Las esencias dones del árbol de la vida son como semillas sagradas que contienen las esencias angélicas grabadas en nuestra memoria espiritual. Estos dones están presentes en nuestro cuerpo multidimensional y despiertan en diferentes etapas de la vida, según el grado de consciencia alcanzado.
Cada ser humano porta un Árbol de la Vida interior, un mapa energético único donde germinan nuestras capacidades y potenciales. Como un árbol físico, contiene semillas, brotes, frutos y cosechas. Activar las esencias dones del árbol de la vida significa reconectarnos con nuestro origen divino y manifestar la abundancia que el Padre depositó en nosotros.
La mayoría de las esencias angélicas permanecen latentes en los primeros ciclos de la vida, aguardando el momento adecuado para florecer. El Padre las sembró en nuestro ser como parte de un plan perfecto, y cada experiencia que atravesamos nos ayuda a descubrirlas, nutrirlas y multiplicarlas.
El momento de activar los dones del alma
Cada persona trae consigo esencias angélicas que esperan ser despertadas. El ritmo de ese despertar es único, aunque los primeros ciclos de vida, hasta alrededor de los 28 años, suelen ser especialmente favorables para sembrar y nutrir nuestras esencias dones. Es en esa etapa donde establecemos gran parte de la estructura emocional y espiritual que nos sostiene.
Aun así, el tiempo nunca se agota: cada elección consciente, cada aprendizaje profundo y cada desafío superado son oportunidades para que nuevas semillas despierten y comiencen a florecer.
Semillas en espera y frutos por madurar
Imagina que entre tus esencias angélicas existe la semilla de la “armonía”. Durante la infancia puede manifestarse como sensibilidad, empatía o talento natural para conectar con otros. Sin embargo, si no la reconocemos, esa semilla puede permanecer en reposo hasta que el alma esté lista para integrarla.
Cuando elegimos nutrirla con amor y consciencia, se convierte en un fruto maduro que podemos ofrecer al mundo como parte de nuestra misión.
Germinación y madurez espiritual
Algunas esencias dones del árbol de la vida están en proceso de germinación: presentes, pero todavía no plenamente activos. Permanecen en un nivel energético cercano a la realidad física y despiertan poco a poco, a medida que integramos experiencias necesarias para esta encarnación.
Descubrir nuestro Nombre Secreto puede ayudarnos a abrir puertas interiores que nos conducen a comprender el sentido profundo de lo que hemos venido a manifestar. Cada etapa que atravesamos, cada cierre y cada nuevo inicio, nos aproxima a nuestra vibración crística, donde los frutos del alma se integran en plenitud.
Liberar las ataduras que bloquean la abundancia
A veces, la energía que sostiene nuestras esencias angélicas queda retenida por pensamientos repetitivos, miedos o emociones no resueltas. Esto crea una especie de velo interior que desconecta a la consciencia de sus propios frutos.
Liberar esas tensiones es abrir espacio para que las esencias dones del alma se manifiesten. La armonía interior es la llave que permite que el árbol interno florezca con abundancia y sentido.
Despertar en la luz
Despertar nuestras esencias angélicas es recordar quiénes somos y cuál es nuestra verdadera naturaleza. No se trata de acumular rituales externos, sino de reconocer el Árbol de la Vida que habita en nosotros y permitir que sus frutos se expresen a través de la experiencia humana.
Como dijo el Maestro Jesús: “Por los frutos conoceréis el árbol”.
Cada fruto que se manifiesta es un reflejo de nuestra comunión con la Fuente. Caminar este sendero es vivir con el alma despierta y permitir que la luz guíe cada paso.
Brinda Mair
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