La Estrategia La Búsqueda nos moviliza a avanzar en medio de las dificultades con ayuda de nuestros guías espirituales, equilibrando la dualidad.
¿Qué nos moviliza a avanzar en medio de las dificultades? La Estrategia del Juego del Laberinto La Búsqueda nos muestra que seguimos los pasos de un juego, conocido o desconocido por nosotros, que desde otra dimensión mueve las piezas de nuestra vida.
Los humanos estamos inmersos en la Dualidad. La forma en que nos manifestamos en ella caracteriza nuestra manera de movernos en el laberinto. ¿El miedo te paraliza o te impulsa a moverte? ¿Cómo superas los muros o enfrentas la adversidad? Si el karma te ha entrenado para vivir en medio de conflictos o emergencias, ¿podrías vivir sin ellos? Si tu frecuencia es la paz, ¿te has planteado si ella esconde la tibieza del alma? O, si en verdad estás comprometido con ella, ¿cómo la harías extensiva al mundo? ¿Recurres a lo Superior en ti antes de emprender una acción en 3D o lo haces cuando ya se presentó un conflicto, cuando ya no te restan fuerzas para luchar?
El Laberinto está formado por cuatro niveles de energía:
- Nivel 1: Se manifiesta la estrategia del juego del Muro de acción directa.
- Nivel 2: Se caracteriza por la estrategia del juego del Muro de acción indirecta.
- Nivel 3: primera fase del proceso de entropía.
- Nivel 4: segunda y última fase del proceso de entropía.
Los humanos, seres multidimensionales, actuando pentadimensionalmente dentro del Laberinto, viajamos por la cuarta dimensión del Plano Astral y Mental Planetario a través de los pensamientos y emociones de nuestros Yo-multidimensionales, estimulados por la emoción que más moviliza al Yo-Personalidad: el miedo. El diccionario de la Real Academia Española dice que los antónimos del miedo son el valor y la audacia. Esto quiere decir que el mismo miedo que nos impulsa a movilizarnos en la 4D es la misma energía que nos paraliza para actuar en 3D y viceversa: el mismo miedo (4D) cuando logro dejar de paralizarme y muevo al físico para actuar es el que me da valor y audacia para enfrentar a lo que nunca me atreví.
Sin embargo, no deja de ser miedo, y no deja de estar en 4D/3D. Nada ascendió por más que mi ser inferior crea que me superé porque dejé de asustarme o de paralizarme ante una determinada situación.
Lo único que hice es plasmarlo en 3D a través de una acción cuando manifesté arrojo, atrevimiento o bien parálisis. Todas son manifestaciones posibles en el mundo físico de la misma energía: el miedo.
Sin embargo, no ascendió. Si hubiera ascendido la emoción del miedo, la ilusión se desvanecería y el peligro que él movilizaba, desaparecería. Yo no actuaría haciendo lo contrario, sino que el propio estímulo desaparecería. Eso indicaría que el miedo ya no está en mí ni como miedo ni como arrojo (su repolarización, su opuesto). Solo habría armonía.
De la misma forma que hoy y siempre, en nuestro Eterno Presente, el hombre ha viajado por el océano cuartodimensional a través de los mares de su miedo, muchas veces confundido con valor. Esta era una cualidad muy preciada por el hombre antiguo. Era lo que lo hacía hombre para dejar de ser niño. ¿Pero y su Niño Interno se haría hombre con él? Evidentemente que no, porque el Ego/Niño Interior a quien no se lo cuida ni se lo integra y simplemente se lo obliga a arrojarse a una pileta para que aprenda a nadar, por más que el Ego Físico actúe y su Ego Emocional lo acepte para ser amado, esconderá su miedo y creará situaciones cada vez más difíciles en la vida de ese hombre para poner a prueba su supuesto valor buscando que alguna vez se detenga y se ame a sí mismo no agrediendo más a su niño.
Tal como vemos, cuando actuamos de esta forma, nada asciende pese a que hayamos positivizado, en apariencia, nuestro miedo. Solo profundizamos la ilusión anclándonos en ella.
Nuestro mecanismo de positivización de nuestro miedo es llevado adelante por nuestro Ego espiritual. Él también hace de las suyas y nos hace querer cambiar toda la oscuridad en luz, lo malo en bueno, la guerra en paz. Pero también está en cuarta dimensión (4D más elevada, pero 4D al fin) y no se da cuenta de que la luz y la oscuridad son lo mismo, que tienen la misma esencia nada más que cambiada de tonalidad.
Para ascender, no debo temer a mi oscuridad. Debo reconocer su existencia, debo aceptarla y no querer cambiarla, renunciando a mi deseo inferior de querer transformarla en luz, porque la Sabiduría Divina hará que cuando llegue mi momentum, yo me dé cuenta de que si ella no existiera, nunca podría abandonar el Laberinto. Que necesito las dos polaridades yin y yang, negativo y positivo, femenino y masculino, bien y mal, etc., para ascender.
Mientras exista la dualidad manifestada en el plano físico como lucha de polaridades, la Ascensión NO ES POSIBLE.
Los que buscan la guerra y me repolarizan a la paz, me están ayudando a ver al hacerme tomar una postura con respecto al Espejo de la 3D, que existe un aspecto de mi vida en el cual no hay paz, sino que se libra una intensa guerra. Yo no iría a cargar un misil, pero ¿en qué parte de mi ser interior se libra esa guerra estéril una y otra vez? ¿Contra quién arrojo misiles: contra otros o contra mí mismo? Mientras pedimos PAZ, sin darnos cuenta —mecanismo muy propio de la ilusión de la 3D— pedimos guerra. ¿Por qué? Porque si digo NO a la guerra, es que tengo miedo a la guerra y no tengo paz. Si digo SÍ a la paz es que también tengo miedo a que haya guerra, si no ni me plantearía la posibilidad porque no existiría para mí.
Y el miedo genera lo que el miedo siente. Y al equivocarnos en medio de la ilusión potenciamos energéticamente, cuartodimensionalmente el miedo. Llegará un momento que al recargar tanto el océano 4D con él, se hará visible manifestándose en el mundo físico. ¿Por qué es que debe materializarse la 4D? Porque si no lo hace, no puedo hacer correcciones en mi energía porque no la veo.
La oportunidad está en despertar pronto y darnos cuenta de lo que estamos haciendo energéticamente. Despertar de la ilusión… ese es nuestro desafío estando en materia.
Les recordaré una historia.
En la Antigüedad los hombres creían que las sirenas encantaban con sus cantos a los marinos que acercaban sus barcos a las costas donde ellas moraban, haciéndolos encallar. El humano que se atrevió a escucharlas y vivir para contarlo, fue Ulises.
Los relatos de sus peripecias para llegar a Ítaca, su hogar, luego de librar una guerra externa en Troya (manifestación de su lucha interna) y ser castigado por los dioses a vagar por el mar hasta que el tiempo fuera cumplido, fueron contados por Homero en «La Odisea«.
El mar de Ulises es la 4D. Todos los miedos que no pudo resolver en Troya porque los positivizó transformándolos en valor, se plasmaron en experiencias terroríficas, manifestaciones de la lucha interna y que en la Antigüedad eran consideradas hazañas.
Ulises es el arquetipo del hombre espiritual que busca un puerto seguro: nosotros mismos, buscando plasmar la Nueva Tierra.
Nos aventuramos en el océano 4D de los Planos Astral y Mental Planetario y llegamos a distintos puertos por vibración, adonde la energía de nuestro ego/niño interior nos permite llegar kármicamente o adonde nuestra Alma nos impulsa cuando la dejamos entrar.
Pero, como es energía 4D, nuestro cerebro no la registra hasta que se plasma en 3D. Cuartodimensionalmente, solo reconoce a ese viejo conocido: el miedo. Aquí llego a un puerto conocido, pero que hubiera preferido evitar, pero como ahora es un cerebro 3D de un hombre espiritual, utiliza al ego espiritual, quien le dice: “Positivízalo”.
El cerebro 3D escucha “Habrá guerra”, el Ego espiritual dice “No a la guerra”, pero en 4D hay solo miedo alimentando el miedo y haciendo que el mar 4D se embravezca cada vez más.
Como le ocurría a Ulises… Él creía que el salir airoso de sus hazañas demostrando su valentía era en sí mismo un valor, pero lo único que hacía era que su ego/niño interior le siguiera creando más peligros para que se detuviera y mirara hacia adentro y reconociera que todo ese valor, que todo ese arrojo, era nada más que miedo repolarizado.
Pero Ulises no lo hizo y siguió adelante, con ayuda ocasional de los dioses o como de la hechicera Circe, que antes de dejarlo partir de su isla le advirtió sobre algunos peligros que se le presentarían, mientras que sobre otros le dijo que él mismo debería elegir cuando llegara el momento. Eso mismo ocurre actualmente con nuestros guías, que en determinado nivel de evolución pueden avisarnos algunas cosas sí y otras no, porque de lo contrario no evolucionaríamos y no avanzaríamos en el océano 4D de nuestros miedos.
Pero Ulises tenía un barco para viajar sobre el mar llevando su motivación, que era regresar a su hogar. ¿Cuál es nuestro barco y cuál es nuestra carga?
Cuando una carga de fuego, que es la motivación proveniente de nuestro Ser Superior de plasmar la Nueva Tierra, debe viajar por el agua del océano multidimensional de las emociones (4D), es natural que ese contacto de elementos contradictorios produzca en nosotros un tormento.
¿A qué se debe el tormento? Nuestros sentimientos reciben un impulso energético superior proveniente de nuestra Alma que tiene conocimiento de cómo abandonar el laberinto siguiendo el diseño del Plano Azul Original y se lanzan con vehemencia a la realización de aquello que desean.
Pero el impulso, que es Fuego, tiene una dinámica diferente u opuesta a las aspiraciones del deseo (Agua). Entonces el deseo potenciado por un lado, se ve en la obligación de someterse a las reglas del Ego espiritual, por el otro. Puede y quiere hacer, pero sabe que no debe, de ahí el tormento. Este se resolverá saltándose la barrera del deber o bien reprimiendo el deseo. Si transgrede la regla esto le generará un tormento aún mayor pero si no lo hace, el deseo se retorcerá en su insatisfacción.
Veamos cómo actúa esto dentro del Laberinto. ¿Cómo es que se enfrentará el miedo? Todo dependerá del equilibrio de sus energías internas yin, pasiva o femenina y yang, activa o masculina. Recordemos que estas dos energías están presentes en todos los seres humanos indistintamente del sexo que manifiesten en este espacio-tiempo.
Nivel 1: el Muro de acción directa
El Nivel 1 del Laberinto se caracteriza por la estrategia del juego del Muro de acción directa. El Muro representa el primer Alfa y Omega que el individuo debe atravesar. Si el individuo tiene un porcentaje mayor de energía yang o bien la incrementa en su aprendizaje para subsistir dentro del Laberinto, superará los primeros Muros repolarizando su miedo y pasará al Nivel 2.
Los mecanismos para enfrentar los Muros son adquiridos por el ego/niño interior en la primera infancia y, de acuerdo con su éxito o a su fracaso en superar esta barrera, transferirá su resultado a otros aprendizajes.
Si la energía predominante es yin, tenderá a retraerse, dado que el atravesar el Muro le resultará tan imposible que tal vez permanezca quieto mirándolo. Finalmente, se replegará sobre sí mismo, se lamentará de su mala suerte o se volverá apático pensando que la vida para él es así.
Si este mecanismo no es complementado por la activación de la energía yang, podrá permanecer en este nivel toda su vida de adulto, dependiendo de una energía yang aportada por un familiar inmediato, puesto que de lo contrario no podría sobrevivir más que de la caridad. Su economía será de subsistencia.
Si el grupo de Almas al cual pertenece el individuo es muy yin, se detendrán en el Nivel 1 del Laberinto y manifestarán pobreza extrema, patrones de carencia muy marcados. Deberán vivir de la caridad. La justicia del Universo hace que el equilibrio de las polaridades dentro del plano Tierra haga que una virtud divina como es la caridad se manifieste para asistir a la energía yin que ha llegado a un estancamiento. Si eso no existiera los yin extremos morirían de entropía (1) en el Nivel 1 del Laberinto.
Si es un adulto que ha permanecido en este nivel, puede que no tenga Espejos donde reflejarse porque vive solo o bien los Espejos son tan conocidos que ya se ha acostumbrado a verse en ellos y no puede aprender de lo que le muestran. Estos Espejos son los de la familia primaria, compañeros de trabajo, etc.
Si no tiene dentro de sí la energía yang que necesita para poder desplazarse dentro del Laberinto la buscará dentro de otros que kármicamente la compartan con él. Tal vez se case y forme otra familia, que elegirá como el Perro de Pavlov buscando su energía yang faltante. Reemplazará en la ilusión a su familia primaria, pero solo será la Máscara, simplemente para cambiar de Espejos y activar así la posibilidad de trascender Alfas y Omegas resolviendo la misma energía de su familia primaria pero tal vez repolarizada en la ilusión.
Indefectiblemente, como el Perro de Pavlov atraerá la energía conocida y reaccionará repitiendo la estructura energética del hogar primario.
También puede ocurrir que pase al Nivel 2 cuando, por miedo a la escasez, incremente por necesidad su energía yang y enfrente el muro, saliendo “al mundo”, aventurándose en el Laberinto.
Ejemplos: Todos atravesamos por esta etapa en algún momento de nuestras vidas. El yo-personalidad niño, que enfrenta el mundo por primera vez, irá adquiriendo mecanismos para superar sus miedos. Tomará información de los cuerpos emocionales de sus padres y movilizará su realidad. Es la mujer o el joven que siempre vivió cuidado por su familia y sale a trabajar. Es el anciano que no tiene fuerzas para enfrentar al mundo. Puede que en otros momentos de su vida haya avanzado por el laberinto, pero que ahora solo ve los muros que lo rodean en un mundo que lo aísla. En los niveles uno y dos se producen Alfas y Omegas que son oportunidades de aprender que los Elohim, frecuencias de Dios constructoras de universos, crean para ayudarnos a atravesar el umbral donde el Cristo nos espera para entregarle la energía no realizada de nuestro ego/niño interior. Solo cuando comprendamos que debemos permitirnos fluir en la voluntad de Dios bajo la guía de nuestra alma y no la de nuestros egos, que kármicamente nos impulsan a avanzar por el laberinto, podremos comenzar a conectar con su salida.
Nivel 2: el Muro de acción indirecta
El Nivel 2 del Laberinto se caracteriza por la estrategia del juego del muro de acción indirecta. La energía 4D del ego/niño interior de la persona en contacto con la pentadimensionalidad abierta va a generar refuerzos del muro que lo separa del Nivel 3 intentando detener el avance.
La energía 4D de los egos inferiores reprimidos comienza a manifestarse en su realidad 3D. Esto la asusta, pero reaccionará ante la situación conforme a sus mecanismos de defensa adquiridos.
Si su energía predominante es yin, las barreras del Muro de acción indirecta la detendrán. Si su energía es yang, decodificará los obstáculos como estímulos para seguir y poner a prueba su fortaleza. Puede que bajo esta circunstancia se active un Crisol o bien que personas de polaridad predominantemente yin equilibren su energía interna, actuando como amortiguadores de la energía 4D que proviene de la pentadimensionalidad.
Supongamos que se trata de una pareja: un hombre con mucha energía yang y su esposa yin, ambos compensándose energéticamente. Su energía está equilibrada.
Situaciones kármicas pueden ocasionar desplazamientos de sus energías hacia otros seres (amantes, padres, hijos, amigos, etc.) o bien trabajo, actividades sociales, etc. a los cuales se acomodarán como el perro de Pavlov, buscando energías que en la ilusión del laberinto identificarán con situaciones o personas.
Esto ocasionará que aquel integrante de la pareja inicial que no haya logrado equilibrarse con la energía proveniente de sus egos inferiores reprimidos, conectados con la multidimensionalidad, comience a ver en su realidad 3D (plano físico) lo que no podía ver en 4D (energía de la pentadimensionalidad abierta).
Dado que su energía yang es alta, no se lamentará y seguirá avanzando. No se detendrá por sí mismo, pero será la situación la que intentará detenerlo. Podrá ser a través de un accidente, enfermedades o un crisol cuyo amor le haga reconsiderar su escala de valores con relación a lo que es importante.
Su ego/niño interior se manifestará en el aspecto en que kármicamente el aprendizaje se repita en la pentadimensionalidad. Generalmente, lo hará en uno de los planos de su realidad: afectivo, económico, espiritual, salud, nivel social, etc.
Si en medio de la crisis, la persona comienza a despertar de la ilusión, verá que las situaciones se reiteran una y otra vez como si estuviera dentro de una obra teatral donde los personajes se ponen otras máscaras y otros vestidos, pero que todo se repite con una similitud asombrosa.
Esta observación y el incremento de las dificultades, tal vez la hagan reconsiderar los mecanismos que ha empleado para llegar hasta aquí. Buscará un escape a esta situación allí donde lo ha hecho con más frecuencia en su multidimensionalidad: buscando a alguien que la religue, que la vuelva a unir con Dios (iglesias, sectas, personas a las que considere con esa facultad, etc.). Hacer esto es un gran paso, pero seguramente la pondrá con un pie en el cielo y otro en la tierra y deberá decidir dónde está. Decidir el camino del Espíritu requerirá tal vez más tiempo y llegar al Nivel 3 del Laberinto.
Nivel 3: primera fase de la entropía
En el Nivel 3, el Yo-Personalidad se encuentra con que la energía 4D multidimensional acentúa el bloqueo afectando progresivamente varios planos de la realidad. Se cumplen así en su vida las profecías de los tiempos finales, de las cuales habló el Cristo, que anuncian que todo lo que se puso en el cielo personal debe caer para encontrar a Dios (2).
Cuando todo a lo que la persona le dio el poder haya desaparecido, tal vez encuentre el equilibrio de las polaridades por haber disminuido su energía yang por el desgaste energético producido.
Quien tenga este mecanismo, hombre o mujer, pero con energía yang predominante, necesitará para seguir avanzando energía yin que compense su exceso de yang. Buscará relacionarse con personas yin, las cuales le servirán para equilibrar su energía yang. Puede tratarse de otro ser que por amor le dé esa frecuencia (esposo/a, amigo/a, amante) y hasta haga de crisol limpiando su energía 4D multidimensional.
Si esto no ocurre, si no surge un crisol, se acelerará el proceso de entropía.
Generalmente, se llega a este nivel alrededor de los cuarenta y cinco años, en que la persona cambia su polaridad y, si no se ha vuelto flexible, esto comenzará a afectar su materia. Sigue entonces avanzando hasta el cuarto y último nivel.
Nivel 4: Segunda y última fase de la entropía
La energía de los Egos inferiores no ascendidos comienza a ingresar en el cuerpo físico, cancelando el karma en materia, matando al animal que lo hacía avanzar por el Laberinto…
Si su energía yang disminuida por destrucción del ego físico, emocional y/o mental compensa su energía yin, se volverá a abrir la oportunidad de un nuevo Alfa y Omega. La persona podrá elegir ver la apertura del umbral y la nueva oportunidad que se le abre o se lamentará viendo todas las puertas que se le han cerrado.
¿Cómo se abrirá la puerta del Alfa y el Omega? Pues en medio de la crisis extrema tal vez la persona se acuerde de pedir ayuda a Dios. Si la materia afectada aún resiste, se mantendrá en el plano, de lo contrario, igualmente ascenderá por muerte física.
La salida del Laberinto
¿Cuál es la cuestión? Equilibrar los aspectos yin y yang de forma personal o grupal de manera tal que el mandala grupal se mueva ascendiendo la dualidad. El objetivo es la compensación de la dualidad. Lograr el equilibrio es lo que da el tono que abrirá el Alfa y el Omega. Solo la armonía y la integración de la dualidad nos conectan con la puerta de salida en cualquier nivel del Laberinto.
Venimos a este plano sin conciencia de nuestra multidimensionalidad.
Hemos olvidado… Atrapado en el Laberinto, el hombre reaviva una y otra vez la ilusión y sigue escuchando a través del océano cuartodimensional, el canto de las sirenas que lo distrae de su viaje al Espíritu.
Reconocer ese canto y equilibrar la dualidad le muestran la salida del Laberinto.
(1) Entropía: proceso de degradación de la materia, involución.
(2) La Biblia: Mateo 24, 29-30; Lucas 21, 8-28; Marcos 13, 5-26. Profecías apocalípticas.