El Miércoles de Ceniza inicia la Cuaresma, un tiempo de renovación espiritual para dejar atrás lo viejo y ofrecer servicio útil y altruista. Comienza la Cuaresma y, con ella, una nueva oportunidad de transformación.
El Miércoles de Ceniza, la imposición de las cenizas señala el inicio del tiempo cuaresmal. Este finaliza el Jueves Santo, antes de la misa de la Cena del Señor.
La conmemoración del solemne periodo de la Cuaresma comienza con la imposición de cenizas sobre la cabeza de los feligreses, según la tradición católica. Estas celebraciones marcan el comienzo de un periodo de penitencia y reflexión que prepara para el Domingo de Pascua.
Benedicto XVI extrajo un puñado de cenizas de un recipiente plateado que sostenía un asistente. Luego las distribuyó a prelados, clérigos y laicos, incluso niños, en la basílica Santa Sabina en la colina Aventina de Roma.
En su homilía, el pontífice habló de la esperanza y de la necesidad de un mundo más justo. También presentó la Cuaresma como una oportunidad de renovación espiritual.
Renovar la cruz de dolor
El sumo pontífice nos habla de justicia y renovación espiritual. ¿Qué quiere decir renovación? Renovar puede significar reconocer que la vigencia de algo está por finalizar, que su plazo se termina.
Amigos, desde mi interpretación espiritual, lo que termina es un periodo o ciclo planetario. Se acerca un alineamiento de energías y el inicio de una nueva era. La configuración geométrica de la cruz de dolor, traición y sufrimiento puede renovarse. Puede dar lugar a nuevos patrones, formas y enlaces de esfuerzo propio, servicio humano y libertad de conciencia.
Porque las semillas del Cristo están vivas. El Nazareno, en su camino por Oriente Medio, dejó huellas luminosas e imborrables, grabadas en la eternidad. Son visibles para el buscador de la verdad y forjador del amor incondicional en los actos cotidianos.
La Cuaresma evoca una cuarentena: es una nueva oportunidad para comenzar un ciclo de renovación de votos a un servicio perdurable. Cuarenta días de lluvia durante el diluvio, cuarenta días de ayuno de Jesús y de Moisés… Es una invitación a grabar la energía con nuevas decisiones para magnetizar potenciales jamás vistos en el planeta.
Es reflexionar con la elevación del profeta y la visión del ojo de Dios. Es anclar, desde lo interno, el ímpetu de acertadas actitudes en la atmósfera individual y cumplir con el plan divino. Es un período para ofrecer la propia vida en servicio altruista y entregarse a conocer el rostro de Dios.
Dejar los apegos y renovar el servicio
Es penitencia dejar los apegos de lo viejo, trascender lo obsoleto del ayer y traer al ahora la actualización del mensaje del Cristo. Es canalizar luz y ascender de esta realidad inferior, distorsionada e ilusoria. Es hacer lo que el Cristo interno quiere que hagas por ti y para el Creador.
Es entregarle tu servicio desinteresado y dejar que Él sea la abundancia de la propia vida. Porque el Señor todo provee a quien le sirve sin esperar recompensas materiales.
Son ayunos en los que ofrecemos en anatema las máscaras de lo irreal para beber del cáliz de las renovadas intenciones. Así acumulamos fuerza para hacer la voluntad del Cielo. Es la puerta de la esperanza para salir de los obsoletos ciclos de encarnaciones y entrar en las veredas de la vida eterna.
Es abstinencia de actitudes negativas para encarnar las virtudes del linaje cósmico de los humanos divinos. Es manifestar el poder interno para continuar sembrando las semillas de un nuevo servicio… El servicio del Oficio del Cristo.
Se acerca el nacimiento del nuevo hombre-mujer-artista que todos llevamos dentro. Son los semejantes que, por merecimiento propio, adquieren un estado de conciencia equilibrado dentro del mismo viejo cuerpo. Lo alcanzan mediante la entrega a lo superior y se convierten en verdaderos cristianos sin pertenecer a ninguna religión.
Son los libres de espíritu, quienes se renuevan constantemente cuando trascienden y armonizan sus alfas-omegas. En cada crucifixión interna cocrean un escalón más alto de su escalera al cielo. También cocrean hermosos patrones geométricos armoniosos con su entorno.
Mueren a sus viejas pasiones solos. Nacen con sus nuevas virtudes y una moral elevada, solos también. Pero, siempre que suben un peldaño, con su impulso armonizan la vida y siembran luz canalizada de lo superior.
Este humano servicial, sincero y altruista crea, con sus acciones y actitudes crísticas, eslabones indispensables que unen a toda una humanidad. Una humanidad que tiene como deber ascender y descifrar sus incógnitas de identidad cósmica.
Las cenizas de una vieja tierra
Comienza la Cuaresma y, con ella, llega otra oportunidad de reivindicación espiritual. Es posible encauzar sentimientos de renovación y nuevos acuerdos con la energía del Cristo. Así podemos construir el puente de enlace con el universo superior del Padre-Madre Dios.
Podemos esparcir, en el fuego del volcán y las entrañas del abismo, las cenizas de una vieja tierra que ya no necesitamos sostener. Podemos hacerlo todos los miércoles de nuestra vida y liberarnos de la carga de la cruz.
Porque, al armonizar las frecuencias del campo holográfico y empalmar en afinidad con la vibración del Cristo planetario, encarnamos en el corazón humano la simiente crística. Es la semilla que crece en el plexo solar con el patrón azul original de la herencia estelar.
Esa conversión o humilde comunión nos faculta para solicitar tolerancia y misericordia a quien se las debamos pedir. Que la vibración de la Luz nos dé discernimiento para cantar a los cuatro vientos el amor incondicional del mensaje divino.
Que podamos hacerlo en todas las santas semanas del hombre sobre su planeta. Para ejercer el poder del dominio de su Alianza Primera: ser hijo de Dios.
Un abrazo de luz.
Brinda Mair




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