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yin y yang

Matrimonio místico: plenitud de la sexualidad sagrada

Matrimonio místico: plenitud de la sexualidad sagradaEl matrimonio místico integra la pareja interna. Abre la sexualidad sagrada al amor, al equilibrio y a la plenitud espiritual de esta vida. Este matrimonio armónico comienza en uno mismo.

El matrimonio místico es el matrimonio armónico de uno consigo mismo. Permite alcanzar en el plano físico la misma plenitud alcanzada en el plano espiritual. Cuando este matrimonio existe, uno está completo y en paz consigo mismo. Entonces, la sexualidad tiene la trascendencia de la Ascensión.

En esa unión se manifiesta el tantra, que vulgarmente suele restringirse a las posturas eróticas y a la no eyaculación. Sin embargo, es mucho más. No se limita al goce sexual ni a la retención del semen. Es un estado psicofísico y espiritual. La ausencia de eyaculación no garantiza evitar un embarazo.

Todo es real. NADA es en vano.

El matrimonio místico y el equilibrio de la pareja interna

Desde esta lectura espiritual, el matrimonio con uno mismo representa la integración de las fuerzas que habitan en nosotros. Su yin y su yang, su mujer y su hombre internos, encuentran el equilibrio.

La imagen de una mujer que ya no necesita sangrar y un hombre que ya no necesita eyacular expresa aquí una plenitud simbólica. No constituye una descripción del funcionamiento biológico ni una medida de realización espiritual.

Cuando esas fuerzas están en desequilibrio, podemos relacionarlo simbólicamente con la etapa evolutiva que la persona atraviesa en la materia. La Naturaleza representa entonces la compensación. El excedente de energía no realizada busca una salida que alivie la tensión, hasta que el tiempo de aprender se cumpla.

Si el ciclo biológico acompaña la madurez espiritual, podemos reconocer en ese proceso la Ley del Ritmo. La búsqueda apunta a la salud, entendida aquí como armonía mental, psíquica, física y espiritual. Desde esta perspectiva, la energía que cambia de cauce encuentra en la Ascensión un sentido de trascendencia.

En esta interpretación, la etapa entre los 40 y los 52 años representa una transición entre dos realidades, biológica y energética. Es una referencia simbólica; cada persona tiene sus propios tiempos. En esa etapa, el matrimonio místico invita a concretar el casamiento con uno mismo y con el otro. Ambos realizados en sí mismos.

El deseo inferior se convierte en Deseo de Trascendencia. Puede plasmarse en el físico a través de la interacción, pero con un sentido diferente al de los años anteriores. Ya no lo maneja el miedo a la posesión, ni a la soledad, ni al rechazo, ni a mostrarse. Tampoco esos miedos ocultos relativos al sexo, tan privados como el sexo mismo, que muchas personas temen hablar aun con sus parejas.

La primera condición es trabajar el miedo a hablar y el miedo a ser juzgado. El primer juicio está en uno mismo.

Los cuarenta años y la reconquista de la corona

Si lo relacionamos con la Biblia, en el Génesis encontramos el relato de la pérdida del Paraíso. Desde esta lectura espiritual, el hombre quedó escindido de Dios. Sin la YOD, sin el Espíritu Santo en él, sin iluminación.

Su corona no brilla sobre su cabeza. Debe trabajar con su esfuerzo en la Tierra para ganar su pan y recuperar su corona. Por mérito y no por regalo del Padre-Creador. Esta interpretación simbólica parte del relato de Génesis 3.

El número 40 simboliza ese tiempo para volver a coronarse. Nos remite a los cuarenta años en el desierto que pasó el pueblo de Israel al salir de Egipto. También a los 40 días en el Monte de la Tentación, donde el Maestro Jesús afrontó las tentaciones del demonio. El Evangelio de Mateo 4 recoge ese episodio.

Pasado ese tiempo simbólico, la persona está lista para iniciar la reconquista de su Tierra Prometida, su cuerpo multidimensional. Tal como lo hizo el pueblo de Israel, el Pueblo Elegido. Tal como lo hizo el Maestro Jesús, quien superó la tentación y comenzó su misión en la Tierra.

De allí que muchas veces sintamos que nuestros logros deben llegar a «los 40». Si por alguna razón, que interpretamos como kármica, eso no ocurre, podemos vivirlo como una pérdida. La relacionamos con la entropía, cuando en esta lectura expresa la angustia del alma por no haber encontrado a Dios en ese tiempo.

La YOD y la unión que sacraliza el vínculo

Cuando un hombre y una mujer consuman un vínculo que sacraliza la unión, hablamos de un encuentro energético. No necesariamente coincide con la forma que culturalmente llamamos casamiento.

En este simbolismo, la desconexión del hombre con Dios representa una pérdida de sabiduría. Su «decapitación» expresa la pérdida de la corona. La YOD representa esa corona que ciñe su cabeza. La imagen de verter sangre energéticamente, en 4D, alude a esa pérdida hasta que el espíritu de Dios vuelva a coronarlo.

Esta energía en 4D busca plasmarse en 3D por precipitación, según el lenguaje energético de esta enseñanza. Cuando existe desconexión, MOVIÉNDOSE, haciendo FUERZA, ESFUERZO, la persona busca descargar esa tensión. La «fricción» representa aquí una forma de transformar pensamientos y emociones que dificultan conectar con Dios. De allí la fuerza de lo yang.

La unión con la mujer por amor introduce la imagen de una entrega cíclica a la Tierra. En esta metáfora, el sangrado representa esa entrega dentro del vínculo, con fidelidad en el Sí mismo. No significa que la menstruación compense biológicamente la energía del hombre.

La imagen del hombre que busca «sangre» afuera representa la agresividad o la autoagresión que puede acompañar una desconexión interior. En tiempos pasados, esa imagen podía tomar la forma de la guerra y el combate. No describe un destino inevitable del hombre sin pareja ni atribuye a la mujer la responsabilidad de evitar su violencia.

La hemoglobina de la sangre contiene hierro. Esa presencia sostiene aquí la asociación simbólica entre la energía yang, el hombre y la espada, el hierro y los elementos del combate.

En esta lectura, la sangre entregada a la Tierra representa el anhelo de equilibrio frente a la sangre derramada en el combate. Cuando ambos dan el tono juntos, la YOD, entendida aquí como espíritu de Dios, los corona y comparten sabiduría. El matrimonio místico expresa esa unión de fuerzas en el Amor.

El climaterio y el aprendizaje de soltar

Cuando el ciclo biológico llega al climaterio, la mujer atraviesa una transición que culmina con el cese de la menstruación. Desde esta mirada espiritual, ese cambio invita a elevar a Dios la energía del matrimonio sagrado.

Sin embargo, los síntomas de la menopausia tienen una base biológica relacionada con los cambios hormonales. No indican que la mujer no haya encontrado a Dios ni que haya fracasado en su realización espiritual.

El miedo a soltar puede formar parte de la experiencia emocional de esta etapa. Ponerle un rótulo a lo que sentimos tampoco agota su significado personal. Pero aceptar la palabra «menopausia» no provoca sus síntomas, y soltar los miedos no garantiza que desaparezcan.

La propuesta espiritual es conocerse, reconocer la propia armonía y acompañar los cambios con amor. Comprenderlos como una oportunidad de transformación puede ayudarnos a vivirlos con mayor calma. Ese trabajo interior puede acompañar la atención médica que los malestares requieran.

El equilibrio de la pareja interna también puede buscarse a una edad temprana. La ausencia de menstruación, en cambio, no demuestra ese equilibrio y requiere valorar sus causas médicas.

La estabilidad interior puede ser lábil y manifestarse en lo emocional. En ella influyen deseos como encontrar pareja externa, tener hijos o dar forma a otros proyectos. A veces, la persona intenta compensar sus tensiones MOVIÉNDOSE de una situación a otra, o con hiperactividad.

Para pensar: la levadura de Dios en el matrimonio místico

La infidelidad externa, cuando refleja una infidelidad interna, rompe este vínculo.

El amor de la Tierra es el azúcar necesario para que la unión se inicie. Pero si el exceso de sal, el karma, es mucho, la levadura de Dios no encuentra lugar en la relación. Esa levadura es el Amor Incondicional. El exceso de azúcar o el exceso de sal vuelven «incomible» a este matrimonio.

El sexo ofrece la Oportunidad de hacer que la levadura de Dios crezca en la entrega. Cuando pierde ese sentido, puede convertirse en un oficio, como la prostitución, avalado por la Máscara del matrimonio de la Tierra.

Con Amor Incondicional
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Sexualidad Sagrada · Etiquetas: ascensión, pareja interna, tantra, yin y yang

Retrato de una viuda negra

energía viuda negra, patrón kármico

Retrato de una viuda negra describe la energía viuda negra: una dinámica de control que nace de un patrón kármico y, si no se sana, puede anular la identidad del otro.

Este estereotipo puede presentarse en hombres y en mujeres. La energía viuda negra aparece cuando, buscando ser amado, quien la porta no sabe dar ni recibir Amor por incapacidad kármica y desconexión de la Fuente de Amor Divino, y toma ese Amor de quienes, por amor condicional y por contrato de almas, se lo entregan. Movidos por amor u odio —en definitiva la misma energía— activan cíclicamente ciclos kármicos abiertos: historias que se repiten a ambos lados del velo de la ilusión en el Eterno Presente.

Cuando el patrón kármico no se reconoce, el vínculo repite escenas y justificaciones que alimentan la ilusión de control.

Con frecuencia, quien porta la energía viuda negra no es consciente del daño que causa al reprimir y modelar a sus víctimas a su voluntad. Esa actitud oculta una gran inseguridad, miedo a la soledad y al abandono. Generalmente, la estirpe viene de familia: ¿a quién este Ego/Niño o Niña ha imitado?

Solo despertando de la ilusión, reconociendo el patrón tanto como víctima o como victimario, puede comenzar la sanación.

  • La energía viuda negra suele acompañarse de un yang interno muy fuerte que no siempre se expresa afuera. Todos tenemos un hombre y una mujer internos. En este caso, la energía interna combina un hombre interno fuerte y una mujer interna débil, sea cual sea el sexo biológico. Este desequilibrio trae conflictos relacionales, más graves, cuanto más arraigado sea el patrón kármico; se repite en vidas del Eterno Presente.
    Cuando el patrón kármico no se reconoce, el vínculo repite escenas y justificaciones que alimentan la ilusión de control.
  • La persona con energía viuda negra tiende a impotentizar a pareja, hijos o niños a su cuidado. Puede hacerlo mediante agresión o autoimposición, o de forma imperceptible con la Máscara de la sobreprotección. Paraliza “por amor”, impidiendo al otro expresarse, equivocarse y evolucionar. La sobreprotección fija el patrón kármico en el sistema familiar.Si el otro crece, debe hacerlo según el modelo que impone esta energía; de lo contrario, vivirá un campo de batalla. Aunque se adapte, no será feliz: responderá a creencias ajenas y no sabrá de dónde proviene su insatisfacción porque no se le permitió distinguir sus deseos de los del dominador. Energéticamente, su imagen es poderosa y seduce a los hijos afines a imitarla, repitiendo el patrón en la adultez.
  • Cada viuda negra exalta un nicho referencial de valores. Organiza su vida y la de su entorno, y su poder crece cuanto más somete. Puede ocupar un falso rol de víctima —acaparando atención, paralizando con lástima y sumisión— o de autoridad que impone su voluntad. De un modo u otro, entrelaza su existir con el de los demás, impidiendo que vuelen del nido. Si soltara, su poder decaería.
  • Lazos de sangre potencian este patrón. Quien intenta cortar puede sufrir rechazo social y culpa. Ante ese panorama, algunos aceptan el ahogo antes que la estigmatización. Parece la ilusión de “atrapado sin salida”.
  • Para convivir en paz, muchos potencian su aspecto yin (pasivo o femenino). A veces de forma real; otras, con la Máscara del “haya paz”, tragándose lo indecible hasta enfermar o anular la personalidad. Sea como fuere, es aprendizaje kármico.
  • En la infancia, tener un padre o madre así sensibiliza al niño. Como su personalidad está en formación, no puede resolver a esa edad y activa un contrato kármico secundario para más adelante. De adulto, recreará el hogar primario: por imitación o contradicción con sus progenitores, repetirá la historia hasta que se abra la oportunidad de sanar.
  • Si el dominado no se somete, surgen conflictos. El hijo muestra a su padre o madre el Espejo de lo que no desea ver en sí. El ataque puede volverse mutuo y constante. Nacen mecanismos de defensa (rechazo, abandono, evasión, sublimación). El deseo de ser reconocido puede llevarlo a competir por la excelencia (estudio, deporte, religión) sin lograr la validación familiar. Si el patrón mental es la desvalorización, acepta agresión externa y se autoagrede (obesidad, trastornos alimentarios, adicciones), o busca el choque social (rebeldía, extremismo). Todo grita por aceptación.
  • Si el padre es ausente (abandono, muerte o castración energética), a los hijos de la madre viuda negra les costará construir su imagen interna del varón. Las hijas pueden tener dificultades en sus vínculos con hombres por falta de modelos; según su propio mecanismo (dominar o someterse), reproducirán la energía materna. Los hijos pueden reforzar su mujer interna solo para ser amados por la madre; si no ceden y potencian en exceso su yang para compensarla, se bloquean y les cuesta recibir, afectando amor, dinero, trabajo u otros frentes kármicos. En muchos casos buscarán parejas que les ayuden a poner límites donde no pudieron hacerlo en casa.
  • Estas dinámicas también pueden presentarse en parejas del mismo sexo —como en cualquier tipo de relación— y resolverse mediante trabajo interior, conciencia y límites sanos. No es un juicio moral: es la descripción de un patrón energético que se manifiesta en vínculos humanos diversos.
  • Lo expuesto no es solo psicológico; también es energético. La energía viuda negra puede trasladarse a través de un miasma en el campo energético que la homeopatía asocia a la predisposición a la enfermedad: la psora. Su predominio facilita manifestaciones de desvalorización.
  • En lo social, el patrón kármico adopta formas de autoridad o el de la versión “amor asfixiante” de la sobreprotección. Esta última es la más difícil de superar: se siente la asfixia, pero separarse de quien “tanto ama y cuida” despierta culpa. Para justificar la salida, suelen activarse excusas energéticas: disputas, cambios laborales que imponen distancia, embarazos, vocaciones que exigen partir del hogar, etc.
  • En parejas donde domina la energía viuda negra y hay agresión física, psicológica o energética, la relación amor-odio activa en la víctima el mecanismo de crisol, enfermando hasta desear desaparecer para escapar de la ilusión. Los golpes o gritos son “caricias energéticas” para un Ego/Niño sensibilizado desde pequeño a ese modo de vincularse.
  • La energía viuda negra suele generar enfermedades por desvalorización en quienes son susceptibles: asfixia cuartodimensional (alergias respiratorias, asma, bronquitis, neumonía), deseo de volverse invisible (vitíligo), de ocultarse o afearse (acné crónico, manchas, psoriasis), de protegerse (obesidad), etc. Si el vínculo se profundiza, puede desencadenar enfermedades kármicas (p. ej., cáncer si limpia ira; enfisema si hay asfixia kármica y llanto no vertido).
  • Cuando la víctima por fin se separa, la culpa por “abandonar” a quien la “amó” puede cronificar el cuadro. Inconscientemente, si era pareja, revive el abandono de la madre o el padre por segunda vez.

La energía viuda negra está presente en todos los seres humanos en mayor o menor grado. Disolver la ilusión, perdonar al otro —porque por su nivel de evolución no pudo actuar de otra manera— y perdonarse por haber amado según lo que se creía posible, libera. Respetemos nuestra energía multidimensional y nuestro propio espacio-tiempo. Estamos en un universo kármico.
Nombrar el patrón kármico, poner límites y pedir ayuda son pasos prácticos de liberación.

La salida efectiva está en el trabajo interdimensional. Con técnicas de perdón, la energía regresa al tiempo una y otra vez en un planeta que vibra en 4D. Debemos prepararnos para el retorno de la Diosa: hombres y mujeres, volvernos receptivos. Si no equilibramos yin y yang, no habrá equilibrio. Solo en equilibrio la Ascensión es posible; esta es una faceta de lo mucho que queda por aprender. Tomar conciencia es el primer paso; el siguiente es hacer algo para sanarse.

Según la Elfología —ciencia de los Seres de la naturaleza—, los cuentos de hadas nacen de relatos para entretejer psiquismos dañados. La energía de las viudas negras se relaciona con la de las hadas. Las arañas también tejen, pero para atrapar. Tal vez, cuando por libre albedrío se desee sanar y trascender la ilusión, hombres y mujeres con energía viuda negra aprendan a tejer ilusiones luminosas para atraer un buen futuro que, desde 3D, parece escurrirse.

Que el Espíritu nos guíe siempre.
Con Amor Incondicional
Brinda Mair

Publicado 05-12-2003 — Actualización 24-11-2014

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Sexualidad Sagrada · Etiquetas: codependencia, Ego Niño Interior, Estrategia La Máscara, yin y yang

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