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La Septuagésima Semana de Daniel (4a parte): El cuerpo físico y la Nueva Energía al final de los tiempos

El cuerpo físico y la Nueva Energía al final de los tiemposLa Septuagésima Semana de Daniel: el cuerpo físico y la Nueva Energía. Internet, materia y flexibilidad ante cambios al final de los tiempos. Es momento de mutar.

Las frecuencias galácticas de simiente crística

Existen infinidad de Universos o estados de consciencia dentro de los Universos kármicos cocreados por los seres en evolución. Estos Universos jamás pertenecieron a la Luz, pero se dirigen hacia ella. La Luz vino a ellos a través de las órdenes de Miguel, de Cristo Jesús Sananda y de Melchizedec.

Son la simiente crística, las frecuencias galácticas venidas en misión. Descendieron por el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal e ingresaron en el Universo kármico de la Dualidad. Es el Universo de la Ilusión de Separación de la Fuente de Amor Divino Dios.

Su acceso a este Universo fue a través de Orión. El cinturón de Orión es la estación de medio camino a este Universo kármico. Es el lugar de ingreso a este plano de todas las energías que han venido en misión a él. Esto no quiere decir, en absoluto, que todas las frecuencias galácticas pertenezcan a Orión.

Todas las frecuencias galácticas en misión en el plano Terra tienen Yo multidimensionales en los Universos fuera de este Universo kármico. Es lo que llamamos guías. Somos nosotros mismos en auxilio de nuestra inferioridad. Simple economía del Universo, donde las distancias no existen y la energía coexiste.

Las frecuencias galácticas de simiente crística en materia padecen un problema en este espacio-tiempo. Están atrapadas en la ilusión de no pertenecer a este plano. Esto encierra una verdad, pero niega otra: la de la materia.

Nuestra materia física pertenece a este planeta. El velo de la ilusión provoca que muchos seres de simiente crística encarnados aquí se pierdan en el karma de contratos del alma. Estos contratos se generan por el simple hecho de vibrar en el mundo de la materia.

Internet y la capacidad de mutar

Expliquemos esto empleando la Ley hermética de Correspondencia: «Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba». Tomemos como ejemplo Internet.

Pocas cosas creadas por el hombre en este plano físico mutan tan rápido como Internet. La ciencia médica, la arquitectura y la educación, solo por citar algunas creaciones humanas, avanzan. Pero no tan rápido como lo hacen el software e incluso el hardware.

Uno puede pensar en comprarse la última computadora de avanzada que salió al mercado, para los próximos cinco años. Seguramente, en breve comprobará que quedó desactualizada ante las frecuentes actualizaciones que el sistema cibernético impulsa.

Tomando como referencia el número de habitantes del planeta, un mínimo porcentaje es usuario del ciberespacio. Para eso se necesitan medios económicos para proveer lo necesario en 3D. A su vez, hay que liberar karma para que no nos engañen y nos vendan lo inservible. Porque, en lo que a Internet se refiere, quien no sabe es como el que no ve.

Lo mismo ocurre con lo espiritual. Quien NO VIBRA no puede discernir si es verdad o mentira lo que le ofrecen. Está muerto a una realidad hasta que se rompa su implante/candado, que le cierra la puerta al próximo nivel de consciencia.

No es lo mismo para quien percibe la vibración. Podrá equivocarse en su discernimiento por ausencia de lo Superior en él. Pero, al menos, será fiel a sí mismo obedeciendo a uno de sus Egos rey coronado. Es un estado previo en la evolución al Discernimiento como Santo Don del Espíritu.

Es el discernimiento menor: «buena vibra o mala vibra», que mantiene en 4D. Lo manejan los propios miedos.

La canalización y las formas de conexión

Las dificultades para acceder a Internet son las mismas que existen para acceder a lo espiritual. La canalización de seres de Luz Verdadera es una Internet satelital. La canalización de seres cuartodimensionales es una radio de galena. ¿Acaso como es arriba es abajo y como es abajo es arriba?

Actualizar la estructura o sostener lo conocido

Sigamos con el razonamiento informático. Supongamos que queremos actualizar nuestra computadora. Puede ocurrir que nuestro gabinete, la carcasa o caja, sea pequeño o muy antiguo para recibir la nueva infraestructura que permitiría conectarnos a Internet. Deberemos evaluar, entonces, la conveniencia de actualizarla.

Puede que nos falten los medios económicos. O que nuestro interés personal, por falta de conocimiento, no justifique el esfuerzo. Eso mismo ocurre a muchos en relación con lo espiritual.

Si se puede aprovechar lo que está, mejorando algo, pero sin un gran compromiso que cambie más de lo indispensable, bien. Pero si intentan moverme la estructura… «¡Ojo! Alto. Eso no. ¿Y encima hay que gastar dinero? ¿Acaso lo espiritual no debe ser gratis? ¿No hay quien repare computadoras gratis? No sabía… ¿Así que requiere materiales, conocimiento técnico…? Veo si me arreglo con lo que consigo…».

En lo espiritual, al igual que en el terreno informático: tomo un poco de acá, otro poco de allá… Algo se mejora. Pero son paliativos antes de que la computadora se funda. «¿Total, para qué voy a invertir? La uso hasta donde dé de sí. Yo no me dedico a eso y uso la computadora de tanto en tanto…».

Eso mismo hacemos con nuestro cuerpo físico y nuestros cuerpos espirituales. Estiramos hasta donde den y no invertimos ni tiempo ni voluntad, y menos recursos económicos, en nosotros mismos.

El potencial que no aprovechamos

De igual forma, puede que tengamos una supercomputadora en casa y solo le demos el uso de una máquina de escribir. O la usemos para los videojuegos de los niños… En este caso, lo que tengo en exceso y no soy capaz de aprovechar me será reclamado.

O tal vez, teniendo la infraestructura óptima para conectarnos, nuestra conexión sea deficiente para utilizar todo su potencial. Quizás lo máximo que tenga para comunicarme sea una línea telefónica. En ese caso, deberé plantearme que algo está mal en mi comunicación espiritual.

Si tengo lo último en computadoras y el lugar me dejó aislado, es que mi karma me aisló. Tengo lo que debo tener hasta que trascienda ese karma. Es la precipitación en tercera dimensión de una realidad multidimensional.

El cuerpo físico y los límites del gabinete

Todo es Real al Espíritu. Generalizando, podemos decir que nuestro cuerpo físico es el gabinete. Nuestros cuerpos etérico, emocional y mental son el hardware. Estos cuerpos permiten a nuestro físico interactuar con el medio.

Puedo renovar ese hardware hasta cierto punto: un modelo más nuevo, pero no demasiado. El gabinete no podrá soportar el sistema porque es obsoleto. Como es abajo es arriba. Intenten poner la infraestructura de una Pentium 4 en un gabinete de una XT y verán que no es posible.

Dicho de otra forma, si se tratara de una casa y se intentara refaccionarla, la mejoraríamos en 3D, en lo visible. Pero no podríamos borrarle la memoria de sus paredes, el dolor que guardó de las vidas que allí transcurrieron.

Todo es aparente en tercera dimensión. Si intentamos cambiar dentro partiendo de nuestro deseo, lo más seguro es que realicemos cambios aprovechando la estructura existente. Serán reacondicionamientos que aparentarán mejoras sustanciales. Pero solo serán eso: paliativos por no poder cambiar la máquina entera.

La adaptabilidad de la materia y la receptividad yin

Todo dependerá de la capacidad de adaptación de la materia del cuerpo físico: salud o enfermedad, juventud o madurez, sexo. Es más fácil en un cuerpo sano, aparentemente, que en aquel en el que la enfermedad se haya hecho visible. Es más fácil en la juventud que en la madurez, y en el sexo femenino que en el masculino.

¿Por qué es más fácil el cambio en la mujer que en el hombre? Porque la mujer tiene acondicionados sus órganos internos para poder gestar, lo cual representa una mutación. El hombre tiene los mismos tejidos, pero atrofiados. Para que el hombre pueda mutar, debe trabajar su parte yin y hacerse receptivo.

Sin embargo, los patrones culturales, sobre todo latinoamericanos, interpretan lo yin en el hombre como degeneración y culturalmente lo rechazan. Salvo que él pueda expresarlo en un arte que la sociedad acepte.

Esa falta de misericordia con el hombre, y de él para consigo mismo, conduce a un planeta cada vez más poblado por mujeres. Por sobrevida de estas y muerte temprana del sexo masculino.

El arte, la escritura y el temor a volverse piedra

Solo el arte tiene la sutileza de cambiar rápidamente y de mutar de acuerdo con las necesidades. Pero tiene una limitación, si se quiere. El artista captura un momento que fija en tela, en literatura o en música, por ejemplo. Una vez que «fue fijado», ya no muta.

El artista sigue capturando «momentums», pero no destruye lo que trajo a la materia. Por lo tanto, se ancla por una creencia: «El arte es atemporal». Para que supere al tiempo, el artista lo vuelve piedra. Con ella, un poco de él también se vuelve piedra en cada una de sus obras que descienden a la 3D.

Por eso me llevó tanto tiempo aceptar escribir: porque sabía esto y no quería volverme piedra. El libro en 3D es piedra si no trae en él una manifestación superior.

Internet: crear, destruir y rearmar

Desde ese punto de vista, Internet es una ciencia y un arte. Allí, el artista aún no se reconoce como tal porque está imbuido de códigos matemáticos. Pero supera la limitación anterior: el arte que se crea se puede destruir y rearmar sin el trauma que implica destruir la materia.

Bastará con apretar «delete» para que su obra desaparezca. O con un virus informático atraído por una concentración de energía negativa generada por su creación. «Lo igual atrae a lo igual»: Ley hermética de las Polaridades.

El cuerpo físico y la Nueva Energía

Sabemos que nuestra especie muta visiblemente solo en generaciones. Sin embargo, todos estamos mutando en nuestros cuerpos energéticos inferiores: físico, etérico, mental y emocional. Estos reciben el impacto de la energía planetaria en mutación.

Pero mutan con mayor facilidad aquellos que están dispuestos a flexibilizarse. Aquellos que hacen espacio donde todo está ocupado por los miedos, las creencias y los contratos de la materia. De acuerdo con lo flexibles que seamos, el golpe no nos quebrará.

En la Nueva Energía, nuestros Yo multidimensionales se unifican y nuestro viejo cuerpo físico deberá flexibilizarse, mutar.

¿Cómo lo haremos? ¿Cómo se muta? En la Biblia, en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se nos anunció que recibiríamos nuevos cuerpos transmutados al final de los tiempos. Pero… ¿qué significa eso?

La clave comienza en la Septuagésima Semana de Daniel, que ahora empieza. Fe y Conocimiento, Pistis Sophia.

Que el Espíritu nos guíe Siempre
Con Amor Incondicional
En la Gracia Siempre
Brinda Mair

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Escrito por Brinda Mair · Categorías: Ascensión planetaria, Blog, Ciencias Sagradas · Etiquetas: contratos del alma, cuerpos transmutados, discernimiento, Profeta Daniel, Septuagésima Semana de Daniel, simiente crística

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