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Catolicismo

Devoción a la Virgen María como mediadora

La devoción a la Virgen María como mediadoraLa devoción a la Virgen María como mediadora ante su Hijo Jesucristo se afianza en el siglo XIV. Con la epidemia de peste negra, la gran mortandad hace crecer la fe y se le hacen pedidos de misericordia.

* Devociones

En cada momento histórico y conforme a las necesidades y experiencias de la humanidad, fueron surgiendo devociones.
Algunas tan populares e importantes como la del Rosario.

En un principio tenía 150 Avemarías (imitando los 150 salmos del Salterio); luego se incorporaron 15 Padrenuestros, intercalados como penitencia por las faltas diarias; el Ángelus, recitado al amanecer, a mediodía y al atardecer, y las invocaciones a la Virgen María en letanía empleando expresiones bíblicas. Tan bellas como Rosa Mística, Torre de marfil, Causa de nuestra alegría, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo, Puerta del Cielo, Estrella de la mañana.

También se crearon oficios en su honor con himnos, salmos y oraciones recitados o cantados por monjes y devotos del mundo entero.

Inclusive en el islam también se la venera como la virgen sin pecado Marían.

* Santuarios

Existen santuarios y lugares de peregrinación marianos en todo el mundo.
En Montserrat (España) se venera a la Virgen Negra o Moreneta desde el siglo XII.
El icono de Nuestra Señora de Czestochowa es venerado en Polonia desde el siglo XIV.
En México, la pintura de Nuestra Señora de Guadalupe conmemora la milagrosa aparición de María al indiecito Juan Diego.
En el siglo XIX se produjeron varias apariciones, tales como Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en París, Nuestra Señora de Lourdes en Francia, Nuestra Señora de Knock en Irlanda y Nuestra Señora de Fátima en Portugal.
Actualmente la Madre nos visita en Medjugorge, donde cada tarde se presenta dando su mensaje de Paz y Fe. Exhortando a la oración firme y perseverante, a la acción servicial.

* Maternidad

María es energía de amor incondicional, fidelidad, gracia, pureza, dulzura y paz. Ella aprendió a soltar y a confiar plenamente en el Plan Divino.
Asi como las mamás cada día brindan el alimento en la mesa, también debemos asumir todos nuestra maternidad espiritual, primero con nosotros mismos y luego con nuestros hijos del alma, compartiendo alimento espiritual. Con quien la vida acerca, el prójimo, los compañeros de camino.
Gracias, María, Bendita Seas!
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón.
Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
>Amén. Amén. Amén. Amén.

Con Amor Incondicional
Brinda Mair

Escrito por Catalina Rina · Categorías: Advocaciones marianas, Catolicismo, Ciencias Sagradas, Religiones · Etiquetas: Ángelus

La Virgen de la Medalla Milagrosa: símbolo de gracia y confianza divina

Virgen de la Medalla MilagrosaDescubre el origen y símbolos de la Virgen de la Medalla Milagrosa, emblema de fe y devoción mariana que derrama gracia divina.

La historia de la Virgen de la Medalla Milagrosa es una de las más dulces revelaciones marianas del siglo XIX, un encuentro entre el cielo y la tierra que dejó una huella imborrable en la espiritualidad cristiana. En ella se condensa el misterio de la gracia, la promesa de protección y la invitación a vivir bajo el manto de María con fe sencilla y corazón abierto.

El origen de la Medalla Milagrosa

Todo comenzó en París, en el año 1830, en el convento de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Allí vivía una joven novicia llamada Catalina Labouré, una muchacha humilde, de mirada serena y espíritu contemplativo. En la noche del 18 de julio, mientras dormía, fue despertada por una voz infantil que la invitó a ir a la capilla. Al llegar, encontró a la Virgen María esperándola, sentada en el sillón del padre director, con una luz tan intensa que todo parecía fundirse en un resplandor celestial.

La Virgen le habló con ternura, anunciándole tiempos difíciles para Francia y para la Iglesia, pero también prometiendo su protección maternal. Meses después, el 27 de noviembre, María volvió a aparecerse a Catalina, esta vez de pie sobre un globo, con rayos de luz que salían de sus manos y un óvalo dorado que la rodeaba con la inscripción:

“Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.”

La visión se completó con la imagen del reverso de la medalla: una gran “M” coronada por una cruz, debajo de la cual se encuentran dos corazones, uno rodeado de espinas (el de Jesús) y otro atravesado por una espada (el de María). La Virgen pidió que se acuñara una medalla con esas imágenes y prometió abundantes gracias a quienes la llevaran con fe.

El significado de los símbolos

Cada elemento de la Medalla Milagrosa es una enseñanza espiritual, una síntesis de la fe cristiana expresada en lenguaje simbólico y luminoso.

Símbolo Significado espiritual
María de pie sobre el globo Representa su realeza sobre el mundo y su papel como mediadora entre Dios y la humanidad. El globo es la tierra, y María se muestra como Reina y Madre universal.
La serpiente bajo sus pies Evoca el triunfo del bien sobre el mal, cumpliendo la profecía del Génesis: “Ella te aplastará la cabeza”. Es el símbolo de la victoria de la Inmaculada sobre el pecado.
Los rayos de luz que salen de sus manos Son las gracias que María derrama sobre quienes se acercan a ella con confianza. Catalina contó que algunos rayos no brillaban, y la Virgen explicó que eran las gracias que las personas olvidaban pedir.
La inscripción “Oh María sin pecado concebida…” Es una afirmación del dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado oficialmente años después, en 1854. María es la llena de gracia, preservada del pecado desde su concepción.
La letra “M” entrelazada con la cruz Simboliza la unión inseparable entre María y su Hijo en la obra de la redención. La cruz se eleva sobre la “M” como signo de la participación de la Virgen en el sacrificio de Cristo.
Los dos corazones El corazón de Jesús, rodeado de espinas, representa su amor redentor y su sufrimiento por la humanidad. El corazón de María, atravesado por una espada, expresa su compasión y su unión al dolor de su Hijo.
Las doce estrellas Aluden al Apocalipsis: “Una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. Son símbolo de la Iglesia y de las virtudes de María.

Cada detalle de la medalla es una invitación a contemplar el misterio de la gracia: María no guarda la luz para sí, sino que la derrama sobre el mundo. Su figura no es estática, sino dinámica: los rayos fluyen, el globo gira, la oración se expande. Es la imagen de una presencia viva, una madre que actúa, que intercede, que acompaña.

Cómo usar la Medalla Milagrosa en la devoción

La medalla no es un amuleto ni un objeto mágico; es un signo de fe y confianza. Su poder no reside en el metal, sino en la fe con que se lleva. María prometió que quienes la portaran con devoción recibirían grandes gracias, especialmente si la acompañaban con la oración:

“Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.”

Llevarla puesta —en el cuello, en el bolsillo o en el rosario— es una forma de recordar la presencia maternal de la Virgen en la vida cotidiana. Es como un pequeño altar portátil, una señal silenciosa de pertenencia al amor de Dios.

Rezar con ella implica abrir el corazón a la acción de la gracia. Muchos fieles la usan durante el rezo del rosario, en momentos de dificultad o enfermedad, o como gesto de consuelo para otros. En la tradición popular, se regala la medalla a los enfermos, a los niños recién nacidos o a quienes comienzan una nueva etapa de vida, como símbolo de protección y esperanza.

Meditar sus símbolos también es una práctica espiritual profunda. Contemplar los rayos que brotan de las manos de María puede ser una forma de pedir luz interior; mirar los corazones puede inspirar compasión y entrega; observar la serpiente vencida puede fortalecer la fe en la victoria del bien.

La espiritualidad de la Medalla Milagrosa

La devoción a la Virgen de la Medalla Milagrosa es una escuela de confianza. Nos enseña que la gracia divina no es algo lejano ni abstracto, sino una corriente viva que fluye a través del amor de María. Ella no pide grandes sacrificios, sino fe sencilla y corazón abierto.

Brinda Mair suele decir que los símbolos marianos son “puentes entre el alma y el misterio”, y la Medalla Milagrosa es precisamente eso: un puente de luz. En su forma ovalada, el cielo y la tierra se encuentran; en sus rayos, la misericordia se hace tangible; en su oración, el alma se eleva.

Usar la medalla es entrar en una corriente de gracia que atraviesa los siglos. Es recordar que María está presente, que su mirada alcanza cada rincón del mundo, que sus manos siguen derramando luz sobre quienes confían en ella.

Una invitación a la confianza

La Virgen de la Medalla Milagrosa no vino a fundar una nueva devoción, sino a reavivar la fe en la acción de la gracia. Su mensaje es simple y eterno: Dios actúa a través del amor, y María es el canal de ese amor.

Quien lleva su medalla lleva un recordatorio constante de esa promesa: que la luz vence a la oscuridad, que la pureza vence al pecado, que la fe vence al miedo.

Así, cada vez que la medalla brilla sobre el pecho de un creyente, el mundo recibe un destello de esperanza. Porque en ese pequeño signo de metal late un misterio inmenso: el de una Madre que nunca deja de extender sus brazos al mundo.

Un abrazo de luz
Brinda Mair

Escrito por Catalina Rina · Categorías: Advocaciones marianas, Catolicismo, Ciencias Sagradas, Religiones · Etiquetas: Catalina Labouré

Comunión de los Santos – Listado de Santos

Comunión de los Santos, Listado de SantosLa Patrística es una rama de las Ciencias Sagradas que profundiza en la vida y la enseñanza de los Padres de la Iglesia y, por extensión, ilumina la Comunión de los Santos. Este texto ofrece una guía breve y clara sobre la Comunión de los Santos y los santos de la Iglesia, con un listado útil para tus prácticas y estudios de CanalizandoLuz.

Cuando hablamos de santoral no nos referimos solo a fechas y nombres, sino a un mapa de referencias espirituales y morales que inspiró a generaciones. La tradición cristiana —en sus diversas familias— reconoce la intercesión, el testimonio y la sabiduría de hombres y mujeres que vivieron el Evangelio con radicalidad. Este compendio no pretende ser exhaustivo: reúne figuras conocidas y otras menos difundidas, todas valiosas para el investigador serio de Ciencias Sagradas. Úsalo como índice práctico para ubicar oraciones, biografías y reflexiones; como punto de partida para ampliar bibliografía; y como apoyo para integrar citas en tus posts, clases o estudios personales. Si ya trabajas con categorías, etiquetas y enlaces internos, este listado te ayudará a ordenar mejor tus contenidos y a mejorar la navegación del lector.

Nota para el lector: este santoral apoya el estudio de la Comunión de los Santos y de los santos de la Iglesia católica, favoreciendo una consulta rápida por nombre y enlace.

  1. S. Francisco de Asís
  2. S. Catalina de Alejandría
  3. S. Catalina de Siena
  4. S. Judas Tadeo
  5. S. Expedito
  6. S. Antonio de Padua
  7. S. Teresita
  8. S. Rita de Casia
  9. S. José de Cupertino
  10. S. Juana de Arco
  11. S. Efrén
  12. S. Eduardo
  13. S. Daniel, profeta
  14. S. Mónica de Hipona
  15. S. Esteban
  16. S. Marta de Betania
  17. S. Hilario
  18. S. Pedro
  19. S. Pablo
  20. S. Marta de Betania
  21. S. Elías, profeta
  22. S. Malaquías
  23. S. Gedeón
  24. S. Genaro
  25. S. Bonifacio
  26. S. Cipriano
  27. S. Valentín
  28. S. Fermín
  29. S. Moisés, profeta
  30. S. Zacarías, profeta
  31. S. Elena
  32. S. Cecilia
  33. S. Lucía
  34. S. Rosa de Lima
  35. S. Gabriel, arcángel
  36. S. Rafael, arcángel
  37. S. Uriel, arcángel
  38. S. Miguel, arcángel
  39. S. Ezequiel
  40. S. Benito de Palermo
  41. S. Pantaleón
  42. S. José
  43. S. Patricio
  44. S. María Magdalena
  45. S. Bárbara
  46. S. Escolástica
  47. S. Blas
  48. S. Cayetano de Thiene
  49. S. Brígida
  50. S. Tomás de Aquino
  51. S. Tomás Moro
  52. S. Ana
  53. S. Francisco Solano
  54. S. Juan Bautista
  55. S. Martín de Porres
  56. S. Benito Abad
  57. S. Cristóbal
  58. S. Jeremías, profeta
  59. S. Cipriano
  60. S. Martín de Tours
  61. S. Agustín
  62. S. Melquisedec
  63. S. Gregorio Magno
  64. S. Ramón Nonato
  65. S. Juan Crisóstomo
  66. S. Andrés
  67. S. Hilarión
  68. S. Teresa de Ávila
  69. S. Buenaventura
  70. S. Santiago Apóstol, el Mayor

Un abrazo de luz
Brinda Mair
#comuniondelossantos #brindamair

Escrito por Catalina Rina · Categorías: Blog, Catolicismo, Ciencias Sagradas, Rituales, Santoral · Etiquetas: oraciones, patrística, santoral

Qué significa ser católico: lo que cambia por dentro

Qué significa ser católico

Qué significa ser católico es descubrir que la fe católica está sostenida por un amor eterno, fiel e incondicional. Todo comienza en la gracia: Dios llama a cada persona por su nombre y, en Cristo, abre un camino de libertad interior.

A partir de ese encuentro, la mirada se vuelve más compasiva, la conciencia adquiere mayor claridad y brota una alegría serena que no depende de las circunstancias externas.

Comprender qué significa ser católico es reconocer que esta fe otorga identidad, porque revela que somos hijos de Dios; brinda sentido, al mostrar que la existencia forma parte de una historia orientada hacia la plenitud; y ofrece compañía, porque Dios permanece presente en todo momento.

La oración abre un espacio de verdad, la Palabra de Dios ilumina las decisiones y la comunidad cristiana enseña paciencia, humildad y servicio. Por tanto, no se trata de una teoría abstracta, sino de un camino concreto que educa el corazón para amar mejor.

Los sacramentos de la iglesia: escuelas de transformación

En la vida católica, los sacramentos son auténticas escuelas de transformación interior. El Bautismo incorpora al creyente a Cristo; la Eucaristía enseña a vivir en actitud de entrega y gratitud; la Reconciliación restaura la confianza cuando se ha fallado; y la Confirmación fortalece la libertad para elegir el bien.

Asimismo, la Unción de los enfermos, el Matrimonio y el Orden sagrado sostienen vocaciones concretas y acompañan los momentos más decisivos de la historia personal.

Con la mirada puesta en la vida eterna, el presente adquiere un valor más profundo. Entonces, el creyente se compromete con la justicia, cuida la creación, acompaña el sufrimiento ajeno y trabaja por la paz. Además, aprende a discernir en los pequeños detalles, a ordenar sus afectos y a perseverar sin perder la alegría.

La Iglesia custodia una memoria viva: la Sagrada Escritura leída a la luz de la Tradición, la liturgia que celebra el misterio, los santos que muestran caminos posibles y el arte sacro que educa la sensibilidad para lo verdadero. De este modo, la fe madura con el tiempo y se expresa en obras concretas.

Qué significa ser católico ofrece una esperanza práctica: la capacidad de recomenzar, reconciliar lo que se ha roto y mantenerse fiel en medio de las pruebas.

En definitiva, es vivir de tal manera que el amor recibido se convierta en misión cotidiana y la existencia entera se transforme en un taller de bien.

— Un creyente en Cristo

Escrito por Catalina Rina · Categorías: Blog, Catolicismo, Ciencias Sagradas, Religiones · Etiquetas: catolicismo, Iglesia católica, oración cristiana, sacramentos

Los 13 arrepentimientos de Pistis Sophia

Los 13 arrepentimientos de Pistis SofíaEl leer cada arrepentimiento de la Sophia caída en el Universo Kármico pidiendo regresar a la luz activará la fe y te atraerá liberación divina. Esta enseñanza se encuentra en el Pistis Sophia. Este es un texto gnóstico copto que relata la historia de la caída del Conocimiento (Pistis) en el universo kármico, donde queda atrapado en un plano de ignorancia y sufrimiento. En esta experiencia, la Fe (Sophia) —que representa la Fe viva— eleva sus súplicas a la Divinidad, pidiendo ser rescatada de las fuerzas que la retienen en la oscuridad (La Sophia caída).

Estos ruegos de la Sophia caída, conocidos como los 13 arrepentimientos, son clamores que buscan la reconexión con la Luz y la liberación del alma. En el libro original, estas plegarias se encuentran en la versión comentada de J. J. Hurtak, pero sus contenidos coinciden con salmos de la Biblia. Por eso, para quienes no tienen acceso al Pistis Sophia, se recomienda leer los salmos bíblicos correspondientes para activar la misma energía de liberación.

Cómo practicar los 13 días de arrepentimiento

Durante 13 días consecutivos, lee cada día los 13 salmos correspondientes a cada arrepentimiento, preferiblemente en distintos horarios. Si cuentas con la edición comentada del Pistis Sophia, puedes leer un arrepentimiento completo por día. Para potenciar la energía de conexión con la Luz, se recomienda iniciar la práctica al día siguiente del plenilunio.

Correspondencia entre arrepentimientos y salmos

Arrepentimiento Salmo
1º (pág. 160) 69 (pág. 174)
2º (pág. 180) 71 (pág. 186)
3º (pág. 189) 70 (pág. 191)
4º (pág. 193) 102 (pág. 198)
5º (pág. 205) 88 (pág. 212)
6º (pág. 217) 130 (pág. 220)
7º (pág. 225) 25 (pág. 232)
8º (pág. 238) 31 (pág. 244)
9º (pág. 251) 35 (pág. 257)
10º (pág. 265) 120 (pág. 267)
11º (pág. 269) 52 (pág. 271)
12º (pág. 274) 109 (pág. 109)
13º (pág. 283) 51 (pág. 285)

Cantos y alabanzas complementarias

  • Cantos de Liberación – Odas de Salomón: 1º (pág. 288) → Oda 5 | 2º (pág. 292) → Oda 19
  • Cantos de alabanza – Salmo 107 (pág. 431)
  • Lecturas adicionales: pág. 72, 82, 99 (nº 49), 564, 566, 570 | Salmo 85 (pág. 296)

Actividad propuesta: Lee los salmos correspondientes a cada arrepentimiento para activar la energía de liberación, invocando la fuerza de la Sophia que pide ser rescatada por la Luz Divina.
Nota: Se trata de una práctica muy poderosa y te recomiendo no usarla vanamente. Utilízala en situaciones extremas de desesperación o dolor.

trece arrepentimientos de Pistis Sophia en Salmos de la Biblia

Salmos de Pistis Sophia en la Biblia

Los trece arrepentimientos de Pistis Sophia en Salmos de la Biblia son clamores de la Fe (Pistis) y la Sabiduría (Sophia), que, habiendo sido atrapada en la frecuencia del Universo kármico del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, clama por regresar a los Universos de Luz de donde provino.

Primer arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 69

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». De David.

2 ¡Sálvame, Dios mío,
porque el agua me llega a la garganta!
3 Estoy hundido en el fango del Abismo
y no puedo hacer pie;
he caído en las aguas profundas,
y me arrastra la corriente.
4 Estoy exhausto de tanto gritar,
y mi garganta se ha enronquecido;
se me ha nublado la vista
de tanto esperar a mi Dios.
5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver
lo que yo no he robado!
6 Dios mío, tú conoces mi necedad,
no se te ocultan mis ofensas.
7 Que no queden defraudados por mi culpa
los que esperan en ti, Señor del universo;
que no queden humillados por mi causa
los que te buscan, Dios de Israel.
8 Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
9 me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
10 porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
11 Cuando aflijo mi alma con ayunos,
aprovechan para insultarme;
12 cuando me visto de penitente,
soy para ellos un motivo de risa;
13 los que están a la puerta murmuran contra mí,
y los bebedores me hacen burla con sus cantos.
14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.
15 Sácame del lodo para que no me hunda,
líbrame de los que me odian
y de las aguas profundas;
16 que no me arrastre la corriente,
que no me trague el Abismo,
que el Pozo no se cierre sobre mí.
17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,
por tu gran compasión vuélvete a mí;
18 no me ocultes el rostro a tu servidor,
respóndeme pronto, porque estoy en peligro.
19 Acércate a mí y rescátame,
líbrame de mis enemigos:
20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra,
todos mis enemigos están ante ti.
21 La vergüenza me destroza el corazón,
y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,
en vano busco un consuelo:
22 pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre.
23 Que su mesa se convierta en una trampa,
y sus manjares, en un lazo;
24 que se nuble su vista y no vean
y sus espaldas se queden sin fuerza.
25 Descarga sobre ellos tu indignación,
que los alcance el ardor de tu enojo;
26 que sus poblados se queden desiertos
y nadie habite en sus carpas.
27 Porque persiguen al que tú has castigado
y aumentan los dolores del que tú has herido.
28 Impútales una culpa tras otra,
no los declares inocentes;
29 bórralos del Libro de la Vida,
que no sean inscritos con los justos.
30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,
que tu ayuda me proteja:
31 así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias;
32 esto agradará al Señor más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
33 Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan a Dios:
34 porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos.
35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,
y todos los seres que se mueven en ellos;
36 porque Dios salvará a Sión

y volverá a edificar las ciudades de Judá:
37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,
y los que aman su nombre morarán en ella.

Segundo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 71

1 Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
2 Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.
3 Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
4 ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío,
de las garras del malvado y del violento!
5 Porque tú, Señor, eres mi esperanza
and mi seguridad desde mi juventud.
6 En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector,
y mi alabanza está siempre ante ti.
7 Soy un motivo de estupor para muchos,
pero tú eres mi refugio poderoso.
8 Mi boca proclama tu alabanza
y anuncia tu gloria todo el día.
9 No me rechaces en el tiempo de mi vejez,
no me abandones, porque se agotan mis fuerzas;
10 mis enemigos hablan contra mí,
y los que me acechan se confabulan, diciendo:
11 «Dios lo tiene abandonado: persíganlo,
captúrenlo, porque no hay nadie quien lo libre».
12 ¡Oh Dios, no te quedes lejos de mí;
Dios mío, ven pronto a socorrerme!
13 ¡Queden confundidos y humillados
los que atentan contra mi vida!
¡Queden cubiertos de oprobio y de vergüenza
los que buscan mi perdición!
14 Yo, por mi parte, seguiré esperando
and te alabaré cada vez más.
15 Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
16 Vendré a celebrar las proezas del Señor,
evocaré tu justicia, que es solo tuya.
17 Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.
18 Ahora que estoy viejo y lleno de canas,
no me abandones, Dios mío,
hasta que anuncie las proezas de tu brazo
a la generación que vendrá.
19 Tu justicia llega hasta el cielo, oh Dios:
tú has hecho grandes cosas,
y no hay nadie igual a ti, Dios mío.
20 Me hiciste pasar por muchas angustias,
pero de nuevo me darás la vida;
me harás subir de lo profundo de la tierra,
21 acrecentarás mi dignidad
y volverás a consolarme.
22 Entonces te daré gracias con el arpa,
por tu fidelidad, Dios mío;
te cantaré con la cítara,
a ti, el Santo de Israel.
23 Mis labios te cantarán jubilosos,
y también mi alma, que tú redimiste.
24 Yo hablaré de tu justicia todo el día,
porque quedarán confundidos y avergonzados
los que buscan mi perdición.

Tercer arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 70

1 Del maestro de coro. De David. En memoria.

2 ¡Líbrame, Dios mío!
¡Señor, ven pronto a socorrerme!
3 Que se avergüencen y sean humillados
los que quieren acabar con mi vida.
Que retrocedan confundidos
los que desean mi ruina;
4 que vuelvan la espalda avergonzados los que se ríen de mí.
5 Que se alegren y regocijen en ti
todos los que te buscan;
y digan siempre los que desean tu victoria:
«¡Qué grande es nuestro Dios!».
6 Yo soy pobre y miserable:
ven pronto, Dios mío;
tú eres mi ayuda y mi libertador,
¡no tardes, Señor!

Cuarto arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 102

1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor.

2 Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
3 no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco.
4 Porque mis días se disipan como el humo,
y mis huesos arden como brasas;
5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba,
¡y hasta me olvido de comer mi pan!
6 Los huesos se me pegan a la piel,
por la violencia de mis gemidos.
7 Me parezco a una lechuza del desierto,
soy como el búho entre las ruinas;
8 estoy desvelado, y me lamento
como un pájaro solitario en el tejado;
9 mis enemigos me insultan sin cesar,
y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.
10 Yo como ceniza en vez de pan
y mezclo mi bebida con lágrimas,
11 a causa de tu indignación y tu furor,
porque me alzaste en alto y me arrojaste.
12 Mis días son como sombras que se agrandan,
y me voy secando como la hierba.
13 Pero tú, Señor, reinas para siempre,
y tu Nombre permanece eternamente.
14 Tú te levantarás, te compadecerás de Sión,
porque ya es hora de tenerle piedad,
ya ha llegado el momento señalado:
15 tus servidores sienten amor por esas piedras
y se compadecen de esas ruinas.
16 Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
17 cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
18 cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.
19 Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
20 porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
21 para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
29 Los hijos de tus servidores tendrán una morada
y su descendencia estará segura ante ti.
22 para proclamar en Sión el nombre del Señor
y su alabanza en Jerusalén,
23 cuando se reúnan los pueblos y los reinos,
y sirvan todos juntos al Señor.
24 Mis fuerzas se debilitaron por el camino
y se abreviaron mis días;
25 pero yo digo: «Dios mío,
no me lleves en la mitad de mi vida,
tú que permaneces para siempre».
26 En tiempos remotos, fundaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos;
27 ellos se acaban, y tú permaneces:
se desgastan lo mismo que la ropa,
los cambias como a un vestido, y ellos pasan.
28 Tú, en cambio, eres siempre el mismo,
y tus años no tienen fin.

Quinto arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 88

1 Canto. Salmo de los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema de Hernán, el aborigen.

2 ¡Señor, mi Dios y mi salvador,
día y noche estoy clamando ante ti:
3 que mi plegaria llegue a tu presencia;
inclina tu oído a mi clamor!
4 Porque estoy saturado de infortunios,
y mi vida está al borde del Abismo;
5 me cuento entre los que bajaron a la tumba,
y soy como un hombre sin fuerzas.
6 Yo tengo mi lecho entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
como aquellos en los que tú ya ni piensas,
porque fueron arrancados de tu mano.
7 Me has puesto en lo más hondo de la fosa,
en las regiones oscuras y profundas;
8 tu indignación pesa sobre mí,
y me estás ahogando con tu oleaje.
9 Apartaste de mí a mis conocidos,
me hiciste despreciable a sus ojos;
estoy prisionero, sin poder salir,
10 y mis ojos se debilitan por la aflicción.
Yo te invoco, Señor, todo el día,
con las manos tendidas hacia ti.
11 ¿Acaso haces prodigios por los muertos,
o se alzan los difuntos para darte gracias?
12 ¿Se proclama tu amor en el sepulcro,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
13 ¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas,
o tu justicia en la tierra del olvido?
14 Yo invoco tu ayuda, Señor,
desde temprano te llega mi plegaria:
15 ¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué me ocultas tu rostro?
16 Estoy afligido y enfermo desde niño,
extenuado bajo el peso de tus desgracias;
17 tus enojos pasaron sobre mí,
me consumieron tus terribles aflicciones.
18 Me rodearon todo el día como una correntada,
me envuelven todos a la vez.
19 Tú me separaste de mis parientes y amigos,
y las tinieblas son mis confidentes.

Sexto arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 130

1 Canto de peregrinación.

Desde lo más profundo te invoco, Señor,
2 ¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
3 Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
4 Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
5 Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
6 Mi alma espera al Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora,
7 espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
8 él redimirá a Israel
de todos sus pecados.

Séptimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 25

1 De David.

[Alef] A ti, Señor, elevo mi alma,
2 [Bet] Dios mío, yo pongo en ti mi confianza;
¡que no tenga que avergonzarme
ni se rían de mí mis enemigos!
3 [Guímel] Ninguno de los que esperan en ti
tendrá que avergonzarse:
se avergonzarán los que traicionan en vano.
4 [Dálet] Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
5 [He] Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
[Vau] y yo espero en ti todo el día.
6 [Zain] Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
7 [Jet] No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.
8 [Tet] El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
9 [Iod] él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.
10 [Caf] Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
11 [Lámed] ¡Por el honor de tu Nombre, Señor,
perdona mi culpa, aunque es muy grande!
12 [Mem] ¿Hay alguien que teme al Señor?
Él le indicará el camino que debe elegir:
13 [Nun] su alma descansará feliz
y su descendencia poseerá la tierra.
14 [Sámec] El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.
15 [Ain] Mis ojos están siempre fijos en el Señor,
porque él sacará mis pies de la trampa.
16 [Pe] Mírame, Señor, y ten piedad de mí,
porque estoy solo y afligido:
17 [Sade] alivia las angustias de mi corazón,
y sácame de mis tribulaciones.
18 [Qof] Mira mi aflicción y mis fatigas,
y perdona a todos mis pecados.
19 [Res] Mira qué numerosos son mis enemigos
y qué violento es el odio que me tienen.
20 [Sin] Defiende mi vida y líbrame:
que no me avergüence de haber confiado en ti;
21 [Tau] la integridad y la rectitud me protegen,
porque yo espero en ti, Señor.
22 Salva, Dios mío, a Israel
de todas sus angustias.

Octavo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 31

Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia
3 inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
5 Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
6 Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos
y confío en el Señor.
8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
Cuando tú viste mi aflicción
y supiste que mi vida peligraba,
9 no me entregaste al poder del enemigo,
me pusiste en un lugar espacioso.
10 Ten piedad de mí, Señor,
porque estoy angustiado:
mis ojos, mi garganta y mis entrañas
están extenuados de dolor.
11 Mi vida se consume de tristeza,
mis años, entre gemidos;
mis fuerzas decaen por la aflicción
y mis huesos están extenuados.
12 Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí,
13 Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil.
14 Oigo los rumores de la gente
and amenazas por todas partes,
mientras se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida.
15 Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
16 mi destino está en tus manos».
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen.
17 Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia;
18 Señor, que no me avergüence
de haberte invocado.
Que se avergüencen los malvados
y bajen mudos al Abismo;
19 que enmudezcan los labios mentirosos,
los que profieren insolencias contra el justo
con soberbia y menosprecio.
20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.
21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras.
22 ¡Bendito sea el Señor!
Él me mostró las maravillas de su amor
en el momento del peligro.
23 En mi turbación llegué a decir:
«He sido arrojado de tu presencia».
Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,
cuando yo te invocaba.
24 Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios.
25 Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor.

Noveno arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 35

1 De David.

Combate, Señor, a los que me atacan,
pelea contra los que me hacen la guerra.
2 Toma el escudo y el broquel,
levántate y ven en mi ayuda;
3 empuña la lanza y la jabalina
para enfrentar a mis perseguidores;
dime: «Yo soy tu salvación».
4 Que sufran una derrota humillante
los que intentan quitarme la vida;
que vuelvan la espalda confundidos
los que traman mi perdición.
5 Que sean como la paja ante el viento,
mientras el Ángel del Señor los arrastra;
6 que su camino sea oscuro y resbaladizo,
mientras el Ángel del Señor los persigue.
7 Porque me tendieron sus redes sin motivo
y me cavaron una fosa mortal:
8 ¡que los sorprenda un desastre imprevisto;
que sean atrapados por sus propias redes,
y caigan en la fosa que ellos mismos cavaron!
9 Pero yo me alegraré en el Señor,
me regocijaré por su victoria;
10 todo mi ser proclamará:
«Señor, no hay nadie igual a ti;
tú libras al débil de las manos del más fuerte,
y al pobre, de aquel que lo despoja».
11 Se presentan contra mí testigos falsos;
me piden cuenta de cosas que ignoro;
12 me devuelven mal por bien,
dejando mi alma desolada.
13 Yo, en cambio, cuando ellos estaban enfermos,
me cubría con ropas de penitente,
afligía mi alma con ayunos
y oraba con la cabeza inclinada.
14 Ellos eran para mí como un amigo o un hermano,
y yo andaba triste y abatido,
como quien llora la muerte de su madre.
15 Pero cuando tropecé ellos se alegraron,
se juntaron todos contra mí
y me golpearon sorpresivamente;
me desgarraban sin cesar,
16 se burlaban de mí con crueldad
y rechinaban contra mí sus dientes.
17 Señor, ¿cuánto tiempo vas a tolerarlo?
Líbrame de los animales rugientes,
salva mi vida de los leones;
18 y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré en medio de una multitud.
19 ¡Que no canten victoria mis enemigos traicioneros,
ni se guiñen el ojo los que me odian sin motivo!
20 Ellos no hablan de paz,
sino que atacan a los oprimidos de la tierra;
traman planes engañosos
21 y se ríen de mí a carcajadas, diciendo:
«Lo hemos visto con nuestros propios ojos».
22 Tú también lo has visto, Señor, no te calles;
no te quedes lejos de mí, Señor;
23 ¡despiértate, levántate, Dios mío,
Señor mío, defiende mi causa!
24 Júzgame según tu justicia, Señor;
Dios mío, que no canten victoria sobre mí;
25 que no piensen: «Se cumplió nuestro deseo»,
ni digan: «Lo hemos devorado».
26 Que sufran una derrota humillante
los que se alegran de mi desgracia;
que se cubran de confusión y de vergüenza
los que se envalentonan contra mí.
27 Canten, en cambio, y alégrense,
los que desean mi triunfo;
los que desean mi felicidad,
repitan siempre: «¡Qué grande es el Señor
que en la paz de su siervo se complace!».
28 Entonces mi lengua pregonará tu justicia,
y cada día proclamará tu alabanza.

Décimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 120

1 Canto de peregrinación.

En mi aflicción invoqué al Señor,
y él me respondió.
2 ¡Líbrame, Señor, de los labios mentirosos
y de la lengua traicionera!
3 ¿Con qué te castigará el Señor,
lengua traicionera?
4 Con flechas afiladas de guerrero
y con brasas de retama.
5 ¡Ay de mí, que estoy desterrado en Mésec,
y vivo en los campamentos de Quedar!
6 Mucho tiempo he convivido
con los que odian la paz.
7 Cuando yo hablo de paz,
ellos declaran la guerra.

Undécimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 52

1 Del maestro de coro. Poema de David.
2 Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl, diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélec».

3 ¿Por qué te jactas de tu malicia,
hombre prepotente y sin piedad?
4 Estás todo el día tramando maldades,
tu lengua es como navaja afilada,
y no haces más que engañar.
5 Prefieres el mal al bien,
la mentira a la verdad;
6 amas las palabras hirientes,
¡lengua mentirosa!
7 Por eso Dios te derribará,
te destruirá para siempre,
te arrojará de tu carpa,
te arrancará de la tierra de los vivientes.
8 Al ver esto, los justos sentirán temor
y se reirán de él, diciendo:
9 «Este es el hombre que no puso su refugio en Dios,
sino que confió en sus muchas riquezas
y se envalentonó por su maldad».
10 Yo, en cambio, como un olivo frondoso
en la Casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia de Dios.
11 Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles.

Duodécimo arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 52

1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

Dios de mi alabanza, no te quedes callado,
2 porque unos hombres malvados y mentirosos
han abierto su boca contra mí.
Me han alabado con mentira en los labios,
3 me han envuelto con palabras de odio,
me combaten sin motivo.
4 Me acusan, a cambio de mi amor,
aunque yo oraba por ellos.
5 Me devuelven mal por bien
y odio por amor, diciendo:
6 «Que se ponga contra él a un impío,
y tenga un acusador a su derecha;
7 que salga condenado del juicio
y su apelación quede frustrada.
8 Que sean pocos sus días
y que otro ocupe su cargo;
9 que sus hijos queden huérfanos,
y su mujer, viuda.
10 Que sus hijos vayan errantes, pidiendo limosna,
y sean echados de sus casas derruidas;
11 que el acreedor se apodere de sus bienes,
y gente extraña le arrebate sus ganancias.
12 Que ni uno solo le tenga piedad,
y nadie se compadezca de sus huérfanos;
13 que su posteridad sea exterminada,
y en una generación desaparezca su nombre.
14 Que el Señor recuerde la culpa de sus padres,
y no borre el pecado de su madre:
15 que estén siempre delante del Señor,
y él extirpe su recuerdo de la tierra.
16 Porque nunca pensó en practicar la misericordia,
sino que persiguió hasta la muerte al pobre,
al desvalido y al hombre atribulado.
17 Amó la maldición: que recaiga sobre él;
no quiso la bendición: que se retire de él.
18 Se revistió de la maldición como de un manto:
¡que ella penetre como agua en su interior
y como aceite en sus huesos;
19 que sea como un vestido que lo cubra
y como un cinturón que lo ciña para siempre!».
20 Que así retribuya el Señor a mis acusadores,
a aquellos que me calumnian.
21 Pero tú, Señor, trátame bien,
por el honor de tu Nombre;
líbrame, por la bondad de tu misericordia.
22 Porque yo soy pobre y miserable,
y mi corazón está traspasado;
23 me desvanezco como sombra que declina,
soy sacudido como la langosta.
24 De tanto ayunar se me doblan las rodillas,
y mi cuerpo está débil y enflaquecido;
25 soy para ellos un ser despreciable,
al verme, mueven la cabeza.
26 Ayúdame, Señor, Dios mío,
sálvame por tu misericordia,
27 para que sepan que aquí está tu mano,
and que tú, Señor, has hecho esto;
28 no importa que ellos maldigan,
con tal que tú me bendigas.
Queden confundidos mis adversarios,
mientras tu servidor se llena de alegría:
29 que mis acusadores se cubran de oprobio,
y la vergüenza los envuelva como un manto.
30 Yo daré gracias al Señor en alta voz,
lo alabaré en medio de la multitud,
31 porque él se puso de parte del pobre,
para salvarlo de sus acusadores.

Décimo tercer arrepentimiento de la Sophia caída:
SALMO 51

1 Del maestro de coro. Salmo de David. 2 Cuando el profeta Natán lo visitó, después que aquel se había unido a Betsabé.

3 ¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
4 ¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
5 Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
6 Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
7 yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.
8 Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
10 Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.
11 Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
13 No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
14 Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
15 yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
17 Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
18 Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
19 mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
20 Trata bien a Sión por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén,
21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales
–las oblaciones y los holocaustos–
y se ofrecerán novillos en tu altar.

Extraído de la Biblia on line «El Pueblo de Dios».

Escrito por Catalina Rina · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas, Cristianismo ortodoxo, Rituales · Etiquetas: práctica espiritual, Salmos bíblicos

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