La virtud de fe es la convicción práctica de que el Universo en manos de Dios sigue como arcilla blanda y, en unión con Él, se nos abren múltiples posibilidades de modelar nuestro mundo porque somos herramientas en manos de Dios.
El agua no sirve para caminar sobre ella, pero para él las aguas pueden ser camino, el pan se puede multiplicar, un muerto de cuatro días puede volver a vivir.
Él puede extender esa fuerza en cualquier momento, por la naturaleza.
Por la Fe, el Universo es susceptible de flexibilizarse, de cobrar vida, de vivificarse. La virtud de fe es capaz de modelar al mundo. El mundo se diviniza por la Fe.
Cuando uno tiene la virtud de fe en su haber, pueden ocurrirle dos cosas:
1) Experimentar una sobreanimación que se traduce mediante efectos luminosos. La virtud de fe hace que el hombre se sienta uno con Dios. Y actúa en este plano cumpliendo Su Voluntad.
Mi voluntad y la Suya son UNA.
Una fuerza accede al ser inferior e identifica y une su voluntad inferior a la Voluntad de Dios. Surge un imperioso deseo de cumplir la Voluntad de Dios y somete la voluntad inferior a la suya en forma indistintiva. Surge la obediencia y el deseo de servir a Dios.
2) Hay una mágica integración de acontecimientos donde aun lo malo se convierte en parte de un plan superior donde se vuelve visible la Mano de Dios en ello.
Surgen en apariencia hechos que pueden ser vistos como indiferentes o desfavorables desde el punto de vista del mundo físico, cuya resultante es un cambio de frecuencia que conduce a lo que se llama la Providencia Superior.
Nada es casual, todo tiene un sentido. Con la Fe me vuelvo como Dios: Me convierto en alguien con el poder de moldear, de flexibilizar mi entorno. Hay una presencia real del Verbo de Dios que provoca que actúe divinizando al mundo.
Un abrazo de luz
Brinda Mair






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