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Estrategia La Máscara

Memoria de objetos y lugares

La memoria de objetos y lugares, energía de lugares

La energía retenida en la memoria de objetos y lugares revela la energía de lugares a quien desarrolla su percepción extrasensorial.

¿Te gusta visitar museos, lugares históricos, casas antiguas…? De chica me encantaba hacerlo. La atracción era tanta que no hubiera sido raro estudiar historia, museología o terminar siendo anticuario. ¡Qué error hubiera cometido! Porque entonces aún no tenía el grado de desarrollo de mi percepción extrasensorial ni el discernimiento para comprender lo que emite la memoria de objetos y lugares. Esa memoria se forma con la energía de lugares. Son energías cuartodimensionales  de emociones y pensamientos de quienes vivieron en esos lugares o poseyeron dichos objetos. Esta lectura 4D, cercana a la psicometría, ayuda a distinguir la vibración de espacios más allá de la apariencia.

El mundo físico ve la Máscara, pero las energías de lugares y objetos la trascienden para quien tiene abierto el canal 4D. He sufrido tantas decepciones entre lo que esperaba encontrar en un sitio y lo que realmente vibraba tras la Máscara, y tan pocas veces —en comparación— el mundo físico me sorprendió favorablemente, que por extensión sé que es más factible lo primero que lo segundo.

Algunos ejemplos
• En un museo de Luján, provincia de Buenos Aires, escuché desde un armario la voz de un niño pidiendo salir. Decidí no volver.
• En Egipto evité los museos. Intenté visitar Abu Simbel, frente al lago Nasser en Asuán: solo pude acercarme a menos de treinta metros de la gran puerta; la energía estaba atrapada allí, en un ambiente muy denso, como casi todo lo egipcio.
¿Un museo que vibra muy bien? El Louvre en París, sobre todo Mesopotamia Asiática y el Renacimiento. Seguramente ayuda la forma del palacio real donde funciona.

• En Arequipa, Perú, el convento de Santa Catalina de Siena tiene una atmósfera de “dejar atrás el mundo”. Se percibe lo que vivían las jóvenes de familias ricas —hijas segundas— obligadas a tomar los hábitos. En el acceso al patio central había cuadros de monjas “durmiendo”: eran retratos post mortem, porque por norma eclesiástica el retrato en vida era sinónimo de vanidad. A la izquierda, una pequeña puerta dejaba ver un carro donde los cuerpos eran conducidos a su sepultura (ver foto). Allí, delante de las condenadas a ese destierro en la flor de sus vidas, estaba su presente y su futuro: solo saldrían muertas. ¿El propósito social no dicho? Asegurar alguien que rezara por la familia. Quedó impresa su energía y también la de los silicios expuestos hoy al público en exvotos con los que mortificaban su cuerpo buscando a Dios.

• En el Vaticano, Roma, lo primero que me llamó la atención fue la falta de fe que emanaba el lugar: turistas como de compras, voces altas, lujo y ostentación. Si uno presta atención, descubre tumbas y urnas en paredes, con ornamentación funeraria. En cada altar hay un papa enterrado o momificado. No vibra bien.

• La Ciudad Antigua de Jerusalén me sorprendió. Caminando por un mercado, de pronto sentí que clavaban clavos en mi cabeza. Al girar vi un cartel: “Quinta estación” del Vía Crucis. Recorrí la distancia hasta la salida como con alas en los pies. En general, Jerusalén es una gran tumba: demasiada sangre a lo largo de los siglos. ¿Lugares de tradición cristiana que vibran bien? Los de los cristianos ortodoxos griegos: han preservado los verdaderos sitios.

• En Asís, Italia, la tierra de San Francisco es un pueblo detenido en el siglo XI. Al entrar, uno llega a la Edad Media. Vibra excepcionalmente bien, y aún más, el lugar donde está enterrado San Francisco, detrás del altar mayor de una iglesia.

• Éfeso, Turquía: una maravilla, el lugar donde vivió la Virgen María, y el pequeño cementerio con la tumba de Juan el Amado, apóstol de Jesús.
Las islas griegas… La mejor vibración, la isla de Patmos, donde Juan escribió el Apocalipsis. Creta vio pasar muchas civilizaciones: toda la isla es reserva arqueológica. Me contaron que una excavación poco profunda en cualquier parte saca a la luz objetos antiguos; incluso en zonas desérticas no tarda en aparecer la policía para advertirlo.

Cuando hago un evento, los días previstos —que fueron elegidos por canalización— protegen de cualquier “extra espiritual no contemplado”: uno encuentra la luz que fue a buscar. Si por karma algo ocurre y hay que permanecer más tiempo (en Creta hubo huelga de aeronavegantes y los vuelos se retrasaron 24 horas), se ve lo que antes no se vio. La noche extra que permanecí en la isla no había forma de acallar las voces de espíritus que vagaban. Llevaba sacramentales —el viaje tenía ese signo: reunirlos para protección— y allí tuve que probarlos inesperadamente.

Estos ejemplos muestran el abanico de lo que hay tras la Máscara de los lugares. Cuando la energía de lugares, no la percibo buena, no saco fotos: sé que las fotos retendrían su carga y podrían afectar a quienes las vieran, aunque no fueran conscientes. Como dice la canción: “Ojos que no ven, corazón que no siente”… No es verdad, aunque lo diga la gente. A veces, para publicar, espero fechas propicias. Tal fue el caso del Memorial de la Shoah, cuya información guardé hasta el día oportuno.

La gente suele envidiar lo que hago, pero no lo haría si viera lo que veo. ¿Añoro la vida de apreciar solo la 3D? No me gustaría ser 3D; los 3D sufren sin saber por qué. Pero, por instantes, quisiera serlo para sacar fotos sin considerar su energía.

Un abrazo de luz
Brinda Mair


PODCAST

Escucha nuestro podcast:
Memoria de objetos y lugares
Duración: 58 min 45 seg.

#PodcastBrindaMair   #memoriadeobjetos   #energiadelugares
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Podcast Brinda Mair · Etiquetas: Estrategia La Máscara

Estrategia La Gracia – El Juego del Laberinto:

estrategia del Laberinto La Gracia, favor de los diosesLa estrategia La Gracia del Juego del Laberinto es un favor de los dioses y un regalo para la evolución humana; sin embargo, cuando se concede exactamente lo que pedimos, a veces parece una ironía del cielo. La lección es hacernos responsables de nuestras creaciones.

Estrategia del Laberinto La Gracia: ¿Te sientes agraciado o desgraciado?

Muchas veces deseamos algo que, cuando lo obtenemos, descubrimos que no era lo que imaginábamos. Eso suele ocurrir con los deseos del Ego. Con el tiempo, vemos que lo que en la ceguera del alma pareció un regalo del Cielo, en verdad fue un regalo del abismo. Sentirse agraciado o desgraciado depende de nuestra percepción de la realidad que habitamos.

¿Qué es una gracia?

La estrategia La Gracia del Juego del Laberinto es, en apariencia, un favor de los dioses para los humanos como regalo que impulsa su adelanto y evolución; pero, como en los antiguos relatos de genios —como el de Aladino—, también puede ser la forma en que “se burlan” de los hombres concediéndoles exactamente lo que piden. Y no deja de ser “gracioso” (humor negro). Porque la estrategia del Laberinto La Gracia es aprender a ser Dios aquí, cediendo nuestro espacio para que Él se manifieste en nosotros.

¿Y cómo se aprende a ser Dios? Haciéndonos cargo de nuestras creaciones (1).

Recordemos a Midas, rey de Frigia. Obtuvo una gracia del dios Baco por un servicio, y este le ordenó pedir lo que quisiera. Midas, sin medir el peligro, rogó que todo cuanto tocara se transformara en oro. Baco consintió y Midas se retiró feliz, sin comprender el alcance de su petición. Al tomar una rama, se convirtió en oro. Al arrancar espigas de trigo, se volvieron la mies más preciosa. Al tocar las puertas del palacio, comenzaron a despedir reflejos refulgentes. Al lavarse, el agua se volvió oro. Encantado, se entregó a disfrutar del don; pero al sentarse a la mesa, el pan también se convirtió en oro. Lo mismo ocurrió con las comidas y el vino. Rico y pobre a la vez, detestó una opulencia tan funesta y se arrepintió de haberla deseado. Tenía abundancia, pero no podía saciar el hambre ni la sed. Imploró a Baco que lo liberara de aquel estado “solo bueno en apariencia”. El buen dios lo escuchó y le retiró el don (2).

Este hecho, relatado por la mitología griega, es retomado por las Ciencias Sagradas de tradición cristiana como “una gracia gratis dada”. Cuando alguien recibe un regalo espiritual, una Gracia pedida en un momento excepcional para dar un salto evolutivo, puede convertirse en arma de doble filo. “Ten cuidado con lo que deseas, no sea que se convierta en realidad”.

Si se obtiene una gracia sin acrisolarse ni convertir el corazón en oro, se genera una descompensación en la energía 4D que puede bloquear aquello que se intenta lograr con ese don. Porque la Gracia obtenida como favor de los dioses, sin haberla merecido por dentro, es beneficiosa solo en apariencia: tendrá “oro” que no podrá hacer producir, tan inútil como el oro de Midas.

Si la persona obtiene una Gracia a través de otro —por medio de quien el espíritu da— y no la hace fructificar, los efluvios de luz recibidos en esa “gracia gratis dada” (por ejemplo, una posibilidad que deseábamos realizar) se desperdiciarán y se levantará otro Muro en su Laberinto.

¿Por qué la concede entonces Dios? ¿Por qué da algo que puede perjudicarme? Al igual que el dios Baco, para que aprendamos a ser Dios: para descubrir que es el Dios en mí —mi Yo Dios— quien ha de transformar mi mundo en oro, y que para que eso ocurra debo transformarme en oro. Lo gratis no existe en lo espiritual ni en el mundo 3D, por más que muchos lo crean. Detrás de toda Gracia aguarda un aprendizaje. Quien kármicamente apela a las Gracias y busca cosas gratis es alguien que no se cree merecedor del ejercicio de su Yo Dios en él. La autoimagen desvalorizada lo mantiene en carencia cuando ese hábito se instala.

Consideremos la videncia (visión a distancia). ¿Por qué alguien no ve ni escucha espiritualmente? Una razón es el miedo. Puede provenir de la multidimensionalidad de un ciclo kármico abierto en el que ya tiene facultades psíquicas y lo que ve le daña emocionalmente, o es perseguido por incomprensión; ese sería el componente kármico.

Otra razón surge de la estrategia del Espejo: si hay cosas que no quiero ver en mí, hoy tampoco tendré visión espiritual. Para ver espiritualmente, primero debo desear ver lo aparente. Si aún no he desarrollado la visión espiritual es porque hay cosas que no quiero ver en el aquí y ahora: si las viera, debería dejar de engañarme. Si vivo y acepto la mentira, ¿cómo voy a ver espiritualmente?

Recuerden: para el espíritu TODO ES REAL. No acepta que yo actúe con Él como puedo hacerlo con mis semejantes, mostrándome bueno y esforzado y, en otro contexto, ponerme la Máscara de la Dualidad. El espíritu y la energía son reales. NO ACEPTAN LA MÁSCARA. No puedo pedir visión espiritual para usarla a conveniencia y parecer iluminado ante los demás.

Como mi Ego/Niño Interior lo sabe, en algún rincón oculto, mientras pido “videncia”, él susurra: “no la quiero”. Si un espíritu de justicia dijera “SEA” y se abriera el tercer ojo en el rango de vibración de un corazón no acrisolado, vería seres oscuros: reflejos de mis formas-pensamiento no crísticas. Lo mismo ocurriría con la clariaudiencia (3). Caerían las Máscaras de quienes me rodean hasta que mi propia Máscara pesara tanto que no podría seguir cargándola; el cambio podría ser tan brusco que hasta enfermaría. Como defensa, no veo ni escucho: espiritualmente, cero.

¿Por qué se quiere “ver espiritualmente”? Porque se han oído maravillas del mundo espiritual: libros, ángeles, guías… El Ego/Niño Interior dice: “yo quiero ver un ángel”. Incluso se acepta la creencia de que “no evoluciona porque no ve ni escucha” y aparece la autocompasión. Pide insistentemente a Dios el don de la videncia para “conectar”. El deseo mueve la 4D —el Astral Planetario— y nace del Ego/Niño Interior, no del alma. Sin trabajar el ver más allá de lo aparente ni atender la llama interna, la petición opera como en la ley de Midas: los dioses dicen “Concedido”, pero el tercer ojo “ve” en el rango que permite el propio corazón.

Eso me ocurrió durante más de veinte años. No sabía que lo que veía fuera era la imagen de lo que tenía dentro. Pensaba en enemigos invisibles, pactos diabólicos, etc., creencias reforzadas por el entorno. Si hubiera sabido que el horror visto era imagen especular de mi interior, quizá habría dejado de correr. ¿Se puede escapar de lo que uno lleva dentro? ¡Quién lo sabe!

Cuando uno ve oscuridad, es que la oscuridad está dentro. Cuando no vemos espiritualmente, somos amados y cuidados: se nos da tiempo, solo tiempo, para hacer el verdadero trabajo interno: volver oro el corazón. Como pedí, obtuve “Pide y se te dará”, pero en el rango de mi vibración; así pasaron años hasta despejar velos de karma y distinguir luces tenues… hasta que la Luz se hizo.

Estrategia del Laberinto La Gracia: ¿Por qué pedimos?

¿Por qué lamentamos lo que no tenemos y no vemos las Gracias que sí tenemos y nos hemos ganado por derecho? Tal vez convenga listar lo que tenemos y lo que lamentamos no tener. Hagámoslo en 3D (físico), 4D (emocional) y 5D (espiritual), y veamos el saldo. Si cuesta ver lo bueno, tomemos tiempo. Pidamos asistencia y observemos capacidades físicas, emocionales y espirituales.

¿Qué talentos nos dio el Padre para trabajar para Él en este plano? Las almas más jóvenes quizás tengan menos que las viejas en el juego, pero todas poseen capacidades latentes para manifestar. Ya que nos gusta pedir ver, ¿por qué no pedimos verlas y manifestarlas? “Pide y se te dará”, dijo el Maestro Jesús. Hagamos real sus palabras.

En síntesis: la estrategia del Laberinto La Gracia no es un atajo gratuito. El favor de los dioses, si llega, pide corazón acrisolado, discernimiento y responsabilidad para que el don fructifique.

(1) Ver Cap. 11: La Estrategia del Juego: Crear para ver.
(2) Ovidio, Las metamorfosis, Libro XI.
(3) Clariaudiencia: audición espiritual.

 

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Abandona el Laberinto, Blog, Estrategias del Juego-libro · Etiquetas: Ego Niño Interior, Estrategia La Gracia, Estrategia La Máscara

Retrato de una viuda negra

energía viuda negra, patrón kármico

Retrato de una viuda negra describe la energía viuda negra: una dinámica de control que nace de un patrón kármico y, si no se sana, puede anular la identidad del otro.

Este estereotipo puede presentarse en hombres y en mujeres. La energía viuda negra aparece cuando, buscando ser amado, quien la porta no sabe dar ni recibir Amor por incapacidad kármica y desconexión de la Fuente de Amor Divino, y toma ese Amor de quienes, por amor condicional y por contrato de almas, se lo entregan. Movidos por amor u odio —en definitiva la misma energía— activan cíclicamente ciclos kármicos abiertos: historias que se repiten a ambos lados del velo de la ilusión en el Eterno Presente.

Cuando el patrón kármico no se reconoce, el vínculo repite escenas y justificaciones que alimentan la ilusión de control.

Con frecuencia, quien porta la energía viuda negra no es consciente del daño que causa al reprimir y modelar a sus víctimas a su voluntad. Esa actitud oculta una gran inseguridad, miedo a la soledad y al abandono. Generalmente, la estirpe viene de familia: ¿a quién este Ego/Niño o Niña ha imitado?

Solo despertando de la ilusión, reconociendo el patrón tanto como víctima o como victimario, puede comenzar la sanación.

  • La energía viuda negra suele acompañarse de un yang interno muy fuerte que no siempre se expresa afuera. Todos tenemos un hombre y una mujer internos. En este caso, la energía interna combina un hombre interno fuerte y una mujer interna débil, sea cual sea el sexo biológico. Este desequilibrio trae conflictos relacionales, más graves, cuanto más arraigado sea el patrón kármico; se repite en vidas del Eterno Presente.
    Cuando el patrón kármico no se reconoce, el vínculo repite escenas y justificaciones que alimentan la ilusión de control.
  • La persona con energía viuda negra tiende a impotentizar a pareja, hijos o niños a su cuidado. Puede hacerlo mediante agresión o autoimposición, o de forma imperceptible con la Máscara de la sobreprotección. Paraliza “por amor”, impidiendo al otro expresarse, equivocarse y evolucionar. La sobreprotección fija el patrón kármico en el sistema familiar.Si el otro crece, debe hacerlo según el modelo que impone esta energía; de lo contrario, vivirá un campo de batalla. Aunque se adapte, no será feliz: responderá a creencias ajenas y no sabrá de dónde proviene su insatisfacción porque no se le permitió distinguir sus deseos de los del dominador. Energéticamente, su imagen es poderosa y seduce a los hijos afines a imitarla, repitiendo el patrón en la adultez.
  • Cada viuda negra exalta un nicho referencial de valores. Organiza su vida y la de su entorno, y su poder crece cuanto más somete. Puede ocupar un falso rol de víctima —acaparando atención, paralizando con lástima y sumisión— o de autoridad que impone su voluntad. De un modo u otro, entrelaza su existir con el de los demás, impidiendo que vuelen del nido. Si soltara, su poder decaería.
  • Lazos de sangre potencian este patrón. Quien intenta cortar puede sufrir rechazo social y culpa. Ante ese panorama, algunos aceptan el ahogo antes que la estigmatización. Parece la ilusión de “atrapado sin salida”.
  • Para convivir en paz, muchos potencian su aspecto yin (pasivo o femenino). A veces de forma real; otras, con la Máscara del “haya paz”, tragándose lo indecible hasta enfermar o anular la personalidad. Sea como fuere, es aprendizaje kármico.
  • En la infancia, tener un padre o madre así sensibiliza al niño. Como su personalidad está en formación, no puede resolver a esa edad y activa un contrato kármico secundario para más adelante. De adulto, recreará el hogar primario: por imitación o contradicción con sus progenitores, repetirá la historia hasta que se abra la oportunidad de sanar.
  • Si el dominado no se somete, surgen conflictos. El hijo muestra a su padre o madre el Espejo de lo que no desea ver en sí. El ataque puede volverse mutuo y constante. Nacen mecanismos de defensa (rechazo, abandono, evasión, sublimación). El deseo de ser reconocido puede llevarlo a competir por la excelencia (estudio, deporte, religión) sin lograr la validación familiar. Si el patrón mental es la desvalorización, acepta agresión externa y se autoagrede (obesidad, trastornos alimentarios, adicciones), o busca el choque social (rebeldía, extremismo). Todo grita por aceptación.
  • Si el padre es ausente (abandono, muerte o castración energética), a los hijos de la madre viuda negra les costará construir su imagen interna del varón. Las hijas pueden tener dificultades en sus vínculos con hombres por falta de modelos; según su propio mecanismo (dominar o someterse), reproducirán la energía materna. Los hijos pueden reforzar su mujer interna solo para ser amados por la madre; si no ceden y potencian en exceso su yang para compensarla, se bloquean y les cuesta recibir, afectando amor, dinero, trabajo u otros frentes kármicos. En muchos casos buscarán parejas que les ayuden a poner límites donde no pudieron hacerlo en casa.
  • Estas dinámicas también pueden presentarse en parejas del mismo sexo —como en cualquier tipo de relación— y resolverse mediante trabajo interior, conciencia y límites sanos. No es un juicio moral: es la descripción de un patrón energético que se manifiesta en vínculos humanos diversos.
  • Lo expuesto no es solo psicológico; también es energético. La energía viuda negra puede trasladarse a través de un miasma en el campo energético que la homeopatía asocia a la predisposición a la enfermedad: la psora. Su predominio facilita manifestaciones de desvalorización.
  • En lo social, el patrón kármico adopta formas de autoridad o el de la versión “amor asfixiante” de la sobreprotección. Esta última es la más difícil de superar: se siente la asfixia, pero separarse de quien “tanto ama y cuida” despierta culpa. Para justificar la salida, suelen activarse excusas energéticas: disputas, cambios laborales que imponen distancia, embarazos, vocaciones que exigen partir del hogar, etc.
  • En parejas donde domina la energía viuda negra y hay agresión física, psicológica o energética, la relación amor-odio activa en la víctima el mecanismo de crisol, enfermando hasta desear desaparecer para escapar de la ilusión. Los golpes o gritos son “caricias energéticas” para un Ego/Niño sensibilizado desde pequeño a ese modo de vincularse.
  • La energía viuda negra suele generar enfermedades por desvalorización en quienes son susceptibles: asfixia cuartodimensional (alergias respiratorias, asma, bronquitis, neumonía), deseo de volverse invisible (vitíligo), de ocultarse o afearse (acné crónico, manchas, psoriasis), de protegerse (obesidad), etc. Si el vínculo se profundiza, puede desencadenar enfermedades kármicas (p. ej., cáncer si limpia ira; enfisema si hay asfixia kármica y llanto no vertido).
  • Cuando la víctima por fin se separa, la culpa por “abandonar” a quien la “amó” puede cronificar el cuadro. Inconscientemente, si era pareja, revive el abandono de la madre o el padre por segunda vez.

La energía viuda negra está presente en todos los seres humanos en mayor o menor grado. Disolver la ilusión, perdonar al otro —porque por su nivel de evolución no pudo actuar de otra manera— y perdonarse por haber amado según lo que se creía posible, libera. Respetemos nuestra energía multidimensional y nuestro propio espacio-tiempo. Estamos en un universo kármico.
Nombrar el patrón kármico, poner límites y pedir ayuda son pasos prácticos de liberación.

La salida efectiva está en el trabajo interdimensional. Con técnicas de perdón, la energía regresa al tiempo una y otra vez en un planeta que vibra en 4D. Debemos prepararnos para el retorno de la Diosa: hombres y mujeres, volvernos receptivos. Si no equilibramos yin y yang, no habrá equilibrio. Solo en equilibrio la Ascensión es posible; esta es una faceta de lo mucho que queda por aprender. Tomar conciencia es el primer paso; el siguiente es hacer algo para sanarse.

Según la Elfología —ciencia de los Seres de la naturaleza—, los cuentos de hadas nacen de relatos para entretejer psiquismos dañados. La energía de las viudas negras se relaciona con la de las hadas. Las arañas también tejen, pero para atrapar. Tal vez, cuando por libre albedrío se desee sanar y trascender la ilusión, hombres y mujeres con energía viuda negra aprendan a tejer ilusiones luminosas para atraer un buen futuro que, desde 3D, parece escurrirse.

Que el Espíritu nos guíe siempre.
Con Amor Incondicional
Brinda Mair

Publicado 05-12-2003 — Actualización 24-11-2014

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Sexualidad Sagrada · Etiquetas: codependencia, Ego Niño Interior, Estrategia La Máscara, yin y yang

Estrategia La Máscara en el Juego del Laberinto

Estrategia La Máscara en el Juego del LaberintoAprende a reconocer la estrategia La Máscara. ¿Cómo te muestras al mundo? ¿Lo que muestras es como realmente eres o utilizas una pose? ¿Identificas en ti a las Máscaras de familia? ¿Detestas a alguien de tu familia? ¿Has visto si te pareces a lo que odias o a lo que dices amar? Las Máscaras que muestra el Yo personalidad fueron elegidas por el Ego y forman parte de la fachada personal.

El Ego y su Disfraz

En un mundo donde la autenticidad lucha por sobrevivir, la Estrategia La Máscara se convierte en un mecanismo de defensa casi involuntario. Nos preguntamos a menudo cómo nos mostramos al mundo. ¿Es realmente nuestra esencia la que proyectamos o es tan solo la fachada personal para encajar en los moldes que la sociedad impone? Aquí es donde entran en juego las Máscaras de familia, aquellas identidades heredadas o aprendidas que nos definen y que a veces detestamos, pero que irónicamente pueden reflejar aspectos de nosotros mismos que decimos amar o aborrecer.

El peso de las Máscaras

Estas Máscaras que exhibe nuestra personalidad son seleccionadas por el Ego, ese Yo interno que busca reconocimiento y amor. Nos convertimos en seres que anhelan ser queridos, que complacen a los otros, que se adornan con máscaras extraídas del arcón de los recuerdos, probando cuál se ajusta mejor a la ocasión. Cada amanecer nos enfrentamos al dilema de cuál Máscara utilizar: ¿la de la alegría, la tristeza, la seducción o la inocencia? Y nos preguntamos si es una cuestión familiar: ¿la máscara del esfuerzo y del sacrificio, la omnipotencia, o la indiferencia?

La belleza de lo genuino

En ciertos ámbitos, como la política, el uso de máscaras se convierte en una verdadera profesión. Sin embargo, el peso de estas puede llegar a marcarnos el alma, y es entonces cuando tal vez percibimos que nuestra belleza radica en la ausencia de ellas. Cuando decidimos dejarlas a un lado y aceptar nuestra verdadera identidad, iniciamos un camino transformador. Los seres auténticos no necesitan Máscaras; son genuinos por naturaleza.

Rompiendo la Matriz del Miedo

La sociedad a menudo juzga a aquellos que rompen con los rígidos patrones de lo previsible y lo esperado. Se les suele etiquetar o criticar por no adherirse a la Matriz del Miedo y de la Limitación que se impone como norma. Sin embargo, aquellos que se atreven a desafiar estas expectativas, que se liberan de las restricciones impuestas y muestran su verdadero ser, a menudo empiezan un camino hacia la libertad personal y la autenticidad.

Valentía para ser Auténtico

Este camino es un viaje hacia el interior, donde uno se encuentra con su verdadera esencia y aprende a vivir sin las máscaras impuestas por las convenciones sociales o las expectativas familiares. Este proceso de autoconocimiento y liberación no es sencillo. Requiere valentía para enfrentar las propias sombras y luz para reconocer la autenticidad propia.

La elección de nuestra existencia

Al final del día, cada quien debe preguntarse qué es más valioso: el confort de una máscara bien ajustada o la libertad vibrante de una cara descubierta al mundo. La elección de vivir con o sin máscaras define el curso de nuestra existencia y el legado que dejamos a las generaciones futuras.

El camino del Cristo Interior

En el camino hacia la autenticidad, cada paso cuenta, cada elección es un acto de valentía y cada rostro descubierto es un testimonio de nuestra inquebrantable búsqueda de verdad. En ese momento, comenzará nuestro camino en el Oficio de Cristo. Los Cristos no usan Máscaras porque simplemente se muestran como son.

Mira ejemplos en estos post.

    Escrito por Brinda Mair · Categorías: Abandona el Laberinto, Blog, Estrategias del Juego-libro · Etiquetas: Estrategia La Máscara

    Abandona el Laberinto: Estrategia de La Máscara

    Estrategia de La MáscaraLa máscara es lo que mostramos al mundo. Es parte de quienes somos. Nuestra Máscara fue construida a partir de nuestras experiencias y las de quienes nos ayudaron a formarnos: nuestra familia. Si te atreves, podrás reconocer en tus propias actitudes y en las de quienes te rodean, las máscaras familiares. Tanto aquellas que aceptas por creencias como las que rechazas, aquellas energías familiares que amas o las que odias. Todas ellas están ocultas o manifiestas en ti, en la máscara que usualmente te calzas.

    ¿Qué máscara nos pondremos hoy para enfrentar el mundo? Cada mañana, inconscientemente (o no), nos formulamos esta pregunta.

    El poder de las máscaras en nuestras vidas

    ¿Nos pondremos la máscara de la risa? ¡Ojo! Si nos reímos mucho, nos tacharán de locos, porque pensarán: “¿De qué se ríe? ¿De la “realidad” del país? ¿O de la caótica situación mundial?”. Esa máscara no; mejor descartémosla. Busquemos otra, una de… tristeza, ¡eso! A ver cómo me queda… La verdad es que me la pongo y me dan ganas de llorar… ¿No será mucho? Si salgo así a la calle, a algunos les daré lástima (¿es eso lo que quiero? ¿Qué me tengan lástima?). Otros me huirán como si tuviera lepra. No quieren más “pálidas”; ya tienen suficiente escuchando el noticiero por la TV o leyendo los diarios. Mejor busquemos una máscara que ni ría ni que llore. Así no nos juzgarán. Tal vez hasta pasemos inadvertidos. El día que quiera llamar la atención, tal vez me decida por alguna de las otras y me ponga la de “femme fatale” o la de “ingenua”.

    La liberación de las máscaras

    La máscara, siempre la máscara. Esto es una cuestión de familia. Recuerdo que mi madre usaba “la máscara del esfuerzo y del sacrificio”. Hasta la cara se le adelgazó para acomodársele a ese rostro enjuto. La máscara de mi abuela: “Yo todo lo puedo, los demás son todos unos inútiles, no sirven para nada”. La llevó puesta toda la vida. ¡Y la creí tanto…! Que de niña me dije: “Cuando sea grande, yo quiero tener una igual.” (No sabía lo que decía, ¡pero lo dije ¡y me compré una!). A ver si todavía a alguien se le ocurre pensar que puede ser más que yo. ¿Acaso no saben que todos deben ser inútiles?

    El Renacimiento sin máscaras

    La máscara que más tiempo llevé fue la de mi madre. ¡Cómo no desear imitar a alguien que se sacrifica, se esfuerza por sus hijas luchando siempre! Era una mártir. “Yo quiero serlo”, dijo mi Ego Emocional niña en medio del delirio infantil de la ilusión. No fue fácil. Lo intenté. Juro que lo intenté. ¡Que nadie diga que no respeté la tradición familiar de sacrificio, esfuerzo y espíritu de mártir! Para completar el juego, me busqué a un ser al que la máscara de mi padre del “no te metas” le fuera bien. Y el que busca… ¡Encuentra! Lo encontré y se borró. Y yo me quedé con el sacrificio, el esfuerzo y dos hijos, como mi madre. Y cada vez me le parecía más… A mis hijos también quise darles mi papel de niña y el de mi hermana y les di nuestras máscaras de niñas estudiosas y obedientes con garantía de hijo perfecto. Pobres chicos…, habitantes futuros del siglo XXI usando antiguas máscaras de mitad de siglo ya en desuso. ¡Pero los amaba tanto! ¿Cómo iban a rechazar ese bien de familia? ¡Ah, esta juventud! Gracias a Dios las rompieron pronto y se pusieron la del padre que era más cómoda.

    La verdadera identidad tras las máscaras

    Y seguí caminando sin saber aún a dónde iba, siempre con mis máscaras, buscando a ciegas como casi todos hacemos cuando nos sentimos solos sin Dios tras el velo de separación. Porque Dios en ese entonces era solo una visita, no sentía que vivía en mí y yo en Él. Eso creía yo.

    Hasta que tanto peso de máscaras me empezó a sacar arrugas en el alma. Entonces me di cuenta de que a esas viejas máscaras de familia las guardaba porque ni a ellos (mi familia) ni a mí, nadie nos había dicho que podíamos ser más bellos sin ellas. Porque, al final, en el mundo, toda nuestra sociedad tiene máscaras. “¿Quién no tiene una puesta? Quien no la tenga, que arroje la primera piedra” —parafraseando al Cristo. Hasta hay quienes de su uso hacen una profesión: la política.

    Cuando me decidí a dejar de usarlas, tuve que sanar a mi niña porque lo único que había aprendido era a ponerse máscaras para que la quisieran. Al principio no fue fácil, pero ¿saben qué?, el alma que se vuelve a Cristo rejuvenece porque el mejor lifting es no tener necesidad de usar máscaras. Los cristos no las usan: simplemente son quienes son.

    Así que, conociendo esta estrategia del juego, podremos evitar que otros nos pongan sus máscaras o ponernos las que pensamos que ellos quieren ver. Solo seamos Cristos buscando Almas.

    Brinda Mair

    Extracto del libro “Conexión con el alma: Abandona el Laberinto” Autora: Brinda Mair – Ed. Kier

    Escrito por Brinda Mair · Categorías: Abandona el Laberinto, Blog, Estrategias del Juego-libro · Etiquetas: Estrategia La Máscara

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