Santo Tomás de Aquino conmueve por su devoción más allá de su sabiduría. Pasaba horas en oración y tenía un profundo amor a la Eucaristía. Comprendía y vivenciaba la transubstanciación que lo llenaba de la energía del Maestro en los diferentes signos con que lo recordamos. “Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo”.
Santo Tomás de Aquino marcó los acontecimientos de la Iglesia y nos dejó grandes enseñanzas que nos iluminan, tanto a nivel académico como personal.
De joven estudió con los benedictinos. Luego conoce a los Padres Dominicos, entra en la orden… su familia se opone… es apresado. Aprovecha el tiempo en la cárcel estudiando la Biblia y la teología.
Después de su liberación fue enviado a Colonia, Alemania, donde estudió con san Alberto Magno. Sus compañeros, al verlo tan robusto y silencioso, lo apodan “el buey mudo”. Pero un día ven sus apuntes, se los presentan a San Alberto Magno, quien al leerlos les dice: “Ustedes lo llaman el buey mudo, pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero”.
Recibió el doctorado en Teología en la Universidad de París. En 1259 el Papa lo llama a Italia, donde por siete años recorre el país predicando y enseñando. Era consultado por todas las autoridades eclesiásticas y políticas de su época.
Los tonos que daba por rezar tanto le valían el rico soplo del espíritu, que lo guía en la hermosa tarea de saber hallar el punto de unión entre razón y fe. ¡En conjugar las verdades filosóficas con la teología e introducir la filosofía de Aristóteles en las universidades! Una hazaña para su época.
*En cierto sentido, nosotros hoy día tenemos la gran tarea y el desafío de comprender la percepción de unidad que nos lleva a congeniar nuestra vida personal y espiritual.
Santo Tomás de Aquino realizó un resumen de toda la ciencia de la Edad Media, hasta la del mundo antiguo, la filosofía y la teología en perfecta unión.
Resolvió la crisis producida en el pensamiento cristiano que planteaba el problema de la doble verdad, es decir, la contradicción de las verdades del entendimiento y las de la revelación.
*Asi como nosotros ahora tenemos herramientas y umbrales de gracia para poder vivir lo que creemos y sentimos, para poder plasmar en hechos nuestros cambios internos! Sabiendo lo que hacemos en nuestro trabajo interior y por qué lo hacemos.
Tuvo una visión en la cual el Maestro le dice: “Tomas, has hablado bien de Mí. ¿Qué quieres a cambio?”. Respondió: “Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más”.
Su devoción por María: en el margen de sus cuadernos escribía: “Dios te salve, María” y mucho más.
Su humildad: decía que aprendió más arrodillándose delante del crucifijo que en la lectura de los libros. Aun en las más acaloradas discusiones, exponía sus ideas con gran respeto y total calma.
Se considera como obra suprema a la Suma Teológica *de 14 tomos. Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de los santos, explica todas las enseñanzas católicas y las desmenuza.
Y a su Tratado de los ángeles como su obra más hermosa. Fue el primero en hablar de ellos, por eso se lo llama Doctor Angélico.
¿Cómo pudo realizar tan magna obra de ciencia, arte y espíritu? Pues evidentemente lo vivía en su vida, lo vibraba en su interior y amaba intensamente. Su entrega es total.
Extractos bellos:
“La virtud es un hábito operativo bueno, un poder y una fuerza para cumplir el bien. La virtud es un medio de la razón para trabajar la materia que hace bueno al hombre que la posee y a sus obras. Su esencia consiste en una elección interna continua, que conduce a la felicidad: el Conocimiento de Dios”.
“La oración es la razón expresada en palabras, el acto por el cual el Hombre pide ser escuchado, en la entrega del sí mismo, uniéndose a Dios”.
“¿Qué es la devoción? —de devovere: consagrarse—. Es un acto especial de la voluntad, de hacer con prontitud lo que pertenece al servicio de Dios. Siendo su causa primera el amor divino”.
“El equilibrio está en encontrar en todo el justo medio.”
“Si queremos entender algo acerca de Dios, tenemos a mano tres libros para estudiarle: el mundo, en donde reflejo algunas de sus bellezas; las Sagradas Escrituras, que inspiro; y nuestro mismo corazón, donde vive por la gracia”.
Brinda Mair






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