tú has herido.
28 Impútales una culpa tras otra,
no los declares inocentes;
29 bórralos del Libro de la Vida,
que no sean inscritos con los justos.
30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,
que tu ayuda me proteja:
31 así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias;
32 esto agradará al Señor más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
33 Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan a Dios:
34 porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos.
35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,
y todos los seres que se mueven en ellos;
36 porque Dios salvará a Sión

y volverá a edificar las ciudades de Judá:
37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,
y los que aman su nombre morarán en ella.

Segundo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 71

1 Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
2 Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.
3 Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
4 ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío,
de las garras del malvado y del violento!
5 Porque tú, Señor, eres mi esperanza
and mi seguridad desde mi juventud.
6 En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector,
y mi alabanza está siempre ante ti.
7 Soy un motivo de estupor para muchos,
pero tú eres mi refugio poderoso.
8 Mi boca proclama tu alabanza
y anuncia tu gloria todo el día.
9 No me rechaces en el tiempo de mi vejez,
no me abandones, porque se agotan mis fuerzas;
10 mis enemigos hablan contra mí,
y los que me acechan se confabulan, diciendo:
11 «Dios lo tiene abandonado: persíganlo,
captúrenlo, porque no hay nadie quien lo libre».
12 ¡Oh Dios, no te quedes lejos de mí;
Dios mío, ven pronto a socorrerme!
13 ¡Queden confundidos y humillados
los que atentan contra mi vida!
¡Queden cubiertos de oprobio y de vergüenza
los que buscan mi perdición!
14 Yo, por mi parte, seguiré esperando
and te alabaré cada vez más.
15 Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
16 Vendré a celebrar las proezas del Señor,
evocaré tu justicia, que es solo tuya.
17 Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.
18 Ahora que estoy viejo y lleno de canas,
no me abandones, Dios mío,
hasta que anuncie las proezas de tu brazo
a la generación que vendrá.
19 Tu justicia llega hasta el cielo, oh Dios:
tú has hecho grandes cosas,
y no hay nadie igual a ti, Dios mío.
20 Me hiciste pasar por muchas angustias,
pero de nuevo me darás la vida;
me harás subir de lo profundo de la tierra,
21 acrecentarás mi dignidad
y volverás a consolarme.
22 Entonces te daré gracias con el arpa,
por tu fidelidad, Dios mío;
te cantaré con la cítara,
a ti, el Santo de Israel.
23 Mis labios te cantarán jubilosos,
y también mi alma, que tú redimiste.
24 Yo hablaré de tu justicia todo el día,
porque quedarán confundidos y avergonzados
los que buscan mi perdición.

Tercer arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 70

1 Del maestro de coro. De David. En memoria.

2 ¡Líbrame, Dios mío!
¡Señor, ven pronto a socorrerme!
3 Que se avergüencen y sean humillados
los que quieren acabar con mi vida.
Que retrocedan confundidos
los que desean mi ruina;
4 que vuelvan la espalda avergonzados los que se ríen de mí.
5 Que se alegren y regocijen en ti
todos los que te buscan;
y digan siempre los que desean tu victoria:
«¡Qué grande es nuestro Dios!».
6 Yo soy pobre y miserable:
ven pronto, Dios mío;
tú eres mi ayuda y mi libertador,
¡no tardes, Señor!

Cuarto arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 102

1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor.

2 Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
3 no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco.
4 Porque mis días se disipan como el humo,
y mis huesos arden como brasas;
5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba,
¡y hasta me olvido de comer mi pan!
6 Los huesos se me pegan a la piel,
por la violencia de mis gemidos.
7 Me parezco a una lechuza del desierto,
soy como el búho entre las ruinas;
8 estoy desvelado, y me lamento
como un pájaro solitario en el tejado;
9 mis enemigos me insultan sin cesar,
y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.
10 Yo como ceniza en vez de pan
y mezclo mi bebida con lágrimas,
11 a causa de tu indignación y tu furor,
porque me alzaste en alto y me arrojaste.
12 Mis días son como sombras que se agrandan,
y me voy secando como la hierba.
13 Pero tú, Señor, reinas para siempre,
y tu Nombre permanece eternamente.
14 Tú te levantarás, te compadecerás de Sión,
porque ya es hora de tenerle piedad,
ya ha llegado el momento señalado:
15 tus servidores sienten amor por esas piedras
y se compadecen de esas ruinas.
16 Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
17 cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
18 cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.
19 Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
20 porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
21 para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
29 Los hijos de tus servidores tendrán una morada
y su descendencia estará segura ante ti.
22 para proclamar en Sión el nombre del Señor
y su alabanza en Jerusalén,
23 cuando se reúnan los pueblos y los reinos,
y sirvan todos juntos al Señor.
24 Mis fuerzas se debilitaron por el camino
y se abreviaron mis días;
25 pero yo digo: «Dios mío,
no me lleves en la mitad de mi vida,
tú que permaneces para siempre».
26 En tiempos remotos, fundaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos;
27 ellos se acaban, y tú permaneces:
se desgastan lo mismo que la ropa,
los cambias como a un vestido, y ellos pasan.
28 Tú, en cambio, eres siempre el mismo,
y tus años no tienen fin.

Quinto arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 88

1 Canto. Salmo de los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema de Hernán, el aborigen.

2 ¡Señor, mi Dios y mi salvador,
día y noche estoy clamando ante ti:
3 que mi plegaria llegue a tu presencia;
inclina tu oído a mi clamor!
4 Porque estoy saturado de infortunios,
y mi vida está al borde del Abismo;
5 me cuento entre los que bajaron a la tumba,
y soy como un hombre sin fuerzas.
6 Yo tengo mi lecho entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
como aquellos en los que tú ya ni piensas,
porque fueron arrancados de tu mano.
7 Me has puesto en lo más hondo de la fosa,
en las regiones oscuras y profundas;
8 tu indignación pesa sobre mí,
y me estás ahogando con tu oleaje.
9 Apartaste de mí a mis conocidos,
me hiciste despreciable a sus ojos;
estoy prisionero, sin poder salir,
10 y mis ojos se debilitan por la aflicción.
Yo te invoco, Señor, todo el día,
con las manos tendidas hacia ti.
11 ¿Acaso haces prodigios por los muertos,
o se alzan los difuntos para darte gracias?
12 ¿Se proclama tu amor en el sepulcro,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
13 ¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas,
o tu justicia en la tierra del olvido?
14 Yo invoco tu ayuda, Señor,
desde temprano te llega mi plegaria:
15 ¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué me ocultas tu rostro?
16 Estoy afligido y enfermo desde niño,
extenuado bajo el peso de tus desgracias;
17 tus enojos pasaron sobre mí,
me consumieron tus terribles aflicciones.
18 Me rodearon todo el día como una correntada,
me envuelven todos a la vez.
19 Tú me separaste de mis parientes y amigos,
y las tinieblas son mis confidentes.

Sexto arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 130

1 Canto de peregrinación.

Desde lo más profundo te invoco, Señor,
2 ¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
3 Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
4 Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
5 Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
6 Mi alma espera al Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora,
7 espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
8 él redimirá a Israel
de todos sus pecados.

Séptimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 25

1 De David.

[Alef] A ti, Señor, elevo mi alma,
2 [Bet] Dios mío, yo pongo en ti mi confianza;
¡que no tenga que avergonzarme
ni se rían de mí mis enemigos!
3 [Guímel] Ninguno de los que esperan en ti
tendrá que avergonzarse:
se avergonzarán los que traicionan en vano.
4 [Dálet] Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
5 [He] Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
[Vau] y yo espero en ti todo el día.
6 [Zain] Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
7 [Jet] No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.
8 [Tet] El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
9 [Iod] él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.
10 [Caf] Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
11 [Lámed] ¡Por el honor de tu Nombre, Señor,
perdona mi culpa, aunque es muy grande!
12 [Mem] ¿Hay alguien que teme al Señor?
Él le indicará el camino que debe elegir:
13 [Nun] su alma descansará feliz
y su descendencia poseerá la tierra.
14 [Sámec] El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.
15 [Ain] Mis ojos están siempre fijos en el Señor,
porque él sacará mis pies de la trampa.
16 [Pe] Mírame, Señor, y ten piedad de mí,
porque estoy solo y afligido:
17 [Sade] alivia las angustias de mi corazón,
y sácame de mis tribulaciones.
18 [Qof] Mira mi aflicción y mis fatigas,
y perdona a todos mis pecados.
19 [Res] Mira qué numerosos son mis enemigos
y qué violento es el odio que me tienen.
20 [Sin] Defiende mi vida y líbrame:
que no me avergüence de haber confiado en ti;
21 [Tau] la integridad y la rectitud me protegen,
porque yo espero en ti, Señor.
22 Salva, Dios mío, a Israel
de todas sus angustias.

Octavo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 31

Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia
3 inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
5 Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
6 Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos
y confío en el Señor.
8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
Cuando tú viste mi aflicción
y supiste que mi vida peligraba,
9 no me entregaste al poder del enemigo,
me pusiste en un lugar espacioso.
10 Ten piedad de mí, Señor,
porque estoy angustiado:
mis ojos, mi garganta y mis entrañas
están extenuados de dolor.
11 Mi vida se consume de tristeza,
mis años, entre gemidos;
mis fuerzas decaen por la aflicción
y mis huesos están extenuados.
12 Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí,
13 Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil.
14 Oigo los rumores de la gente
and amenazas por todas partes,
mientras se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida.
15 Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
16 mi destino está en tus manos».
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen.
17 Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia;
18 Señor, que no me avergüence
de haberte invocado.
Que se avergüencen los malvados
y bajen mudos al Abismo;
19 que enmudezcan los labios mentirosos,
los que profieren insolencias contra el justo
con soberbia y menosprecio.
20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.
21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras.
22 ¡Bendito sea el Señor!
Él me mostró las maravillas de su amor
en el momento del peligro.
23 En mi turbación llegué a decir:
«He sido arrojado de tu presencia».
Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,
cuando yo te invocaba.
24 Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios.
25 Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor.

Noveno arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 35

1 De David.

Combate, Señor, a los que me atacan,
pelea contra los que me hacen la guerra.
2 Toma el escudo y el broquel,
levántate y ven en mi ayuda;
3 empuña la lanza y la jabalina
para enfrentar a mis perseguidores;
dime: «Yo soy tu salvación».
4 Que sufran una derrota humillante
los que intentan quitarme la vida;
que vuelvan la espalda confundidos
los que traman mi perdición.
5 Que sean como la paja ante el viento,
mientras el Ángel del Señor los arrastra;
6 que su camino sea oscuro y resbaladizo,
mientras el Ángel del Señor los persigue.
7 Porque me tendieron sus redes sin motivo
y me cavaron una fosa mortal:
8 ¡que los sorprenda un desastre imprevisto;
que sean atrapados por sus propias redes,
y caigan en la fosa que ellos mismos cavaron!
9 Pero yo me alegraré en el Señor,
me regocijaré por su victoria;
10 todo mi ser proclamará:
«Señor, no hay nadie igual a ti;
tú libras al débil de las manos del más fuerte,
y al pobre, de aquel que lo despoja».
11 Se presentan contra mí testigos falsos;
me piden cuenta de cosas que ignoro;
12 me devuelven mal por bien,
dejando mi alma desolada.
13 Yo, en cambio, cuando ellos estaban enfermos,
me cubría con ropas de penitente,
afligía mi alma con ayunos
y oraba con la cabeza inclinada.
14 Ellos eran para mí como un amigo o un hermano,
y yo andaba triste y abatido,
como quien llora la muerte de su madre.
15 Pero cuando tropecé ellos se alegraron,
se juntaron todos contra mí
y me golpearon sorpresivamente;
me desgarraban sin cesar,
16 se burlaban de mí con crueldad
y rechinaban contra mí sus dientes.
17 Señor, ¿cuánto tiempo vas a tolerarlo?
Líbrame de los animales rugientes,
salva mi vida de los leones;
18 y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré en medio de una multitud.
19 ¡Que no canten victoria mis enemigos traicioneros,
ni se guiñen el ojo los que me odian sin motivo!
20 Ellos no hablan de paz,
sino que atacan a los oprimidos de la tierra;
traman planes engañosos
21 y se ríen de mí a carcajadas, diciendo:
«Lo hemos visto con nuestros propios ojos».
22 Tú también lo has visto, Señor, no te calles;
no te quedes lejos de mí, Señor;
23 ¡despiértate, levántate, Dios mío,
Señor mío, defiende mi causa!
24 Júzgame según tu justicia, Señor;
Dios mío, que no canten victoria sobre mí;
25 que no piensen: «Se cumplió nuestro deseo»,
ni digan: «Lo hemos devorado».
26 Que sufran una derrota humillante
los que se alegran de mi desgracia;
que se cubran de confusión y de vergüenza
los que se envalentonan contra mí.
27 Canten, en cambio, y alégrense,
los que desean mi triunfo;
los que desean mi felicidad,
repitan siempre: «¡Qué grande es el Señor
que en la paz de su siervo se complace!».
28 Entonces mi lengua pregonará tu justicia,
y cada día proclamará tu alabanza.

Décimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 120

1 Canto de peregrinación.

En mi aflicción invoqué al Señor,
y él me respondió.
2 ¡Líbrame, Señor, de los labios mentirosos
y de la lengua traicionera!
3 ¿Con qué te castigará el Señor,
lengua traicionera?
4 Con flechas afiladas de guerrero
y con brasas de retama.
5 ¡Ay de mí, que estoy desterrado en Mésec,
y vivo en los campamentos de Quedar!
6 Mucho tiempo he convivido
con los que odian la paz.
7 Cuando yo hablo de paz,
ellos declaran la guerra.

Undécimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 52

1 Del maestro de coro. Poema de David.
2 Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl, diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélec».

3 ¿Por qué te jactas de tu malicia,
hombre prepotente y sin piedad?
4 Estás todo el día tramando maldades,
tu lengua es como navaja afilada,
y no haces más que engañar.
5 Prefieres el mal al bien,
la mentira a la verdad;
6 amas las palabras hirientes,
¡lengua mentirosa!
7 Por eso Dios te derribará,
te destruirá para siempre,
te arrojará de tu carpa,
te arrancará de la tierra de los vivientes.
8 Al ver esto, los justos sentirán temor
y se reirán de él, diciendo:
9 «Este es el hombre que no puso su refugio en Dios,
sino que confió en sus muchas riquezas
y se envalentonó por su maldad».
10 Yo, en cambio, como un olivo frondoso
en la Casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia de Dios.
11 Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles.

Duodécimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 52

1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

Dios de mi alabanza, no te quedes callado,
2 porque unos hombres malvados y mentirosos
han abierto su boca contra mí.
Me han alabado con mentira en los labios,
3 me han envuelto con palabras de odio,
me combaten sin motivo.
4 Me acusan, a cambio de mi amor,
aunque yo oraba por ellos.
5 Me devuelven mal por bien
y odio por amor, diciendo:
6 «Que se ponga contra él a un impío,
y tenga un acusador a su derecha;
7 que salga condenado del juicio
y su apelación quede frustrada.
8 Que sean pocos sus días
y que otro ocupe su cargo;
9 que sus hijos queden huérfanos,
y su mujer, viuda.
10 Que sus hijos vayan errantes, pidiendo limosna,
y sean echados de sus casas derruidas;
11 que el acreedor se apodere de sus bienes,
y gente extraña le arrebate sus ganancias.
12 Que ni uno solo le tenga piedad,
y nadie se compadezca de sus huérfanos;
13 que su posteridad sea exterminada,
y en una generación desaparezca su nombre.
14 Que el Señor recuerde la culpa de sus padres,
y no borre el pecado de su madre:
15 que estén siempre delante del Señor,
y él extirpe su recuerdo de la tierra.
16 Porque nunca pensó en practicar la misericordia,
sino que persiguió hasta la muerte al pobre,
al desvalido y al hombre atribulado.
17 Amó la maldición: que recaiga sobre él;
no quiso la bendición: que se retire de él.
18 Se revistió de la maldición como de un manto:
¡que ella penetre como agua en su interior
y como aceite en sus huesos;
19 que sea como un vestido que lo cubra
y como un cinturón que lo ciña para siempre!».
20 Que así retribuya el Señor a mis acusadores,
a aquellos que me calumnian.
21 Pero tú, Señor, trátame bien,
por el honor de tu Nombre;
líbrame, por la bondad de tu misericordia.
22 Porque yo soy pobre y miserable,
y mi corazón está traspasado;
23 me desvanezco como sombra que declina,
soy sacudido como la langosta.
24 De tanto ayunar se me doblan las rodillas,
y mi cuerpo está débil y enflaquecido;
25 soy para ellos un ser despreciable,
al verme, mueven la cabeza.
26 Ayúdame, Señor, Dios mío,
sálvame por tu misericordia,
27 para que sepan que aquí está tu mano,
and que tú, Señor, has hecho esto;
28 no importa que ellos maldigan,
con tal que tú me bendigas.
Queden confundidos mis adversarios,
mientras tu servidor se llena de alegría:
29 que mis acusadores se cubran de oprobio,
y la vergüenza los envuelva como un manto.
30 Yo daré gracias al Señor en alta voz,
lo alabaré en medio de la multitud,
31 porque él se puso de parte del pobre,
para salvarlo de sus acusadores.

Décimo tercer arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 51

1 Del maestro de coro. Salmo de David. 2 Cuando el profeta Natán lo visitó, después que aquel se había unido a Betsabé.

3 ¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
4 ¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
5 Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
6 Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
7 yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.
8 Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
10 Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.
11 Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
13 No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
14 Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
15 yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
17 Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
18 Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
19 mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
20 Trata bien a Sión por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén,
21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales
–las oblaciones y los holocaustos–
y se ofrecerán novillos en tu altar.

Extraído de la Biblia on line «El Pueblo de Dios».

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas, Cristianismo ortodoxo, Rituales · Etiquetas: práctica espiritual, Salmos bíblicos

Corpus Christi

Corpus Christi, EucaristíaCorpus Christi celebra la Eucaristía instituida en la Última Cena, cuando Jesús compartió el pan y el vino con sus discípulos antes de su Pasión.

Los signos del pan y del vino, escogidos para este misterio, representan Su Cuerpo y Su Sangre. Son símbolos que nos recuerdan el gesto profundo de recibir, agradecer y compartir como Iglesia viva, como comunidad reunida en honor a Dios.

«Tomad y comed, este es mi cuerpo. Tomad y bebed, esta es mi sangre. Quien coma y beba vivirá eternamente. Haced esto en memoria mía».

En el misterio de la transubstanciación, el pan y el vino se transforman en el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo.

San Juan Crisóstomo lo expresó con claridad:
“No es el hombre quien hace que las ofrendas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino la fuerza y la eficacia de la Palabra del Maestro y la acción del Espíritu Santo. Por la bendición, la naturaleza misma resulta cambiada”.

La Eucaristía es el encuentro con un Amor más fuerte que la muerte. Participar de este banquete sagrado es acoger los frutos de la redención. La presencia crística se revela en nuestro interior, manifestando el triunfo de la Verdad. Cuando recibimos la Comunión, el Cristo vivo se hace presente en cada célula de nuestro ser. Él ilumina incluso a nuestros enemigos internos, debilitándolos y venciendo con la fuerza de la Luz.

Santo Tomás de Aquino, en uno de sus himnos eucarísticos, nos anima con estas palabras:
«Quantum potes, tantum aude» —atrévete cuanto puedas a alabarle como Él merece.

El Maestro Jesús nos dejó en la Última Cena este memorial de Amor y de Fe. Ni el amor ni la fe se pueden fingir: se cultivan día a día, como una llama viva que sostiene nuestra existencia. Dios está presente en Jesucristo en este sacramento. Cuando comulgamos, se hace Carne y Vida en nosotros, abriendo el manantial del Cristo interior: la fuente de toda nuestra capacidad de amar.

✨ Feliz Corpus Christi ✨
Brinda Mair







Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas, Festividades católicas · Etiquetas: San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Aquino

San Juan Crisóstomo y la adversidad

San Juan Crisóstomo y la adversidad

San Juan Crisóstomo y la adversidad nos recuerdan que, cuando todo parece hundirse, podemos pedir su intercesión y caminar sobre las aguas sosteniendo la fe. En los momentos en que los problemas amenazan con ahogarnos, invoquemos a este santo para que interceda ante Dios Padre.

Hay quienes, en ese estado, recurren a lo que creen que podrá salvarlos: un préstamo, una hipoteca o propuestas de dudosa solución que acarrearán problemas mayores a corto plazo, incluso la pérdida de la libertad o de la salud. La desesperación puede empujar a participar en estafas, vender drogas o hasta entregar un riñón.

La desesperación también puede llevar a pensar en el suicidio, como si escapar fuese mejor que seguir viviendo. Si conoces a alguien que se aproxima a ese umbral, o si tú mismo estás ahí y aún conservas la fe suficiente para recurrir a la Luz de todo lo que es, pide hoy la intercesión de San Juan Crisóstomo. Así como Pedro, apóstol, intentando seguir a Jesús en medio del mar de Galilea, comenzó a caminar sobre las aguas y, al temer, se hundía hasta que la mano de Jesús lo rescató, confiemos y pidamos: Dios, que por intercesión de San Juan Crisóstomo me sostengas en el mar de las adversidades de la vida.

Yo estuve en ese lugar un día y recibí una gracia: una conexión angélica me dijo “di tu sutra (palabra de poder)”. Ese sutra nunca me había funcionado, lo había intentado tantas veces que había desistido. Lo dije y funcionó. Sentí como si una mano poderosa me elevara y la angustia se disolviera. Desde entonces dejó de tener sentido desesperarme. Sé que ocurrió por la intercesión de este santo: San Juan Crisóstomo.

Oración a San Juan Crisóstomo

San Juan Crisóstomo, ruega a Cristo Jesús por mí, para que con su asistencia sea capaz de caminar sobre las aguas del mar de las adversidades.

San Juan Crisóstomo, protégeme de las calumnias, las habladurías, la difamación y la desidia de quienes, sin calumniar directamente, prestan oído al error y lo propagan con su silencio.

Dios mío, da refugio a mi Ego Niño en tu templo.
Dios mío, da refugio a mi Yo Personalidad en tu templo.
Dios mío, da refugio a mi alma en tu templo.

Ayúdame a que mi Yo crístico se exprese en el mundo, conmoviendo incluso a mis enemigos, desarmándolos con la verdad y con la alegría que solo concede tu amor.

Maestro Jesús, te prometo que no te daré un beso como Judas; como el buen ladrón, te reconoceré.

Recuérdame, oh Señor Jesús, que estás en tu Reino. Recuérdame, oh Maestro Jesús, que estás en tu Reino. Recuérdame, oh Santo, desde tu lugar en el Reino de Dios.

Oh, Señor Jesús, que el conocimiento, la revelación, la lucidez, la elocuencia y toda la asistencia que recibo de Ti sirvan para sanar mi alma y mi cuerpo, y jamás para mi juicio o condenación.

Oh Señor Dios, por la intercesión de san Juan Crisóstomo, escucha mi oración. Amén.

Sobre el sutra para “caminar sobre las aguas”

La tradición hermética enseña que el sutra es para uso personal. Si lo entregas a otro, lo pierdes para ti, y tampoco servirá a quien lo reciba. Practícalo y conquístalo. Actívalo a diario durante un año y una semana, repitiéndolo 120 veces cada día. Puedes ayudarte con un rosario o japamala.

Podcast

Escucha nuestro podcast: San Juan Crisóstomo y el caminar sobre las aguas. Duración: 11:09. #PodcastBrindaMair

Escucha también: San Juan Crisóstomo (para ser escuchado cuando tengas el sutra o palabra de poder). Duración: 6:48. #PodcastBrindaMair

Créditos de imagen: #desmotivaciones — Los problemas te ahogan (Korabli, Wookie).

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Ciencias Sagradas, Cristianismo ortodoxo, Santoral · Etiquetas: Estrategia La Gracia, fe, podcast

Técnica de Diafanía o de iluminación

técnica de diafanía, luz de santosLa técnica de diafanía es luz espiritual, tal como la poseyeron los santos. Esta práctica conduce a elevar la vibración personal y favorecer procesos evolutivos que atraen a nuestra vida personas afines, que se reconocen mutuamente y se aúnan con fines espirituales. Todo fluye como la luz de santos que irradia y transforma.

Es un brillo profundo como el de la tensión interna (que permite la llegada de la gracia divina). No modifica el orden aparente de las cosas. Es un resplandor por el cual, primero en mi interior, luego en mi cuerpo y más tarde en mi entorno, se produce un baño de luz que surge de mí, intensificando y dando relieve a todo lo que se me acerca. Toda situación se vuelve única, encantada. Cuando hay diafanía se está en un goce que ningún poder del mundo puede igualar, ni nada puede impedir que ese fenómeno crezca y penetre en mi alma y en todo lo que me rodea.

No podemos forzar su aparición: primero, porque puede afectarnos físicamente; segundo, porque su encanto radica en la gradualidad con que se manifiesta; y tercero, porque debo esperar a que la Gracia venga.

La persona que practica esta técnica de diafanía se encuentra con seres igualmente iluminados. Son imanes que hacen que las almas se reconozcan y trabajen para el pleroma, la Nueva Tierra. Puede venir acompañada, o no, de múltiples carismas, siempre irradiando la luz de santos que guía el camino espiritual.

Duración: 40 días.
Importante: Debe realizarse después de haber trabajado al menos dos de las Técnicas para la adquisición de virtudes teologales. Si se hiciera a la inversa, se obtendría una Gracia Gratis Dada y se incurriría en falta (concepto teológico).

Materiales: Un cirio. Sahumerio para técnicas (buscar preparación en Sendero de Ciencias Sagradas).
Contador Alquímico: debe fabricarse (también está en el mismo Sendero).

Desarrollo:
Debo seguir las cuentas con formas del contador alquímico.
Me persigno, enciendo el cirio y el sahumerio para técnicas, y rezo:

1ª cuenta: Un Padrenuestro.

2ª cuenta: Un Ave María.

3ª cuenta: Pedido: “Señor Dios, es Tu Voluntad, que mi alma y mi cuerpo se llenen de la Luz de Tu Rostro”. Amén.

Medalla de la Virgen: Por visualización (en Ciencias Sagradas se le llama “fantasía verdadera”), imaginamos la Luz del Señor en nosotros. Miro la luz del Cristo que me da la vida y calor. Permanezco el tiempo que desee expandiendo la Luz de mi corazón a todo mi cuerpo físico, hasta tener un aura tan grande como desee. Al principio puede costar, pero con el paso de los días será más fácil. Esta visualización fortalece la técnica de diafanía como medio de elevar la vibración personal.

1ª estrella: “Señor, sabemos y presentimos que estás por todas partes en torno a nosotros, pero parece que hay un velo sobre mis ojos. Haz que brille en todo Tu Rostro Universal. Que tu brillo profundo aclare hasta las entrañas, las oscuridades densísimas en cuyo seno me muevo. Y para esto envíame tu Espíritu, cuya acción inflamada puede operar sola los principios y la perfección de la Gran Metamorfosis, hacia la cual confluye toda perfección interior y por la que gime vuestra Creación”. (Leer comprendiendo su significado).

2ª estrella: “Señor, ahora estoy segurísimo. Ni la vida, cuyos progresos aumentan el contacto que tienes sobre mí, ni la muerte que me permite ascender hacia Ti, ni las fuerzas espirituales que son tus instrumentos vivos, ni las energías de la materia en donde te has sumergido, ni las irreversibles ondas de la duración, de las que en última instancia controlas el ritmo y el fluir, ni las insondables profundidades del espacio que miden tu grandeza (Romanos 8); nada de todo esto podrá separarme de tu amor sustancial, porque todo ello no es más que el velo, la ilusión bajo la cual vienes a mí para que yo pueda tomarte”.

3ª estrella: Concentrarse en la Luz del Señor en mí, diciendo una oración o pidiendo esa luz por intercesión de un santo amigo (oración libre). Aquí puedo decir “La Gran Invocación” tres veces seguidas.

1º pie – Sutra o Conjura:
“Domine, fac ut videam, illumina vultum tuum super nos. Sit splendor Domini nostri super nos. Spiritus principalis. Emite Spiritum tuum, et creabuntur. Et renovabis faciem terrae”.

2º pie:
“Señor, atraviesa todo.
Señor, intensifícalo todo.
Señor, engrandécelo todo, que yo te sostenga en mi corazón y que en todo Tú me sostengas a mí”.

Solcito (sol pequeño):
“Dios mío, haz que para mí brille Tu Rostro en el centro de este cuerpo y de esta alma. Jesús, Salvador del dolor humano al que confieres un valor de vida, sé la salvación de la unidad de mi alma. Fuérzame a abandonar mis mezquindades y, apoyado en Ti, arrástrame por el océano desconocido de la caridad”.

1ª cuenta final: Diez Padrenuestros o nombrar veinte Santos Católicos agregando después de cada uno: “Ruega por mí”. Yo prefiero nombrar aquí diez Maestros Ascendidos, Arcángeles y santos que son Maestros Ascendidos. La frecuencia es más elevada en estos últimos casos. No así con los santos católicos, pero es una elección personal.
Ejemplo:

San Francisco de Asís, ruega por mí.

San Martín de Porres, ruega por mí.

San Miguel Arcángel, ruega por mí.

2ª cuenta final: Idem anterior.
3ª cuenta final: Idem anterior.

Importante: Los nombres no deben repetirse. Son todos distintos (ver listado de Santos y de Maestros Ascendidos en Sendero de Ciencias Sagradas).

Apago el cirio.
Se usa el mismo cirio durante los 10 días en que se trabaja una virtud. Se enciende y se apaga cada día. El último día se deja consumir hasta el final.

Esta técnica de diafanía es una práctica espiritual destinada a elevar la vibración personal y a expandir la luz de santos en el mundo.

Un abrazo de luz
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas, Oraciones cristianas · Etiquetas: prácticas espirituales, técnica de 40 días, técnica para crecer como persona

Padrenuestro en arameo: la voz original del Maestro Jesús

Padrenuestro en arameo: la voz original del Maestro JesúsRecitar el Padrenuestro en arameo es una experiencia. Es el eco más cercano a la voz original del Maestro Jesús cuando enseñaba a orar, no desde el rito, sino desde la intimidad con lo sagrado. Decir “Abwûn d’bwaschmâja” es como tocar la raíz sonora de una enseñanza viva, donde cada palabra vibra como un manantial.

El arameo no fue elegido por azar. Fue la lengua cotidiana, del alma, del hogar del Maestro Jesús. Una lengua redonda, sin rigideces, que respiraba con la gente. Por eso, al recitar esta oración en su idioma original, no se busca exotismo ni precisión histórica. Se busca resonancia. Se busca volver a la frecuencia en la que esa enseñanza fue sembrada por primera vez.

Cada palabra aramea del Padrenuestro es más que un término: es un contenedor de imágenes, gestos y sentidos ocultos. Lo que en castellano se traduce como “venga a nosotros tu Reino”, en arameo se escucha como una corriente de vida que desciende y habita. Lo que nombramos como “perdónanos nuestras ofensas”, allí es una danza de equilibrio y liberación mutua. Cada línea no informa: transforma.

Recitar el Padrenuestro en arameo, la voz original del Maestro Jesús, es meditar desde el corazón, abrir una grieta luminosa en la repetición, permitir que el misterio tome forma sonora y penetre la mente como un soplo. No se trata de rezarlo perfecto, sino de dejar que resuene en el cuerpo como una vibración original. Una oración que no se impone, sino que despierta algo que estaba dormido.

Para quienes aún dudan, es importante aclararlo: Abwûn d’bwaschmâja no es árabe. Es arameo, la lengua cotidiana de Jesús. Fue el idioma que hablaba con su familia, con sus discípulos, con la gente en los caminos. Esa frase, que suele traducirse como “Padre nuestro que estás en los cielos”, está cargada de cercanía y ternura. Es la manera en que el Maestro enseñó a dirigirse a lo divino, desde el alma y no desde la distancia. Comprender esto es parte del reencuentro con la esencia.

Es también una forma de recordar sin palabras lo que nos fue dicho antes de llegar aquí. Cuando las palabras se cargan de sentido y dejan de ser ruido, se convierten en agua. Y esta oración, en su versión aramea, es una fuente que aún canta.
Que el Espíritu nos guíe Siempre
Brinda Mair

El Padrenuestro en arameo se conserva en transliteración fonética, ya que la pronunciación original de la lengua hablada por Jesús no puede conocerse con certeza.

Abwûn d’bwaschmâja
Nethqadash schmakh
Têthê malkuthakh
Nehwê tzevyanach aykanna d’bwaschmâja aph b’arha.
Hawvlân lachma d’sûnqânân yaomâna.
Washboqlân chaubên wadhtahên aykana daph chnan shbwoqan l’chaijabên.
Wela tachlân l’nesjuna
Ela patzân min bisha.
Metol dilakhie malkutha wahayla wateshbukhta l’ahlam almin.
Amên.

La traducción del arameo al español, (sin la interferencia de la Iglesia), nos muestra cuan bella, profunda y verdadera es esta oración, acorde con el Maestro Jesús.

El Padrenuestro en ARAMEO:
Es de esta oración que derivo la versión actual del «Padre Nuestro», la oración ecuménica de ISSA (Jesucristo).
Ella está escrita en arameo, en una piedra blanca de mármol, en Jerusalén / Palestina, en el Monte de los Olivos, en la forma que era invocada por el Maestro Jesús. El arameo era un idioma originario de la Alta Mesopotamia (siglo VI ac), y la lengua usada por los pueblos de la región.
Jesús siempre hablaba al pueblo en arameo.
La traducción del arameo al español, (sin la interferencia de la Iglesia), nos muestra cuan bella, profunda y verdadera es esta oración, acorde con el  Maestro Jesús.

«Padre-Madre, respiración de la Vida,
¡Fuente del sonido, Acción sin palabras, Creador del Cosmos!
Haz brillar tu luz dentro de nosotros, entre nosotros y fuera de nosotros.
Para que podamos hacerla útil.
Ayúdanos a seguir nuestro camino
Respirando tan solo el sentimiento que emana de Ti.
Nuestro Yo, en el mismo paso, pueda estar con el Tuyo,
para que caminemos como Reyes y Reinas
con todas las otras criaturas.
Que tu deseo y el nuestro, sean uno solo,
en toda la Luz, así como en todas las formas,
en toda existencia individual, así como en todas las comunidades.
Haznos sentir el alma de la Tierra dentro de nosotros,
pues, de esta forma, sentiremos la Sabiduría que existe en todo.
No permitas que la superficialidad y la apariencia de las cosas
del mundo nos engañe, Y nos libere de todo aquello que impide nuestro crecimiento.
No nos dejes caer en el olvido
de que Tú eres el Poder y la Gloria del mundo,
la Canción que se renueva de tiempo en tiempo.
Y que todo lo embellece.
Que Tu amor este solo donde crecen nuestras acciones.
¡¡¡Que así sea!!!

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Cristianismo ortodoxo, Oraciones cristianas · Etiquetas: Maestro Jesús, padrenuestro

  • « Go to Previous Page
  • Page 1
  • Page 2
  • Page 3
  • Page 4
  • Page 5
  • Interim pages omitted …
  • Page 13
  • Go to Next Page »
  • Aviso Legal
  • Cookies
  • Privacidad
  • Tienda
  • Mapa de sitio

Todos los derechos reservados © 2001–2026 · Canalizandoluz.com · Registrado en Safe Creative · Whatsapp Administración +34 645163986 · Log in