Bendiciones y maldiciones: Todo lo que existe y tiene conciencia de existir puede atravesar umbrales por vibración. Por ellos se desplaza el mundo invisible o, simplemente, las energías incorpóreas. La mayoría de las veces coexisten con el mundo físico sin molestarse entre sí porque vibran en distintos umbrales de consciencia.
Solo interactúan cuando un ser humano, de forma consciente o inconsciente, abre un umbral. Esto ocurre porque, de toda la creación, únicamente el hombre encarnado en el mundo de la materia posee la facultad de cocrear a imagen y semejanza del Padre Creador.
Por más que la facultad de cocrear sea propia del ser humano, esto no le otorga automáticamente el atributo de poder cruzar el umbral que ha cocreado. ¿Cómo es eso?
El umbral se crea en el preciso momento de expresar un deseo con mucha intensidad o un miedo atroz a que algo ocurra. Tanto aquello que se desea como aquello que se teme aguarda desde el otro lado del umbral una indicación más. Sin embargo, sea bueno o malo lo que se anhela, solo puede ser atraído si se posee el código necesario para atravesar ese umbral, grabado en el propio campo energético.
Si no es así, el umbral existirá igualmente y tal vez sea otro quien, por dharma, lo utilice. Puede que nos resulte familiar la historia de alguien que, en medio de un imprevisto, encuentra de repente la solución o la ayuda que necesita. Guiado por la Misericordia Divina —energía de la Luz Divina— o por la Fortuna —energía que mueve los hilos del destino dentro del universo kármico—, ha encontrado un umbral cocreado afín a su necesidad.
Quienes tienen la mala costumbre de maldecir o desear el mal a otros y ven cumplidos sus deseos, suelen poseer la habilidad de crear umbrales codificados con la energía de su enemigo en la ilusión. Del mismo modo, algunas personas que trabajan con mancias y vaticinan desgracias a quienes las consultan actúan de forma similar. Responden a sus egos y creen estar viendo el futuro cuando, en realidad, están colaborando en la cocreación de ese posible desenlace.
Todos ellos trabajan, consciente o inconscientemente, para las energías caídas.
Este mismo mecanismo energético explica por qué algunas personas obtienen resultados extraordinarios cuando piden por otros, pero no cuando piden para sí mismas. Lo que solicitan para terceros puede no estar relacionado con su karma. Sin embargo, sí lo está aquello que desean para ellas mismas. Aunque posean en su memoria multidimensional la capacidad de cocrear buenos umbrales de energía, no logran utilizarlos en beneficio propio.
Otro ejemplo son las madres que viven permanentemente preocupadas por sus hijos. De acuerdo con su capacidad de cocrear umbrales, la vida de esos hijos puede verse condicionada por los temores maternos. Lo que la madre teme de forma constante puede terminar manifestándose en la experiencia familiar. Es un karma compartido dentro del grupo familiar.
Por otra parte, cada vez que expandimos nuestra consciencia cocreamos un umbral. Este se fortalece cuando regresamos a él repetidas veces. Cuando no sucede así, la experiencia se desvanece.
Son esos momentos en los que una persona vive una experiencia mística maravillosa y luego regresa a su vida cotidiana olvidando casi por completo lo ocurrido. También sucede cuando alguien resuelve un problema de manera súbita y después no puede repetir el proceso ni transferirlo a otra situación similar. Es como si la energía se hubiera evaporado. Es algo muy común.
La experiencia espiritual demuestra que el trabajo interior sostenido en el tiempo fortalece la presencia del umbral de consciencia asociado a nuestro mejor futuro posible. Poco a poco dejamos de temer convertirnos en algo diferente de lo que éramos. Nos atrevemos a cambiar. Morimos al estado de consciencia limitante mientras fortalecemos la fe y reconocemos que no es el azar lo que mejora nuestra vida, sino nuestro propio trabajo espiritual.
Muchas personas no comprenden por qué no logran avanzar pese a sus esfuerzos. En esos casos convendría revisar su capacidad cocreadora. Habría que observar cuánto cocrean luz y cuánto cocrean oscuridad. También cuánto les falta de fe para sostener sus ideas brillantes, sus proyectos y sus anhelos.
Cada proyecto que no llega a manifestarse es como un feto no nacido que permanece en el campo energético de quien lo concibió. Por eso, cuando se desea cambiar la propia realidad, la primera tarea consiste en hacer espacio y limpiar aquello que ya no tiene vida.
El tema de los umbrales es muy extenso y merece un artículo aparte. Por el momento, solo diré que existen objetos que pueden convertirse en portales porque han sido impregnados por una determinada energía del deseo humano. Quien posea la cualidad vibratoria adecuada puede abrir esa puerta invisible sin proponérselo, trayendo consigo aquello que permanece al otro lado, para bien o para mal.
La ceguera espiritual hará que muchas personas solo perciban lo que ocurre cuando lo invisible termine manifestándose en hechos concretos dentro de sus vidas.
Que el Espíritu nos guíe Siempre
Un abrazo desde el Alma
Brinda Mair






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