El vigésimo tercer Salmo es bien querido alrededor del mundo. A través de éste famoso nos proporciona intimidad y confianza con el Santísimo. Sentimos una quietud, serenidad, renovación, valor y fuerza. Es un bello ejemplo de una confesión de fe, ¡aún en el valle de la muerte! ¡Son maravillosas palabras para vivir!
Salmo 23
El Señor es mi pastor,
nada me falta;
en verdes pastos él me hace reposar
y a donde brota agua fresca me conduce.
Fortalece mi alma,
por el camino del bueno me dirige
por amor de su Nombre.
Aunque pase por oscuras quebradas,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo,
tu bastón y tu vara me protegen.
Me sirves la mesa
frente a mis adversarios,
con aceite perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.
Me acompaña tu bondad y tu favor
mientras dura mi vida;
mi mansión será
la casa del Señor
por largo, largo tiempo.