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Credo

Mi Credo y sus ecos. Sentires

Mi credo, ecos y sentiresEl credo reúne una declaración de principios y testimonios de fe. Mi credo, ecos y sentires comparte experiencias de Dios en la vida diaria.

Días atrás, compartí con Uds. «Mi Credo». Ha producido respuestas que he reunido en lo que he llamado «Mi Credo y sus ecos». Las comparto con Uds. a continuación.

Queridos amigos del Alma: ¡Anímense a escribir su credo!

Brinda Mair

Saludos. Quizás deba hacer preguntas, pero te expreso lo que sentí:

El credo es la tabla del surfista que me fortalece mientras me tambaleo por las aguas del océano de mi vida.

El credo que escribiste recoge aquello en lo cual creemos y hemos trabajado durante estos años. Lo hemos comprobado. Mi fe en esa energía universal, Dios, se refuerza mientras reconozco que las creencias religiosas están en vías de derrumbarse. Y aquel que no tenga en su interior ni un ápice de fe en lo superior, en él caerá.

Nos están diciendo verdades o medias verdades de las religiones a través de películas, de muchos libros y de canalizaciones. ¿Acabaremos de despertar algún día?

Bendiciones, Yelaima, de Puerto Rico.

«Mi querida amiga del alma, hola. Cuesta mucho expresar con palabras todo lo que sentí al leer tu credo. Tengo imágenes que pasaron por mí.

Brinda, te cuento que han proliferado documentales de toda índole. Hay de todo lo que puedas imaginar: illuminatis, reptiloides, etc. Por tal motivo, gracias a todas las técnicas que por gracia he podido tomar, pido al Padre discernimiento para mantener mi mente limpia y lúcida.

En 3D se ven y se escuchan estas películas como gritos de angustia, donde reina la oscuridad y el caos. Las personas se involucran y les cuesta mucho sacudirse de estas realidades creadas sobre la base del miedo. Es muy fuerte. Yo he visto a mi alrededor estas situaciones. Familiares y amigos creen a pie juntillas todo lo que el documental u otras películas dicen. Se quedan tiesos, no son capaces de reaccionar. Se enfrentan a Dios echándole toda la culpa de la injusticia, el hambre, la guerra, etc. Son incapaces de ver su participación en todo lo que acontece: “Los otros tienen la culpa, yo soy víctima”. Es muy fuerte.

He leído con mucha atención tu credo y realmente aúna todo lo que yo siento de forma tan clara. Me he quedado pensando en mi vida en 3D. Has sintetizado de manera luminosa y clara, en esencia, en sustancia, en esqueleto, lo que mi alma siempre anheló. Pero muchas veces, por irse por los lados del camino, no lograba entender.

Sentí, cuando volvía a releerlo, como si una llave se hubiera puesto en mi corazón. Yo la doy vuelta y se abre mi corazón, y él lee tu credo. Está escrito para leerlo con los ojos del alma. Fue un mensaje para ella. Sentí que sonrió y que me decía: “Eso es lo que siempre quise decirte… Explicarte para que comprendieras. Pero tenías que hacer tú tu trabajo, tu aprendizaje, para que algún día me sacaras el candado que me habías puesto”».

Hanna, iniciada de Santiago de Chile de Akkor al Adan Kadmon.

Queridísima Brinda:

Estoy altamente emocionada al vibrar tu credo. Mi ser entero se conmueve y alegra. Además de una declaración de «principios o creencias», es una bendición.

Coincido totalmente y viajo en esta energía para hacerla Tierra y aplicarla en el día a día. Sanándonos, transformándonos en el aquí y ahora, en virtud de un Plan Mayor Superior Divino.

Hace tiempo te conocí. Me llevaron mis guías a tu taller de Abandona el Laberinto. Solo he recibido de CanalizandoLuz, luz y más luz, conocimiento y tanto más.

Lo que primero me impactó cuando te conocí es que recibí las palabras que mi alma anhelaba. Dijiste: «Yo enseño herramientas para que la persona trabaje su energía y conecte con lo superior en ella sin intermediarios. Enseño a sentir. El trabajo espiritual debe servir para mejorar la vida diaria. Primero, empezar por uno…».

Soy una curiosa insaciable. Busco a Dios desde que nací y amo a Jesús. Experimentadora total, pero iba por la vida sin brújula ni manual actualizado.

Tu canal me los ha brindado. Gracias totales.

Hoy soy una persona que encontró un norte, más sana, alegre, trabajadora, con mis limitaciones, humanidades y altibajos. Sé que, sin creérsela, iremos dando los pasos necesarios en esta aventura de la vida. Esta escuela querida, con el Cristo vibrando en el corazón y guiándonos en todo. Aprendiendo siempre y compartiéndolo con el Hermano.

He hecho valiosísimos amigos del alma en estos tiempos. Pido que la Misericordia y la Clemencia nos abracen cada día y aprendamos a servir.

La obra continúa, es diaria, no es fácil, pero acá estamos sumando. Un día te dije: «Yo tomo la posta», sin saber lo que decía. Hoy me hace muy feliz. Manos a la obra, pues ¡Bendito Sea Dios!

Que el Espíritu nos guíe siempre.
De todo corazón, tu amiga del Alma.

«Muchas veces utilizamos una explicación que es solo lógica racional humana para decir que los hechos se repiten a lo largo de la historia humana. La utilizamos como herramienta para tratar de justificar la llamada “invención del concepto de Dios”. Sin embargo, esa misma explicación, desde la Fe, es una lógica que da certeza de la existencia de Dios. Del Plan Divino y de la Venida del Cristo… De la sincronía de los tiempos, de la pequeñez humana para interpretar los acontecimientos…

Tener elementos para el rastreo histórico de la energía crística me hace creer más en Dios. Soy católica de formación y de práctica religiosa. Es más, tener más herramientas para discernir me hizo pensar en las “razones por las que Dios eligió al pueblo de Israel como su pueblo”. ¿Acaso no se dio a conocer a todos los pueblos, pero no todos eligieron seguirlo? Insisto: tantas sincronías, tantos signos del plan trazado por Dios en este mundo y desarrollado hasta nuestros días solo reafirman mi fe».

Laina Eymus, de Santa Fe, Argentina.

«Te cuento que imprimí el credo para leerlo despacio. Lo cierto es que el papel sigue transmitiéndome una serie de sensaciones y emociones que no soy capaz de alcanzar con el ordenador.

Realmente, Brinda, es maravilloso. Se me puso, y aún ahora se me pone, un nudo en la garganta que me hace llorar. Es como sentir una necesidad de Dios y sentir que Él está cerca, acariciando tu cabeza y confortándote. Siento como si mi llanto se proyectase en el futuro por algo que ha de venir. Pero mis egos se niegan a mirar por temor. Y mi niño sabe… Tal vez es porque aún no acabo de encontrar al Cristo en mí. Sé, siento positivamente, que me espera con los brazos abiertos.

Tenía una amiga, cuando teníamos quince años o así, que era atea y se empeñaba en demostrarme que Dios no existía. Un día le dije: “Mira, vamos a dejarlo. Yo no voy a convencerte a ti, ni pienso perder el tiempo. Ni tú a mí, por más que me digas que te dé pruebas. Para sentir a Dios no sirven pruebas materiales. Se le siente en el corazón o no se le siente. Se lo siente derramándose alrededor. Solo hace falta saber mirar”. Supongo que utilizaría otras palabras, porque esta forma de expresarlo la he conseguido con el trabajo interno.

Las religiones comparadas me han servido para ver que Dios existe y que se manifiesta a cada pueblo y época. Lo hace según el lenguaje humano que necesitan esas gentes. Algunos se pelean por pretender que su religión es la única. O argumentan que, si hay tantas religiones, es porque ninguna es válida. ¡JA, JA, JA! ¡Qué miopes! ¿No resulta un tanto egocéntrico querer hacer que Dios o tal Maestro sea propiedad de una sola religión?

Yo he indagado en varias religiones y al final he vuelto al seno de la cristiana, que es donde nací. Lo que ocurre es que me he quedado con la parte mística y no tanto con la de a pie.

Algunos piensan que la “fe es el opio del pueblo”. A veces no puedo evitar pensar si tengo fe por miedo al vacío sin Dios. Pero entonces mis voces interiores me recuerdan que lo he sentido. Y es más real que cualquier cosa que diera la matriz.

Creo que la fe es la mano que tendemos a Dios para sentirle. Pero es bueno que la apoye el conocimiento maduro, ¿verdad? Creo que eso es lo que nos enseñas a encontrar.

Querida Brinda, gracias por ayudarnos a ser exploradores de nosotros mismos en el camino del encuentro con nuestro Ser de Luz. Y por sacarnos del borreguismo de la manada».

Naina, de Euskadi.

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas, Oraciones cristianas, Testimonios · Etiquetas: Credo, discernimiento, fe, religiones comparadas., trabajo espiritual

Mi Credo. Credo espiritual de Brinda Mair

Credo espiritual de Brinda MairEl Credo espiritual de Brinda Mair sirve para declarar aquello en lo que creo. Esto es muy importante porque moviliza la energía de la intención, porque no basta con solo creer.  La verbalización de aquello en lo que se cree, da fuerza al nivel de conciencia en que vibramos, porque a imagen y semejanza del Padre, utilizamos el Verbo Creador para dar vida a aquello que decimos.  

Queridos amigos del Alma:
De las oraciones cristianas, hay una que jamás utilizo y es el Credo porque simplemente me tomo muy en serio las palabras y no puedo repetir aquello en que no creo plenamente. Esto ha ocasionado que termine omitiéndolo de las técnicas que realizo cuando ellas lo citan, o bien lo reemplazo por  «La Gran Invocación«.

Evidentemente, había en mí una falta de declaración de principios.

En la noche de la fiesta de San Miguel Arcángel, mis guías me hicieron ver que se acercan épocas en que la fe en Dios será puesta en tela de juicio y, al menos para mí, un mundo sin fe espiritual vuelve a la existencia vacía. Y si la fe existe pero no es acompañada por el Conocimiento Superior, ella se vuelve débil. ¿Cuál es el riesgo? Pues la profundización de la ilusión de separación.

Y evidentemente, desde el punto de vista de la energía, no basta solo con creer, sino que también hay que poder declararlo.  Eso es lo que es el credo, una declaración de creencias.

En la noche del lunes mis guías me dieron un título, que, a diferencia de otros que he recibido, dejaba entrever lo que iría dentro del escrito.  Me resultó muy curioso y hasta motivador el escuchar la pregunta que resonaba en mi cabeza por primera vez, obligándome a replantearme por escrito en qué creía. Me dijeron que lo escribiera tal cual lo escuchaba:

Credo espiritual de Brinda Mair ¿En qué creo?

Y así fue que por primera vez en mi vida escribí o pensé siquiera en qué creía para enunciarlo como una expresión de fe. En mi Espejo, los invito a repetir en Uds. este ejercicio que servirá para que puedan decretarse a sí mismos, su propia declaración de fe y creencias. Es una forma de marcar el rumbo, una especie de brújula de fe… así lo siento. Comparto con Uds.,

Mi Credo
por Brinda Mair

Definición: El credo es un breve compendio de las creencias fundamentales que todo cristiano, en toda época y lugar, cree (Wikipedia.org)

Creo en la existencia de la energía universal que llamamos Dios, entre muchos otros nombres, y que contiene a todos los universos (o niveles de consciencia).

Creo que esa energía está compuesta por aspectos masculinos y femeninos que fueron reflejados en distintas culturas con distintos modelos e imágenes, pero que ambos son parte del Uno.

Creo en la figura de Jesús de Nazaret como la más afín a mi, entre tantos maestros que vinieron a este plano buscando expandir conciencias, sembrando la frecuencia crística en él.

Creo en la Madre Cósmica que me refleja en la Tierra como a una de sus criaturas y en la imagen de María que la representa y de otras muchas diosas que reflejan la consciencia humana para poder ver a la Energía Universal Femenina.

Creo en la existencia de los seres visibles e invisibles de la naturaleza, criaturas de la Creación que viven con el hombre en esta Tierra y sufren su soberbia al creerse “amo y señor de la Creación”. Por esa arrogancia, especies enteras son condenadas a la muerte y al exterminio indirecto mediante la alteración de los ecosistemas, hasta alcanzar la extinción total y, peor aún, el olvido.

Porque el olvido es una de las formas más crueles de condenar a muerte. Todo ello nace del desamor, de la desconexión y de la ignorancia que lleva al hombre a creer que, si ellos desaparecen, él no desaparecerá también.

Creo en los muchos mundos habitados de la creación, para los cuales la existencia humana constituye una pieza necesaria dentro del equilibrio del mandala cósmico. Por ello, nuestra especie ha sido asistida desde hace eones en su proceso evolutivo, con el propósito de alcanzar el grado de madurez necesario para cumplir su función dentro del orden universal.

En el momento actual, disponemos de los medios para autodestruirnos, pero aún carecemos de la conciencia indispensable para preservar nuestra propia especie. Alteramos los ecosistemas y ponemos en peligro nuestro mundo sin comprender el alcance de las consecuencias que ello tendría para la porción del universo que habitamos. La Tierra, en este sentido, actúa como un verdadero “cable a tierra” para el resto del cosmos.

Creo en el hombre como síntesis de todos los universos porque todos los universos están dentro de él. Y mientras el hombre trató, y aún trata, de apoderarse del universo conocido en su deseo de completarse, el verdadero viaje que conduce a esa síntesis se encuentra en la exploración de sus universos internos.

Cuanto más viaja hacia dentro de sí mismo, más lejos alcanza su acción en el mundo visible.

Creo en el poder cocreador del hombre, creado a imagen y semejanza del Universo Creador, y capaz también de cocrear universos. Sin embargo, para cocrear universos de luz, la primera materia de trabajo es uno mismo y la realidad inmediata que le rodea. Cuando esto no sucede, el hombre, en su afán creador, solo manifiesta universos acordes a la calidad vibratoria en la que vive y a aquello que su karma multidimensional le permite sostener.

Si la humanidad cree colectivamente en la destrucción del mundo, esa destrucción terminará sobreviniendo, porque será sostenida por las mentes que vibran en esa frecuencia y siguen las pautas de la manada. La energía del miedo destruye, mientras que la energía del amor da vida. Sin embargo, sobre nuestra naturaleza animal, grabada profundamente en los genes, suele pesar más el miedo y el instinto de supervivencia que la energía del amor.

El amor debe ser evocado, cultivado y arraigado por voluntad consciente, mientras que el miedo surge de forma instintiva en la mayoría de los seres. Son pocos los que nacen vibrando en el amor y logran conservar esa frecuencia durante toda su vida, sin que el karma termine repolarizando su naturaleza.

Creo en la existencia de una sola vida multidimensional en este plano. Todas nuestras vidas transcurren hoy, sin pasado y sin futuro, dentro de un presente eterno donde confluyen todas las posibilidades que terminan generando aquello que percibimos como nuestra vida actual.

Por ello, la decisión de hoy de tomar las riendas de nuestro destino en el Uno es también una decisión multidimensional, capaz de afectar a nuestras muchas vidas sin necesidad de saber quiénes fuimos, qué estamos haciendo en otros planos o qué habremos hecho. Ese conocimiento, muchas veces, solo detiene a la mente en la autocomplacencia o en la culpa, y la conduce a la inacción o a la autojustificación.

Creo en el libre albedrío como motor multidimensional que nos permite manifestarnos en este Universo de la Dualidad, dentro de la polaridad que elegimos vibrar, y que nos da la oportunidad de aprender tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores.

Como esa energía nace de nuestra visión personal, ocasional y también posicional, siempre estamos a tiempo de transformarla si aquello que vemos manifestado en el mundo físico no coincide con lo que verdaderamente deseamos.

Creo en que Somos Uno. Esa es también una verdad interdimensional, lo que significa que no solo somos uno en la Luz, sino también en el karma. Por ello, nuestro karma personal no puede separarse del karma colectivo como especie y, del mismo modo, el cambio colectivo comienza a manifestarse desde la unidad y desde la transformación de uno mismo.

El karma multidimensional es una deuda generada por el Libre Albedrío y, por ello, debe ser saldada. Cuando esto no sucede, la deuda termina siendo reclamada a través de los sucesos del mundo, obligando a devolver aquello que fue recibido por Gracia o tomado por la fuerza en ciclos kármicos abiertos.

En muchos de esos ciclos, la esencia-don por afinidad condujo al hombre a seguir a la manada sin verdadera conciencia de las consecuencias. Por ello, cada transformación interior posee también un alcance colectivo, aunque el ser humano no siempre llegue a comprender la dimensión real de sus actos.

Creo en el religare como oportunidad de volvernos a unir con la Fuente de Amor Universal porque es una energía totalmente alquímica y transformadora. Se trata de mucho más que el empleo de bellas palabras que aludan al amor y de buenos deseos huecos de energía: para cambiar el mundo hay que vibrar en el Amor

Creo en el sacerdocio de la simiente crística, en íntima unión con el Yo Divino. A esa realidad se accede plenamente cuando los universos internos alcanzan su síntesis y se restablece el religare interior, es decir, la unión consciente con la Presencia de Dios en el propio ser.

Mientras el ser humano avanza hacia esa comunión, ha de recorrer un camino individual y único, guiado siempre por la inspiración divina. En ese trayecto, la lectura de los signos y la percepción de la vibración interior le permiten reconocer aquello que guarda verdadera afinidad con su propósito y con la dirección de su alma.

Creo en las leyes herméticas escritas en el Kybalion por Hermes Trimegisto porque mi afinidad y mi vibración me indican que en ellas existe justicia dentro del equilibrio universal. En especial, la Ley de Vibración permite comprender que toda existencia emite una frecuencia que la define y la relaciona con aquello que le es afín.

Para un sensitivo, la realidad no está formada únicamente por aquello que puede ver o tocar. La realidad también está constituida por todo lo que existe más allá de los sentidos físicos y por la vibración que emana de cada ser, objeto o situación, sea afín o no a su propia naturaleza.

Los velos interdimensionales se están disolviendo y, por ello, es necesario enseñar a los nuevos sensitivos a reconocer aquello que perciben. Muchas de esas sensaciones los asustan hasta el pánico, porque no comprenden todavía la diferencia entre las distintas energías que atraviesan este mundo. Reconocer la energía de Luz del Padre y de la Madre les permite desarrollar discernimiento y evitar el engaño, incluso cuando la oscuridad se disfraza de luz.

Ni las palabras ni las apariencias pueden engañar a quien ha aprendido a reconocer esa vibración esencial, del mismo modo que un lactante reconoce sin dificultad el pecho de su madre. A eso he dedicado mi vida: no a buscar que otros me crean, sino a invitarlos a experimentar por sí mismos y a despertar el discernimiento mediante la unión de la Fe y el Conocimiento Superior.

Creo en la Verdad como energía interdimensional, porque la Verdad así expresada atraviesa todas las dimensiones y se transforma en una verdad amplia, imposible de invalidar mediante la sola palabra humana. Esa Verdad vibra, transforma y religa al ser con la Verdad Universal, más allá de las interpretaciones parciales o de las limitaciones del pensamiento individual.

Cuando esto no sucede, aparece la verdad “pequeña”, incompleta en sus dimensiones y limitada por la percepción fragmentaria del hombre. En esos vacíos dimensionales crece el germen disidente de la opinión, reflejo del murmullo mental y emocional generado por los planos mental y astral planetarios.

Creo en el Conocimiento Superior guardado en libros de sabiduría ancestral, como un conocimiento proveniente de una raíz común suprahumana que descendió al plano físico a través de los tiempos. Ese conocimiento se manifestó en pueblos y culturas diferentes, incluso distantes entre sí, por medio de distintos maestros de sabiduría.

Ellos, utilizando los medios y códigos propios de cada cultura que los recibió, dejaron su testimonio a la espera del tiempo en que esas enseñanzas debieran ser reveladas y pudieran ser comprendidas con mayor madurez del alma.

Creo que ese momento es hoy.

Creo en la Ascensión personal y planetaria como energías que impulsan a hallar el equilibrio permaneciendo en el Camino del Medio del Árbol de la Vida, sin vibrar de forma extrema en ninguna de las polaridades. Cuando esto no sucede, la conciencia termina atrapada en estados limitantes que conducen a la repetición del sufrimiento y a la permanencia en el Juicio Eterno de la Tierra.

Ese juicio se manifiesta también en los múltiples planos de nuestra multidimensionalidad, donde el estigma de la culpa, el miedo y el no merecimiento se recrea constantemente. Así, las mismas energías regresan una y otra vez hasta que llega el momento personal o planetario en que la energía asciende y las polaridades vuelven a integrarse.

Entonces, Luz y Oscuridad regresan nuevamente a la unidad.

Creo en la existencia de ciclos de muerte y resurrección que afectan a todo lo creado en el mundo físico. Todo cuanto nace dentro de la materia atraviesa procesos de transformación, disolución y renovación, porque la inmortalidad verdadera pertenece al espíritu y no a la forma material.

Hacia una nueva conciencia

Por ello, si la Ascensión implica una transformación profunda de la conciencia, también contiene en sí misma una forma de muerte. La creencia en una Ascensión exclusivamente en materia nace, muchas veces, del miedo humano a morir. Ese temor es comprensible y respetable, pero difícilmente permita alcanzar una conciencia verdaderamente evolutiva mientras permanezca aferrada a la permanencia de la forma física.

Creo que este Credo puede convertirse en una realidad cuando el ser humano vuelva a conectar el ser que manifiesta en el aquí y el ahora con el ser de luz que vibra en su interior. Y creo también que el primer paso para lograrlo consiste en despertar en el hombre común la sensibilidad consciente hacia las fuerzas invisibles que lo rodean.

Ese ha sido mi eje motor desde siempre, mi creencia más profunda. Creo que la mejor forma de cambiar el destino casi inevitable de este mundo consiste en volver a conectar al ser que manifestamos en el aquí y el ahora con el ser de luz que vibra en nosotros, en esos universos donde nuestra energía existe en armonía. Para ello, el primer paso es ayudar al hombre común, entendido como especie, a convertirse en un sensitivo consciente de las fuerzas invisibles del entorno. No habría forma más efectiva de detener su acción destructiva, que hoy lo lleva a comportarse como un virus que consume el medio hasta destruirlo y terminar destruyéndose también a sí mismo.

Cuando el hombre active en sí mismo la percepción de la vibración que emana de todo lo existente, sentirá el dolor del otro como propio y se detendrá. Al principio quizá lo haga por interés personal, pero progresivamente su conciencia comenzará a transformarse. La energía planetaria ya está impulsando ese proceso, porque los velos comienzan a descorrerse. Sin embargo, la desconexión espiritual hace que muchos, aferrados solo a lo visible, interpreten esas percepciones como enfermedades, dolores físicos o agotamiento.

Muchas de esas manifestaciones no son otra cosa que la expresión física de energías presentes en el astral planetario y de vínculos pendientes entre almas ligadas por afinidad o por contrato. Allí también actúa el Libre Albedrío: el ser humano puede elegir permanecer inmóvil frente al proceso o comenzar a transformarlo. Y si la Misericordia y la Clemencia lo acompañan, tal vez la Gracia le permita salir adelante del proceso entrópico que ya había aceptado en su materia y en su realidad.

En la conciencia tridimensional suele cumplirse la frase “ojos que no ven, corazón que no siente”. Pero cuando ciertas energías despiertan plenamente en el hombre, se vuelve imposible ignorar el sufrimiento ajeno. Esa sensibilidad representa una gran oportunidad, porque nadie puede sanar aquello que ni siquiera percibe dentro de sí mismo. No se trata de maldad ni necesariamente de ignorancia, sino de distintos niveles evolutivos. Por ello, el camino consiste en seguir avanzando hasta que el “Somos Uno” deje de ser una idea bella y se convierta en una experiencia real y consciente.

El hombre común, vuelto sensitivo, comenzará entonces a respetar todo lo existente porque experimentará la Unicidad, donde el otro es también él mismo. Comprenderá que debe al otro el mismo cuidado, amor y respeto que se debe a sí mismo y extenderá esa percepción hacia la Naturaleza y hacia lo invisible. Tal vez el tiempo parezca escaso, pero solo Dios conoce verdaderamente qué es poco y qué es mucho. Lo importante es comenzar a actuar y no permanecer dormidos por más tiempo.

Por último, creo que la salida hacia una nueva conciencia nacerá del matrimonio místico entre la Fe y el Conocimiento, Pistis Sophia. Como ocurre en todo matrimonio verdadero, no basta la afinidad: también deben existir compatibilidades. Si el conocimiento científico continúa viendo a la Fe como ignorancia y la Fe continúa viendo al conocimiento como algo frío y carente de sensibilidad espiritual, será imposible alcanzar una conciencia universalista donde el “Somos Uno” se manifieste plenamente. Sin Fe y Sabiduría, el hombre seguirá siendo masa, aunque lleve distintas máscaras, y continuará avanzando como manada hacia su propio sacrificio.

Que el Espíritu nos guíe siempre.
Con Amor Incondicional
Brinda Mair

Escrito por Brinda Mair · Categorías: Blog, Ciencias Sagradas, Oraciones cristianas · Etiquetas: Credo

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